Sobre el incidente que ha opuesto al presidente Chávez con el jefe
de la policía chilena y vicepresidente de la Interpol, Arturo Herrera,
el canciller chileno Alejandro Foxley declaró ayer 23 de mayo que el
gobierno venezolano había entregado una nota a la cancillería chilena
en la que se reconoce que, según dicen los boletines de prensa, la
información en la que se había basado Chávez para criticar a Herrera
"no era verídica".
Creo que todos estamos esperando que el
canciller publique o de a conocer esa nota de la cancillería
venezolana, sobre todo porque sus declaraciones confunden todavía más
las cosas. Y el anhelo de mejor no meneallo es, en este caso, demasiado
tarde y contraproducente. De momento, la página web de la cancillería
chilena no ha publicado ninguna nota al respecto.
El canciller
vuelve a pretender que el gobierno venezolano acusó a Herrera sea de
estar implicado en violaciones a los derechos humanos en 1973, sea de
estar implicado en la operación de encubrimiento de fines de 1975 o
principios de 1976 llamada 'Operación Retiro de Televisores'. Esta
operación fue ordenada por el dictador Pinochet y consistió en exhumar
los cuerpos de 26 prisioneros asesinados por el grupo de militares
llamado 'Caravana de la Muerte' a fines de 1973. La operación y el
lanzamiento de los cuerpos al mar fueron realizados bajo el mando del
general Miguel Trincado.
Que yo sepa, el presidente venezolano no acusó a Herrera de estar implicado directamente en esos dos terribles episodios.
Chávez
dijo que Herrera, explica La Nación en su comentario sobre las
'disculpas' venezolanas, "habría ordenado infructuosamente que se
cambiara un informe técnico que señalaba al general Miguel Trincado
Araneda de haber participado en la exhumación ilegal, destrucción y
desaparecimiento de los restos de 26 fusilados en Calama después del
golpe de Estado de 1973, que fueron lanzados al mar desde un avión de
transportes C47 de la fuerza armada chilena" (La Nación).
Lo
mismo explica La Tercera en su edición online del 24 de mayo de 2008:
"En sus acusaciones, Chávez dijo que el jefe policial había presionado
para que se omitiera el nombre del general (R) Miguel Trincado en un
informe a la justicia por el caso 'Operación Retiro de Televisores',
sobre las acciones de la Dina para ocultar restos de ejecutados
políticos" (La Tercera).
El
gobierno chileno y las agencias de prensa tergiversaron las
declaraciones de Chávez, o las interpretaron de manera mañosa, creando
una confusión que logró engañar a muchas personas. Sólo así se explica,
por ejemplo, que Mireya García, presidente de la Asociación de
Familiares de Detenidos Desaparecidos, dijera en una entrevista de La
Nación que creía que Herrera no estaba implicado en la violación de
derechos humanos, y posteriormente, tras darse cuenta del engaño,
pidiera la remoción inmediata del director de la policía chilena (La Nación).
La
confusión persiste. El canciller chileno dice, según interpreta La
Nación, que en "una carta enviada a la Cancillería, ese gobierno asume
que era errado el antecedente con que el mandatario sustentó su
afirmación de que Herrera estuvo implicado en la 'Operación retiro de
Televisores' bajo la dictadura de Augusto Pinochet" (La Nación).
¿Qué
es esto? ¿Sainete de circo o diálogo de burros? Naturalmente puede el
gobierno venezolano decir que Chávez no ha dicho que Herrera esté
implicado en la Operación Retiro de Televisores, porque nunca lo dijo.
Pero eso no desmiente la verdadera acusación del presidente, de que
Herrera intentó proteger, en 2006 y 2007, a ese general pinochetista
ordenando a sus subalternos, que desobedecieron, que borraran del
informe el nombre de Trincado.
En el artículo dije que eso era,
además, inútil, porque la jueza Rosa María Pinto, de la Corte de
Apelaciones de Antofagasta, había llegado en 2006 y 2007 a las mismas
conclusiones que los detectives, de modo que habría sido derechamente
imposible que Trincado no fuera impugnado. Además, también un equipo de
periodistas de La Nación había llegado a las mismas conclusiones, y con
nuevos antecedentes y declaraciones.
He leído atentamente los
boletines de prensa sobre este asunto. Ya he comentado sobre la versión
de La Nación, que se basa fundamentalmente en un cable de la Associated
Press. La Segunda, de Santiago, y El Universal, de Caracas, publican casi la misma información.
Pero
léase con atención. Así explica el cable de la AP el incidente que
motivó la comunicación del gobierno venezolano: "Chile presentó la nota
de protesta el 16 de mayo por las declaraciones de Chávez en que un día
antes vinculó al jefe de la policía de investigaciones chileno, Arturo
Herrera, con violaciones a los derechos humanos, destacó AP" (El Universal).
Más
exuberante fue uno de los columnistas de El Universal, Nelson Bocaranda
Sardi, que afirma muy suelto de lengua Chávez acusó a Arturo Herrera
"de ser un asesino del régimen de Pinochet" (en El Universal).
No
es así, pero sea. Luego, explicando esas presuntas violaciones a los
derechos humanos por parte de Herrera, explica el diario: "Según
Chávez, Herrera habría ordenado modificar un informe policial que
inculpó al general retirado Ricardo Trincado en la exhumación ilegal de
los cadáveres de 26 ejecutados políticos que fueron lanzados al mar
para ocultar los crímenes de la dictadura del general Augusto Pinochet".
Lo
mismo explica La Nación y otros diarios. Sería mejor decir: se desliza
en esos diarios, porque no es una explicación de la supuesta
implicación de Herrera, sino que transcribe la verdadera acusación de
Chávez.
El Universal agrega: "El gobierno de la presidenta
Michelle Bachelet respaldó a Herrera, quien nunca fue acusado o
investigado judicialmente en Chile por ese delito".
Suena esto
último más racional, pero la presidenta chilena está mintiendo. Es
falso que Herrera no haya sido acusado nunca. Fue denunciado por tres o
cuatro detectives de la brigada de derechos humanos; se entabló una
querella por amenazas en su contra en la fiscalía de Santiago
Centro-Norte; la magistrado Rosa María Pinto inició una indagatoria
judicial, en el marco de la cual interrogó a los detectives implicados,
a Herrera, al ex general Trincado e incluso a algunos periodistas de La
Nación. Pero esa investigación no terminó en nada.
El estado
chileno no se hizo parte de la querella ni formó una comisión
parlamentaria ni hizo nada para esclarecer la verdad. Simplemente en
2007 archivó el asunto y apartó de sus funciones al jefe de la brigada
de derechos humanos -el detective Rafael Castillo al que el país debe
el esclarecimiento de incontables casos de violaciones de derechos
humanos- y a sus hombres.
Decir que no se puede acusar a
Herrera porque el caso no condujo a un juicio y no terminó en condena
es adoptar una actitud leguleya para encubrir a los culpables, simple
cobardía o complicidad. Es exactamente el mismo argumento que utilizó
el gobierno para asistir a las exequias del peor criminal que ha habido
en la historia de Chile. Pues según ese argumento, como los cientos de
juicios a que fue sometida la Alimaña no terminaron en condena
judicial, nada se le podía reprochar y se le debía suponer de
antecedentes impecables. Vaya lógica sanchopanciana.
Chávez,
según sus propias palabras, se basó en informaciones que encontró en
sitios en internet. En ninguno de esos sitios y blogs se acusa a
Herrera de haber participado él mismo en casos de violaciones a los
derechos humanos -ni en 1973, ni 1975 o 1976, ni nunca. En esos sitios,
que supongo que serán los mismos a los que tiene acceso todo el mundo,
se cuenta la historia del intento de protección del general Trincado en
2006 y 2007. Se lo acusa sólo de intentar proteger al ex general.
Claro
que ahora hay que reconocer que la interpretación torcida del gobierno
chileno permitirá superar el impasse con el gobierno venezolano. Para
esto sólo basta que el gobierno venezolano ofrezca disculpas por algo
que el presidente no dijo nunca. El gobierno chileno aceptará esas
disculpas. Y volverán todos felices a casa, la cara intacta.
Ahora
es evidente que este caso escapó de las manos del gobierno chileno e
incluso de Chávez. El venezolano puso un dedo en una llaga: El gobierno
chileno protege a un funcionario policial de alto rango del que se
sospecha que tiene simpatías equivocadas, justo en momentos en que la
presidenta recorre el mundo como reina de los derechos humanos.
No
es el presidente Chávez el que está en cuestión. Es el gobierno chileno
y la protección que ha brindado al vicepresidente de la Interpol.
Nada
de lo que diga el gobierno chileno, ni el venezolano, puede borrar el
hecho de que, por influencias políticas inconfesables, la presidenta
protegió a un amigo de un general criminal y excluyó de la policía de
Investigaciones a algunos de los mejores hombres que ha tenido esa
institución en su historia reciente, privando al país del equipo que
investigó y resolvió literalmente decenas de casos de violaciones a los
derechos humanos durante la dictadura de Pinochet.
Es simplemente imperdonable. El presidente venezolano no hizo más que recordárnoslo.
http://www.piensachile.com/content/view/4177/1/