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Nuestro país Venezuela y por lo tanto los venezolanos, fuimos bendecidos por la providencia con múltiples riquezas y bellezas naturales, así como un carácter afable, confiado y solidario, que nos permite asumir las vicisitudes con un humor envidiable. Con ese mismo carácter acogemos en nuestro hogar a todo el que necesita nuestro apoyo, provenga de donde provenga y sin preguntarle ni condicionarle el afecto.
Sin embargo, por ley de compensación y equilibrio universal, igualmente tenemos una maldición geográfica perpetua. Tenemos una vecindad indeseable, un vecino truhán, bellaco, con un descaro realmente inusitado, que hace imposible la convivencia con un mínimo de armonía.
Ayer 2 de julio de 2008 se puso en escena un nuevo capítulo de miseria de este sainete de siglos con nuestros hermanos colombianos.
Sin eufemismos debemos inteligentemente entender de una vez, a quien tenemos de vecinos. Dejemos de indicar que es el Gobierno de Colombia y no su gentilicio. Ese Gobierno fue puesto allí por el voto del pueblo colombiano y está conformado por colombianos, con sangre colombiana y formación colombiana. Mientras sigamos distinguiendo entre una cosa y otra, jamás lograremos entender el fenómeno en su esencia. A lo largo de nuestra historia republicana, hemos perdido una importantísima porción de territorio en manos de Colombia. Lean bien, de Colombia y no del Gobierno de Uribe. Existen miles de demostraciones de traiciones y deslealtades de parte de estos señores, nuestros “hermanos”.
Ayer demostraron una vez más lo que son. Malagradecidos, mezquinos, miserables.
La pequeñez de las declaraciones de la ciudadana Ingrid Betancourt “rescatada” por el glorioso ejército colombiano, “sin disparar ni un disparo” como redundantemente repetía su comandante públicamente, no indican más, que lo deshumanizados que son todos estos pobres personajes de la política colombiana.
No hablemos del Gobierno del ciudadano Uribe, hundido hasta el copete en las aguas turbias y putrefactas de la corrupción, el narcotráfico y el paramilitarismo, que a pesar de su vileza y astucia, lo hacen vulnerable y obligan a moverse bajo los hilos gringos quienes lo dominan por contar con todo su expediente delictivo.
A pesar de que durante casi 7 años estuvo cautiva en las montañas colombianas, la ciudadana Ingrid Betancourt, quien públicamente dijo que no recordaba la electricidad, pero estaba muy bien informada, o más bien, estaba manipuladamente informada de la realidad actual mundial.
Sin embargo, parece que no le contaron, ni siquiera como chisme, que su madre y su hermana Astrid prácticamente vivían aquí en nuestro país como huéspedes de Venezuela, rogando, casi suplicando la intermediación del Presidente Chávez para su liberación señora Betancourt. Es bueno que lo sepa.
El presidente Chávez desinteresadamente, con absoluta entrega, hizo hasta lo imposible a pesar de Uribe, ese a quien usted alabó diciendo que agradecía su reelección y que nadie hubiese podido hacer un mejor gobierno, para que usted fuera liberada, sin show mediático sino con mucha intención humana. Pregúntele a su madre, pregúntele a su hermana y deje de lado la sórdida manipulación política que genéticamente lleva en su ser. Usted pasó por una experiencia vital que lejos de despertar su sensibilidad humana, parece haberle reestructurado su condición aristocrática, al ponerse de espalda a la verdad y con absoluta bajeza solo hizo referencia al Presidente Chávez respondiendo una pregunta periodística y con un condicionamiento, que anuló cualquier rasgo de sinceridad en su hipócrita agradecimiento.
Créame señora Betancourt, usted en medio del circo que montaron en su país, usted con su histriónica actitud quedó muy mal ante el mundo, hasta saludó a su Francia porque se lo recordó otro periodista, demostró lo desagradecidos que son por allá por su zona. Usted y sus compañeros políticos colombianos, no quieren abrir los ojos y darse cuenta de que el mundo ha cambiado. Que el ser humano está de regreso y que toda esta convulsión mundial se debe, precisamente a que los miserables del mundo, los olvidados por seres como usted, retomaron la esperanza a la vida, les comenzó a brillar nuevamente la luz en los ojos. Y a pesar de usted, y de ustedes esto no lo detiene nadie.
Nosotros desde aquí nos alegramos de su libertad, de la suya y de los demás que fueron liberados. Porque somos humanos y porque nos afecta directamente lo que le ocurra a cualquier ser humano. Seguimos pendientes de los que quedan aun. Y de los que tiene secuestrados, su ahora Presidente Uribe en sus cárceles, y de quienes nadie habla, porque ellos no saben hablar francés.
Hasta hace un año nadie se acordaba ni de usted ni de ninguno de los secuestrados, solo estaban presentes para sus familiares. Y en eso apareció la Senadora Piedad Córdoba, su compatriota, pero solo de tierra no de corazón el de ella es humano y siente, y le pidió al Presidente Chávez (ese a quien usted le pidió respetar la democracia colombiana) su participación para llegar a un acuerdo humanitario. En ese momento volvió el mundo a saber de ustedes. Pero era un gesto demasiado populachero que usted en francés les diera las gracias. ¿Cómo esperar eso de la arrogancia cachaca?
No importa señora Betancourt, créanos no nos hace falta su agradecimiento. Con sus mismas palabras pudiéramos pedirle a su Presidente que respete la democracia venezolana, a donde siguen llegando cientos de sus compatriotas buscando la tranquilidad que su Presidente Uribe no les puede dar. Aquí los seguiremos recibiendo con cariño y afecto solidario. Nosotros sí sabemos agradecer.
Declaro rotas mis relaciones con esos hermanos impuestos por la vida. Ni con el Gobierno ni con la FARC ni con ninguno. Desconozco esa fraternidad por nefasta para mí y los míos.
Ayer escuchaba a Alberto Nolia quien recordaba el refranero popular de “que quien es malagradecido, es mal nacido”
Usted no es una malnacida, solo es una malagradecida.
adolfojgonzalez@hotmail.com
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