A los méxicanos les dio por escribir sobre Bolívar y Chávez, es decir, sobre Venezuela. De las novelas han pasado al “análisis” de la “realidad” venezolana desde las páginas, ¡SORPRESA! de El País de Madrid. Primero fue el “historiador” Enrique Krauze, que sin haber escrito nunca nada sobre Venezuela, se sacó de un viaje de cinco días un bodrio de libro a la altura de Babelia o de los editoriales de El País contra Chávez. Jorge Volpi es otro producto seudoliterario de la máquina de producir escritores de Alfaguara, del Grupo PRISA, y de sus portavoces El País y su encarte literario de autobombo Babelia. De más está decir que el rigor y conocimiento que puede tener un mexicano como Jorge Volpi, sobre la realidad venezolana, la de ayer y la de hoy, es casi idéntico al del público español (El País lo autodefine como global) al que están destinadas esas páginas enteras de “opinión” sobre cualquier tema, principalmente Chávez, Cuba y Evo Morales en El País.
Si como decía
McLuhan el medio es el mensaje, nunca mejor dicho en el caso de El
País. La página entera de Jorge Volpi http://www.elpais.com/articulo/opinion/pesadilla/Bolivar/elpepiopi/20090701elpepiopi_10/Tes con el titulo La pesadilla de
Bolívar. En vísperas del bicentenario de las independencias, poco
queda de esa América unida hasta la Tierra del Fuego con la que soñaba
el Libertador. Ni siquiera existe como espacio unitario, nos indica
que es un artículo contra Chávez, más adelante sus palabras nos darán
la razón.
Una serie de
lugares comunes inundan el artículo. Empezando por el título y el
subtitulo. No sabemos bien cuál es la pesadilla de Bolívar: ¿la unión
o desunión de América? Asegurar que queda poco de esa América unida
es tanto como decir nada. Muerto Bolívar, muerto su sueño, porque
América nunca fue un territorio unitario, ni antes de la conquista-genocidio,
ni después cuando los blancos oligarcas criollos les quitaron el poder
político a los blancos peninsulares; el poder económico se lo habían
quitado mucho antes.
Bolívar pertenecía
a esa oligarquía blanca y adinerada, mucho mejor educada y con más
cultura que la peninsular española, pacata e ignorante. La pertenencia
de Bolívar a esa clase, y de la mayor parte de los próceres de la
independencia, no resta valor, sino que se lo añade, a todos estos
hombres que, como Bolívar, empeñaron su fortuna en la independencia
de América.
El ideario
bolivariano
El ideario
bolivariano no existe, es un cajón de sastre. Además de aforismos
y sentencias morales, nada dejó escrito Bolívar sobre Hacienda pública,
cultura, administración de justicia, estado, política… De ahí que
la respuesta de Fidel Castro a Chávez, cuando le pidió que le explicase
qué era la revolución bolivariana, fuese: “aquí (Cuba)
a eso le llamamos socialismo. Pero si ustedes le llamasen cristianismo,
también me serviría”.
La independencia
de América no fue un acto local como asegura Volpi, sino más bien
todo lo contrario, la independencia de las república de América fue
el primer acto global de la historia de la humanidad. Francisco de Miranda,
el prócer venezolano, fue general del ejército revolucionario francés,
combatió por toda Europa y asesoró a la incipiente república de Estados
Unidos. Bolívar se formó intelectualmente en Europa y su maestro,
Simón Rodríguez, estaba en Italia cuando hizo el juramento1
de libertar a América del yugo monarquico-español. A todo esto añadir
que eran oficiales y soldados prusianos, irlandeses e ingleses los que
pelearon con Bolívar en América, sin olvidar, que fue la primera vez
en la historia de la humanidad que la palabra independencia contenía
un concepto real y formal. ¿Puede a eso llamarse un enfrentamiento
local?
Jorge Volpi
resbala en lugares comunes. Decir que en el siglo XXI “un territorio
imaginado llamado América dejó de existir y que las relaciones culturales
entre sus países se han reducido al mínimo pues los consorcios (sic)
editoriales apenas se preocupan por circular los libros y no hay una
sola revista intelectual que circule intelectualmente es patético y
falso. Sin ir más lejos, esta crítica sobre el artículo de Volpi
la van a leer en Lima, México, La Quiaca, Madrid, Caracas, Barquisimeto,
Quito y Punta Arenas. ¿Volpi no conoce internet?
Asegurar que
México no pertenece a Latinoamérica, sino al área de influencia de
Estados Unidos y Canadá, es escribir, y vivir, para el público de
Babelia y no el de Michoacán o Monterrey. No debemos nunca confundir
el ser con el estar, principal razón por la que nunca seremos,
ni nosotros ni los mexicanos, gringos.
Volpi asegura
que Chávez se presenta como la reencarnación de Bolívar, nada más
alejado de la realidad y de la verdad. Ni lo es, ni nunca lo pretendió.
Bolívar, Cristo, Marx son recursos del discurso chavista, un medio,
pero no un fin. El escritor mexicano asegura que en Venezuela se ha
creado un extraño régimen (otro lugar común) en el que Chávez reinterpreta
a Bolívar, como si la vida no fuese una reinterpretación, para divorciar
el verdadero Bolívar (el de Volpi por supuesto) del falso Bolívar
(el de Chávez). ¿Por qué el verdadero Bolívar es el de Volpi y el
falso el de Chávez?
Jorge Volpi
termina soñando, Mi delirio sobre el Chimborazo fue el sueño
de Bolívar, con la celebración del tricentenario, en el que América
“desprovista del oprobio de las fronteras nacionales” tenga una
auténtica unión. Es decir, que todos los Estados de Latinoamérica
decidan disolverse y volver a la Madre Patria de la que nunca debieron
separarse y en la que no había fronteras. El rey ya no tendría que
mandar callar a Chávez, Volpi sería un escritor de provincias y
El País sería aún más “Global” de lo que dice ser. Fin de
mundo.