“Respeta para que te respeten” es un dicho muy venezolano. Los españoles no lo conocen, creen que América está dividida, todavía, en Virreinatos y Capitanías Generales. El inefable de turno del Partido Popular, Mariano Rajoy, pide en televisión romper relaciones con Venezuela, olvidándose de los más de 180.000 ciudadanos españoles, gallegos, vascos (incluídos los que el propio Estado español envío en tandas), catalanes y canarios que viven en el país; a esos también que les den. Ni a Franco se le pasó por la cabeza romper relaciones con Cuba.
Pero a Mariano Rajoy no le interesa acordarse de respetos ajenos, es más, podría tener él mismo una orden de busca y captura en Venezuela, él, sus compañeros de partido y el embajador Manuel Viturro de la Torre, por pertenecer a un grupo armado llamado Gobierno de España que respaldó económica y moralmente un golpe de Estado contra el gobierno legítimo y democrático de Venezuela; contra su Constitución democrática y contra sus poderes públicos.
La colaboración necesaria de elementos como José María Aznar, Mariano Rajoy y Ana Palacio fueron determinantes para que el embajador español en Venezuela en 2002, Manuel Viturro de la Torre, se negase a dar asilo diplomático a muchos profesores venezolanos de la Universidad Central de Venezuela que temían por sus vidas ante las hordas facciosas (ahora les llaman liberales de centro) que rodearon la embajada cubana o sacaron de sus casas, ante sus hijos, a ministros de Chávez mientras una burguesía iracunda les pegaba y gritaba.
Mientras la embajada francesa en Caracas daba asilo a muchos venezolanos perseguidos, el concubinato formado por Estados Unidos y el Estado español, es decir por Bush y Aznar, tomaba forma de matrimonio con los embajadores de Estados Unidos, Shapiro y del Reino de España, Viturro de la Torre que visitaban dos días después del golpe al dictador Carmona Estanga en el Palacio de Miraflores.
Que a estas alturas un Estado como el español le venga a pedir respeto a un gobierno extranjero, que intentó derrocar y derrocó por tres días siguiendo las órdenes del amo del Norte, no es más que un mal chiste.
Los jueces en el Estado español no dejan de ser apéndices y tentáculos del poder político, porque en el Estado español no existe la separación de poderes. El Ejecutivo es nombrado por el Legislativo, y el Judicial… también. Que le pregunten en España a los ciudadanos de la calle qué opinan sobre su Justicia, sus jueces y toda la parafernalia de juzgados pre democráticos franquistas, como el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, rebautizado como Tribunal de Orden Público y rebautizado después como Audiencia Nacional, que es el que le pide cuentas al presidente democrático de otro país, Venezuela, sin dar ninguna explicación más que un computador amañado y olvidándose que ya no hay colonias.
Respeta para que te respeten, sabio es el Pueblo.
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