"No vamos a permitir desestabilización. ¡Que no vengan a decir que
el gobierno de Chávez no acepta la protesta! No. Protesten. Pero esta
Constitución ellos no la respetan un carajo. Votaron contra ella en
1999. ¿Cómo es que ahora esta Constitución es buena y dicen que no es
necesario aprobar la reforma?", dijo anteayer el ministro del Poder
Popular para las Relaciones Interiores y Justicia, Pedro Carreño, según
la oficialista Radio Nacional de Venezuela (RNV).
Frente a una marea roja, integrada por trabajadores del ministerio,
consejos comunales y comunidades organizadas, Carreño lideró el acto de
juramentación de los Comités de Defensa del proyecto de Reforma
Constitucional (RC) celebrado en la plaza La Candelaria, en la ciudad
de Caracas. "Tenemos una Constitución y existen enemigos históricos de
los procesos liberadores de los pueblos", denunció Carreño a la
oposición que, según él, busca generar caos para evitar el referéndum
mediante protestas sobre servicios públicos o la inseguridad, informó
RNV.
Las palabras del ministro hacían referencia a los grupos opositores,
como el Comando Nacional de la Resistencia (CNR), asociado a la derecha
que gobernó Venezuela durante la llamada Cuarta República, y la Alianza
Bravo Pueblo (ABP), que anteayer marcharon con una baja convocatoria
hacia la sede de la cartera de Carreño para rechazar la reforma y la
inseguridad, informó el diario opositor El Universal. Sin embargo, una
orden municipal y un cordón de efectivos de la Policía Metropolitana
les impidieron llegar al ministerio.
La oposición ya no es la misma desde que perdió la capacidad de
movilización que tenía en 2002 y 2003, en gran parte por el fuerte
apoyo que tiene el presidente venezolano Hugo Chávez. Por eso ahora los
opositores realizan foros y mantienen un perfil bajo en los espacios
públicos. "No está planteada una movilización", aseguró a Página/12 una
fuente de Fedecámaras, la asociación empresarial más importante de
Venezuela que apoyó la asonada militar que derrocó a Chávez el 11 de
abril del 2002.
Según una encuesta publicada ayer por el Instituto Venezolano de
Análisis de Datos (IVAD), un 40,6 por ciento de 1200 consultados dijo
que votará a favor de modificar la actual Constitución, frente a un
22,5 por ciento que la rechazará en las urnas. De los 33 cambios
propuestos por Chávez a la Carta Magna de 350 artículos que él mismo
impulsó y logró aprobar tras llegar al poder en 1999, el derecho a la
Seguridad Social para trabajadores como taxistas, servicio doméstico y
vendedores informales es respaldado por un 90,8 por ciento de la
población, seguido de la reducción de la jornada laboral a seis horas
desde las ocho actuales, apoyada por un 70,6 por ciento.
Entre los principales actores sociales que apoyan parte de las
reformas destaca la UNT, la central sindical que hoy con más de
1.200.000 afiliados defendió al líder bolivariano cuando sufrió el
efímero golpe del 2002 y luego el paro petrolero patronal organizado
por Fedecámaras y la otra central gremial, la CTV, que concluyó en
febrero del 2003. "La reforma que el presidente hace demuestra que
estamos en un proceso de cambios, una situación revolucionaria cada vez
más profunda, en la que él recoge a su manera lo que el pueblo y los
trabajadores vienen desarrollando a través de luchas y movilizaciones
para terminar con la explotación y el imperialismo", dijo a Página/12
Orlando Chirino, coordinador nacional de la UNT y dirigente de la
principal corriente sindical, Ccura, de izquierda.
Sin embargo, Chirino se manifestó en contra del método para reformar
la Constitución reivindicando la necesidad de que todo el pueblo
discutiera el contenido en su totalidad –no sólo 33 artículos– a través
de mecanismos más democráticos que el llamado "parlamentarismo de
calle". "Si vamos al socialismo, deberíamos ir a una asamblea popular
libre y soberana con delegados de trabajadores, campesinos,
comunidades, estudiantes, integrantes de las fuerzas armadas, que sea
superadora de la asamblea constituyente que se fundamenta en una
persona un voto", propuso el sindicalista de 58 años y con más de
cuatro décadas de experiencia gremial, requerido desde distintas
regiones del país para actividades y conflictos.
El contenido del proyecto gubernamental, señaló el líder sindical,
también presenta límites. "No se inscribe en una perspectiva
socialista. No se cuestiona para nada la propiedad capitalista. El
fruto del trabajo y los excedentes que producimos los trabajadores y
trabajadoras seguirá siendo apropiado por una minoría de empresarios o
en el mejor de los casos por un Estado desde el punto de vista
capitalista", indicó en referencia al artículo 115 que crea cuatro
nuevas formas de propiedad, entre ellas la mixta, dejando intacta la
privada. Otro problema, dijo Chirino, es que la nueva normativa
permitiría de ahora en más que las multinacionales tengan potestad
sobre el suelo, el subsuelo, áreas marítimas y todos los recursos
naturales mediante las empresas mixtas.
Detrás de la reforma, el coordinador de la UNT percibe el apoyo de
sectores empresariales a algunos artículos. Según Chirino, el
presidente de Fedecámaras, José Manuel González, agradeció en su
momento al vicepresidente de la República, Jorge Rodríguez, por
comprometerse a respetar la propiedad privada sobre los medios de
producción. Asimismo, José Agustín Campos, presidente de la
Confederación de Agricultores y Ganaderos de Venezuela (Confagan), se
pronunció en agosto en una rueda de prensa a favor de la reforma
presentada ese mes por el mandatario venezolano, informó el canal
oficialista Vive TV, de Venezuela. Elementos importantes a respaldar,
señaló Campos, son los concernientes al reordenamiento territorial, al
establecimiento de seguridad social para los trabajadores
independientes y a la reducción de la jornada laboral a seis horas.
Entre sus preocupaciones, la UNT teme que la creación del fondo de
estabilidad social y la disminución del horario laboral –dos medidas
que la central apoya– tengan efectos contraproducentes. "Así se puede
estar legitimando la exclusión de millones de compatriotas que no gozan
de empleo digno y que ahora van a tener el beneficio de un subsidio,
cuando lo que se trata es de que el Estado y la Constitución garanticen
pleno empleo en condiciones dignas", alertó Chirino al explicar que el
seguro social no implicará una previsión social completa. "No se aclara
que la reducción de la jornada no implica reducción salarial ni aumento
de la explotación. Espero que no signifique concesiones a los
empresarios en materia de impuestos y responsabilidad social como ha
sucedido lastimosamente en Francia", advirtió.