Pensar en los egresos, no en los ingresos.
Del Sur al Norte. Por cada dólar de ayuda que va a los países en desarrollo,
diez dólares salen como fuga de capital. Sin embargo, este es un tema
que suele soslayarse en las discusiones sobre el desarrollo. Mejor que
guardar el dólar que entra, es mucho más importante buscar el modo
de detener los nueve dólares que salen.
Si la meta es el desarrollo —mejor definido como la transformación
soberana de la democracia social— entonces no debemos hablar de hacer
más efectivas las actuales modalidades de "ayuda", sino de
sustituir la ayuda misma y también el sistema en el que tiene lugar.
Se comienza por cuestionar la naturaleza de la arquitectura financiera
internacional en un sentido amplio, qué es lo que significa, y quién
se beneficia más de ella. La "ayuda para el desarrollo" que
practica el Norte forma parte de un sistema que genera creciente desigualdad
y dependencia, entre los países y dentro de ellos. En tal contexto,
es cuestión de hacer que la ayuda sea menos efectiva, y no más efectiva,
es cuestión de terminar del todo con la ayuda, porque en su conjunto
hace más mal que bien.
Pensar en los egresos, no en los ingresos. Del Sur al Norte. Por cada
dólar de ayuda que va a los países en desarrollo, diez dólares salen
como fuga de capital. Sin embargo, este es un tema que suele soslayarse
en las discusiones sobre el desarrollo. Mejor que guardar el dólar
que entra, es mucho más importante buscar el modo de detener los nueve
dólares que salen. Se ha calculado que los países en desarrollo pierden
más de $500 mil millones cada año, en fugas ilícitas que no se reportan
a las autoridades y por los cuales no se paga impuesto. En América
Latina los montos extraídos durante los últimos 30 años pueden haber
llegado a 950 mil millones de dólares, según cifras suministradas
por James Petras.
Ninguna cantidad de ayuda, de inversión extranjera directa o de remesas
va a cambiar la ecuación estructural a la larga. Si se va a hablar
de nuevos ingresos, entonces se debe concebir la forma de pagar la verdadera
deuda histórica que el Norte le adeuda al Sur —no "ayuda",
ni caridad, ni filantropía privada, sino indemnizaciones, restituciones,
compensaciones, pago de la deuda ecológica a los pueblos y al medioambiente
del Sur. Es necesario librarse del discurso y de la visión estrechamente
vinculada a la perseverancia de las estructuras de poder contemporáneas,
incluso del discurso y la visión que enarbolan y practican las agencias
gubernamentales de "ayuda". Claro que es necesario que los
países en desarrollo retengan una mayor cantidad de sus recursos nacionales,
pero también tenemos que reconocer que eso no es meramente una cuestión
de la voluntad —a menudo inexistente— de las elites financieras
nacionales, sino de impedimentos internacionalmente generados que se
plasman en los llamados tratados de libre comercio, en los regímenes
de protección de la inversión, en las condiciones impuestas por el
FMI y similares, que exigen liberalizar cada vez más el flujo de bienes
y de capitales. La ayuda y los préstamos son minúsculos si se comparan
con las ganancias que se hacen a expensas nuestras a través del comercio
injusto, de la explotación de nuestro trabajo, de la apropiación de
nuestros recursos, de los intereses sobre los préstamos que nos conceden,
de la dominación sobre nuestros mercados, y de los privilegios e incentivos
otorgados a las corporaciones multinacionales. Súmese a todo ello el
costo de indemnizaciones y restituciones.
¿Cómo se construye un orden alternativo nacional e internacional de
justicia y desarrollo?
Primero se tiene que concebir ese orden. Si se piensa que no puede haber
alternativa, entonces no la habrá. Es difícil, porque implica un cambio
de paradigma.
Segundo: hay que reconceptualizar y cambiar el papel del mercado. En
la organización de la economía política los mercados tienen que ocupar
un espacio subordinado. Los mercados y el gran capital no pueden dictar
los compromisos. Los mercados tienen que estar insertados en la sociedad,
y por tanto, en relaciones de solidaridad, no de competencia. Un enfoque
político de la economía. Así lo declaró Alberto Acosta, presidente
de la Asamblea Constituyente de Ecuador: Queremos un país en donde
funcionen los mercados, entendidos como espacios de construcción social
organizada en función de las necesidades del ser humano de hoy y de
mañana. Queremos desbloquear el falso dilema entre mercado y Estado.
No queremos un mercado descarnado que genera procesos de acumulación
de riqueza en pocas manos, pero tampoco queremos un Estado ineficiente,
que otorga prebendas y que transfiere recursos de todos y todas a los
grupos de poder.
Hay que tener claros los indicadores. Si no hay mejoría en las condiciones
de vida y en la dignidad de la población a 50 millas de Maputo, de
Managua o de Manila, entonces no hay alternativa. Podemos informar ya
que, gracias a los nuevos esquemas de ayuda al desarrollo conducidos
por Venezuela, miles de personas se están beneficiando en los alrededores
de Managua, mediante clínicas y cirugías oftalmológicas.
Que la alternativa se construye con cambios, en la interacción de las
ideas y la política. Las ideas desafían el paradigma dominante e introducen
la alternativa, pero la meta es que el paradigma alternativo se vuelva
hegemónico.
Una Nueva Alba para las Américas
La combinación de ideas y cambios políticos la estamos viendo hoy
en el esquema de colaboración internacional conducido por Venezuela
y conocido como ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas).
En el 2004, el gobierno de Venezuela tomó la decisión política de
usar sus enormes reservas petroleras y sus ganancias para ayudar a otros
países del mundo, con el objetivo abiertamente declarado de que esos
países pudieran disminuir su dependencia del comercio dominante y del
orden financiero internacional. Según estadísticas de fuentes opositoras
de Chávez —que sienten que Chávez está regalando la riqueza nacional—
18 acuerdos de cooperación firmados por Venezuela sólo en el año
pasado suman un total de unos 4.747 mil millones, en petróleo y refinerías
principalmente, pero también en infraestructura, salud, agricultura,
viviendas, cancelación de deuda, plantas de aluminio y otros rubros.
Y en su mayor parte están en América Latina, aunque también en Irán,
el Reino Unido, China e incluso Burkina Fasso. (1)
La premisa de ALBA es que se necesita una nueva forma de integración
regional y una unidad política verdadera y más amplia para que tenga
lugar un desarrollo con independencia. ALBA nació como una alternativa
al Tratado de Libre Comercio de las Américas creado por el gobierno
estadounidense —integración para fortalecer la soberanía y las relaciones
sociales justas, en vez de liberalización y desnacionalización. Venezuela
y Cuba firmaron la primera serie de acuerdos bilaterales, y en el 2007
Nicaragua y Bolivia se incorporaron al ALBA. "Un nuevo proyecto
político y estratégico para un nuevo mundo", dijo Chávez, lo
que incluye cooperación en los campos de salud, industria, producción
alimentaria y seguridad en materia de energía, con un criterio más
social que mercantil. Su acta fundacional llama al establecimiento de
un Consejo de Ministros, pero también a un Consejo de Movimientos Sociales,
para ayudar a tomar decisiones informadas.
A comienzos del 2008, los jefes de Estado miembros del ALBA —entre
los que ahora se incluye el pequeño Estado insular de Dominica— anunciaron
la creación del Banco ALBA, con un capital de mil millones de dólares.
Allí se declara como meta fomentar entre sus integrantes la producción
industrial y agrícola, apoyar proyectos sociales, y también crear
acuerdos de cooperación entre sus miembros, particularmente en el campo
de la energía. El objetivo es contrarrestar los efectos negativos que
produce entre sus integrantes la globalización neoliberal, así como
las finanzas y el comercio. Ello constituye una pieza más en la construcción
de una alternativa al orden económico internacional, pero a diferencia
de su predecesor —el Banco del Sur, integrado por naciones sudamericanas—,
el Banco ALBA está menos influido por los intereses de los megacapitalistas
brasileños conservadores, que ejercen gran influencia en el Banco del
Sur. Sin embargo, antes de emitir un veredicto final hay que esperar
la publicación de las actas constitutivas y de los procedimientos del
proyecto financiero en curso.
De mayor importancia para las naciones del Caribe y América Central
fue la formación de Petrocaribe, en 2007. Catorce países, principalmente
del Caribe, junto con Nicaragua y Honduras, se han unido al plan por
el cual Venezuela, a través de su compañía petrolera PDVSA, acuerda
garantizar a los países miembros el 100% de sus requerimientos en materia
de energía, especialmente petróleo y sus derivados, a precios de mercado
(Venezuela, como miembro de la OPEC, no puede hacerlo de otro modo),
con el 40-50% pagadero en un plazo de 90 días (los términos varían
ligeramente en los distintos acuerdos bilaterales), y lo restante a
un plazo promedio de 25 años con el 2% de interés y dos a tres años
de gracia. Lo que se recaude de esto —supuestamente acumulado por
las compañías generadoras de energía de los respectivos Estados,
o bien, por una agencia gubernamental designada para ello— formará
parte de un fondo para el desarrollo social y para inversiones en infraestructura.
Como en el caso del Banco ALBA, los procedimientos se están resolviendo
en la práctica mediante negociaciones bilaterales.
¿Qué preocupaciones suscita el ALBA?
ALBA, su banco y Petrocaribe, junto con docenas de acuerdos de cooperación
bilateral en varios campos —que incluyen lo cultural— son una auténtica
novedad, por lo que resulta difícil evaluar en su conjunto el proceso
en curso. Sin embargo, lo mismo que ha ocurrido con el Banco del Sur,
los movimientos sociales de América Latina y las redes regionales están
haciendo un acucioso monitoreo, y se han expresado algunas preocupaciones
—que se pueden y se deben expresar, pero dentro de un marco de apoyo
general a la iniciativa y a su dinámica antiimperialista. Esas preocupaciones
conciernen a:
La predilección por los megaproyectos, particularmente la construcción
de refinerías, oleoductos e infraestructura para el transporte, son
preocupación de grupos ambientalistas.
Escasa atención a la necesidad de impugnar el modelo dominante de energía
centrada en el petróleo, acaso perpetuando la dependencia y el consumo
de petróleo.
El hecho de que PDVSA es la contraparte venezolana y aparentemente está
a cargo de aspectos clave de la cooperación, e incluso de la supervisión
técnica y financiera.
La dificultad que encuentran organizaciones de la sociedad civil para
obtener información sobre acuerdos bilaterales específicos, con la
consiguiente preocupación por la transparencia.
La decisión declarada —al menos por el gobierno de Nicaragua— de
privatizar la cooperación y de manejarla como una deuda comercial privada,
por consiguiente, no estaría sujeta a escrutinio legislativo de su
presupuesto ni a rendición de informes, lo que despierta suspicacias
acerca del uso partidista de fondos por los que no se rinden cuentas.
La falta de aprecio por la autonomía y las dinámicas de trabajo de
los movimientos y de sus redes regionales, los que, por cuestión de
principios, rechazan la noción de ser "convocados" por cualesquier
gobierno, o de permitir que sean los gobiernos los que seleccionen cuáles
movimientos deben formar parte del Consejo.
La falta de credibilidad del gobierno de Ortega en Nicaragua, mismo
que sigue aplicando políticas neoliberales y confesionales, y al que
se oponen los movimientos sociales de Nicaragua y de América Latina,
particularmente sus contingentes de mujeres.
¿Qué significa todo esto en términos del Debate 2008 sobre la eficacia
de la ayuda (Conferencia de Accra) patrocinada por la OECD y por la
Oficina de Financiación para el Desarrollo de la ONU (Doha)?
Desde el punto de vista de los movimientos sociales —el Jubileo del
Sur incluido— el debate sobre la eficacia de la ayuda es inviable.
Una contradicción de términos, a menos que la eficacia funcione para
beneficio del capital financiero y sea un instrumento de dominación,
un lubricante para la penetración del capital corporativo. Tampoco
se puede hablar de eficacia en el contexto de una ayuda que se vuelve,
cada vez más, un franco instrumento para las metas de las políticas
externas y de seguridad, incluida la llamada Guerra contra el Terror,
o que simplemente va atada a la aceptación de la liberalización comercial
y financiera (los actuales esquemas de asociación participativa de
la UE). Entrar al debate sobre la ayuda en preparación para la Conferencia
de Accra es útil para explicar de qué manera la ayuda forma parte
de las injustas relaciones económicas de poder, y se debe hacer hincapié
en detener los egresos de capital y de riqueza desde los países del
Sur.
La financiación para el desarrollo es una propuesta más sencilla.
El objetivo debiera ser identificar mejor y desafiar los impedimentos
internacionales (incluida la llamada ayuda) que obstaculizan la acumulación
nacional y su movilización nacional, incluida la conducta de los capitalistas
nacionales en el envío de la riqueza nacional al exterior, incluidos
sus ciudadanos expulsados por el empobrecimiento que va vinculado al
enriquecimiento de las elites globales. La financiación para el desarrollo
debiera hacerse en forma de indemnizaciones y restitución debidas,
del Norte hacia el Sur —la única deuda verdadera y legítima— a
cuenta de siglos de saqueo y explotación, e incluso de los daños al
medioambiente. Bajo ninguna circunstancia debemos caer en la ilusión
de que la "ayuda" y los "préstamos" de los "donantes"
—es necesario rechazar ese discurso— llevan el propósito de "ayudar"
a los pueblos del Sur. Lo que hay que creer es que se trata de una "trágica
ignorancia o de arrogancia imperdonable", afirma Lidy Nacpil, coordinadora
internacional del Jubileo del Sur.
¿Por dónde avanzar?
El cambio del poder está en curso, pero de ninguna manera se ha completado.
El primer punto a destacar es que el avance hacia el desarrollo no se
puede separar de la construcción de una democracia emancipatoria, puesto
que forma parte de ella.
El segundo es crear consciencia crítica, en el Norte y en el Sur, acerca
de la centenaria exacción de riquezas del Sur hacia el Norte, de los
pobres a los ricos, dentro de los países y entre ellos —y no como
una cuestión técnica o de normas, sino como un asunto moral y político:
abordar la pobreza no como una mera realidad contemporánea, sino como
un proceso histórico de enriquecimiento.
Tercero, reafirmar la importancia de la solidaridad y la movilización
internacional de esa consciencia. Llevar este tema candente al espacio
público de las calles. Sin resistencia no puede haber alternativas
—la resistencia son las alternativas en ciernes. Apoyar el derecho
de un pueblo y una región a ejercer su derecho a la autodeterminación
económica —que forma parte de la verdadera democracia— de cara
a lo que será la hostilidad sin tregua del gobierno de Estados Unidos
y de sus aliados. Cuba sigue construyendo su alternativa, Venezuela
la suya, y Bolivia también —y esos países son el blanco de las campañas
de desestabilización dirigidas por el gobierno de Estados Unidos.
Cuarto, comprometerse críticamente. Si bien apoyamos un mayor énfasis
en el Estado —tal como lo destacan ALBA y el Banco del Sur— no deseamos
sustituir la supremacía de un grupo de capitalistas del Norte por la
de un grupo de capitalistas del Sur. Los bancos son problemáticos,
como bien han hecho públicas sus preocupaciones REDES y el Jubileo
de América del Sur. Esperamos que al menos algunas de esas preocupaciones
se aborden en la configuración del nuevo Banco ALBA. Pero siempre hay
que tener presente lo que dijera Bertold Brecht: fundar un banco es
mayor delito que robar un banco.
Quinto, no perder de vista la meta del cambio del poder —y ello es
tanto un producto a obtener en el futuro como un proceso que requiere
práctica en el futuro. No se trata simplemente de alejarse de Bretton
Woods y de la dominación del capital corporativo para acercarse al
capital regido por el Estado, cosa que debe ir a la par de un cambio
democrático más amplio: para transformar la realidad internacional
tenemos que transformar nuestras realidades nacionales. Damos la bienvenida
al decisivo liderazgo de Venezuela que está rompiendo las reglas del
juego —no tiene precedentes esta histórica movilización de los recursos
de un país en beneficio de otros países, este paso de la soberanía
de la deuda a la deuda solidaria. Pero esto no es un fin, sino un principio,
les guste o no les guste a los gobiernos. La ayuda, los bancos y la
deuda son instrumentos de control político y social.
El cambio de poderes visto como un distanciamiento de las mentalidades
y paradigmas capitalistas, donde
Las personas se consideran no como consumidores, sino como ciudadanos.
Los países no se consideran como mercados, sino como naciones.
El capital y los gobiernos sirven al pueblo, y no al revés.
La forja de un nuevo modelo de desarrollo y la creación de una arquitectura
de la solidaridad son fundamentalmente tareas políticas y sociales.
Son una expresión de una lucha más amplia en pro de los derechos humanos
y la soberanía, y esa lucha tiene que ser dirigida cada vez más por
las mujeres y los jóvenes, y cada vez menos por los hombres blancos;
por los movimientos sociales, por la sociedad incivil, en nuestro continente
por los movimientos indígenas, ambientalistas y contra el pago de la
deuda, que demandan no eficacia de la ayuda, sino justicia histórica,
en forma de pago de la deuda social y ecológica que se ha acumulado
a lo largo de cinco siglos.
El apoyo a la vía del desarrollo alternativo significa apoyar el derecho
y la capacidad de los pobres a crear sus propios movimientos independientes
y a ejercer constante presión política desde abajo. Avanzar hacia
coaliciones de "reforma no reformista" que pueden presionar
al poder estatal para que se implementen verdaderas políticas de desarrollo
basadas en la justicia. Apoyar y participar en los movimientos que luchen
en pro de economías solidarias, en pro de gobiernos nacionales democráticos
y en pro de cambios en las políticas, en las estructuras y en los sistemas
financieros y económicos, de modo que permitan la creación de alternativas.
Es necesario llevar al escenario más movimientos, puesto que esta lucha
ciertamente no es técnica, sino política, en consecuencia, se tienen
que forjar alianzas. En esta conferencia pudimos habernos beneficiado
de la presencia de dirigentes de las comunidades aborígenes de Canadá,
quienes sin duda tienen cosas claves que decir en materia de ayuda para
el desarrollo. Con los ambientalistas de ustedes y su lucha contra la
explotación de las arenas bituminosas, que está empobreciendo al mundo.
Con quienes abogan por la paz y la justicia e impugnan la noción de
que las tropas canadienses están llevando paz y desarrollo a Afganistán.
Sin la participación de los movimientos y sin su perspectiva sobre
las alternativas, Accra y Doha serán simplemente otras dos aburridas
reuniones de predominancia masculina.
En 1933, John Manyard Keynes escribió: [El capitalismo] no es un éxito.
No es inteligente, no es bello, no es justo, no es virtuoso, y no reparte
bienes. En resumen, nos disgusta, y estamos comenzando a desdeñarlo.
Pero cuando nos preguntamos qué cosa poner en su lugar nos sentimos
sumamente perplejos.
Pues bien, en buena parte de América Latina la gente ya no está perpleja,
y está comenzando a poner algo en lugar del capitalismo, como hicieron
los cubanos hace unos 50 años. El socialismo —o mejor dicho, los
socialismos— del siglo 21 están de regreso; no siguen un modelo ni
pretenden inventar ninguno, sino que son un conjunto de principios para
guiar la interacción humana en toda su diversidad y en su relación
con la naturaleza.
Se están haciendo progresos, y aunque no sabemos dónde estaremos al
final del día, en América Latina estamos convencidos de que hay una
nueva alba política de certidumbre y determinación que debe apoyarse
y ampliarse.
www.ecoportal.net
* Alejandro Bendaña es director del Centro de Estudios Internacionales,
Nicaragua. Esta fue una presentación que realizó en la Conferencia
sobre "El rostro cambiante de las finanzas para el desarrollo global:
Impactos e implicaciones para la ayuda, el desarrollo, el Sur y las
instituciones de Bretton Woods", Iniciativa Halifax, Ottawa, Canadá,
1-2 de febrero de 2008. Publicado en Enfoque Sobre Comercio , publicado
por Focus on the Global South, que proporciona noticias y análisis
sobre las tendencias regionales y mundiales de la economía y el comercio,
la economía política de la globalización y las luchas populares de
resistencia y alternativas al capitalismo mundial. Focus on the Global
South es un programa autónomo de investigación y acción sobre políticas,
asociado al Instituto de Investigación Social (CUSRI) de la Universidad
de Chulalongkorn, con sede en Bangkok, Tailandia.- Traducción: Alicia
Porrini y Alberto Villarreal para REDES-Amigos de la Tierra Uruguay
(
www.redes.org.uy)
(1) "Ayuda de Hugo Chávez en crisis", La Prensa, (Managua),
15 de enero de 2008. Cifras del Centro de Investigaciones Económicas
de Venezuela (CIECA), opositor del gobierno.