Comenzamos la semana
con un nuevo gobierno en Paraguay, luego de 60 años de hegemonía del
partido colorado con una resultante de 40% de pobreza crítica y 50%
de analfabetismo. Esta es la mirada de una nueva sensibilidad que cae
en cuenta de las consecuencias de nuestras organizaciones políticas,
sociales y económicas, más allá de eufemismos como crecimiento del
PIB, reservas internacionales, etc.
En la reunión extraordinaria
del ALBA en Caracas el martes 22, el presidente Chávez
saludó al nuevo presidente aludiendo que “solo nos faltaba un cura”
en esta casta de nuevos dirigentes representativos de esa nueva sensibilidad.
Mientras que el presidente Evo ejercitando aquello de a mal tiempo buena
cara, le dio la bienvenida al “eje del mal”.
Fidel Castro era una
extraña flor en la noche del desierto neoliberal, varias décadas tomó
que se duplicara en un Hugo Chávez. Pero hoy desde el vientre de los
pueblos y aunque traten de impedirlo con todas las artimañas disponibles,
brotan ya sus representantes como verdes praderas en esta ABYA-YALA.
(«Tierra en plena madurez», nombre indígena para nuestra América).
Ahora seguramente comenzará
a visibilizarse y hacerse audible el pueblo paraguayo liberándose de
la censura que pesaba sobre su vida, sobre su verdadera historia, como
uno más de tantos bloqueos a los que estamos sometidos. Y todo intento
que hagan para volver a silenciarnos será contraproducente, solo avivará
la llama encendida.
Lo mismo viene sucediendo
en Colombia donde casualmente 60 años de conflicto armado vienen saliendo
a la luz, junto con el juicio de ochenta y tantos congresistas, treinta
y tres de los cuales ya están presos por nexos con los paramilitares.
Ahora termina de entregarse a la justicia el primo del presidente Uribe,
tras serle negado el asilo político en Costa Rica.
¿Casualidad? Tal vez.
Pero la ONU termina de revelar datos escalofriantes. Mientras producimos
alimentos para once mil millones de personas, casi el doble de la población
existente, cada 10 segundos muere de hambre un niño menor de 10 años
y cada día más de 1.600 millones de personas pasan hambre en el planeta.
Paradójicamente, con el 0,5% de lo que EEUU invierte en guerras sería
suficiente para evitar toda esta barbarie.
¿No es acaso paradójico
que luego de miles de años de lucha para que la humanidad viva mejor
y mientras ensoñamos caminar hacia un mundo feliz, teniendo además
todo lo necesario para hacerlo, nos estrellemos con este triste e inhumano
paisaje? Sin embargo, cuando la barbarie avanza o se evidencia no es
el momento más apropiado para deprimirse y paralizarse.
En medio de esta tragedia
griega lo que se pone en evidencia es que el conocimiento es una herramienta
neutra, que puede ser usada, direccionada por las humanas intenciones
para sembrar paz y bienestar, para cumplir los justos anhelos de la
humanidad, pero también para frustrarlos magnificando la violencia.
Lo cual pone en primer plano nuestra intencionalidad, nuestra libertad
de elección como la posibilidad y el motivo de nuestra felicidad o
sufrimiento colectivo.
Nos ilustra sobre las
direcciones de acción que vienen luchando en el ser humano y en el
mundo a través de sus conductas, en estas coloridas historias del bien
y el mal que se visten según las modas. Comienza a dejarnos en claro
por qué las luchas libertarias entre continuos avances y retrocesos
solo obtienen resultados parciales, temporales.
¿Qué motivos se pueden
aducir para que produciendo abundante y sobrado alimento para toda la
especie, se doblen, tripliquen y cuadripliquen sus precios llevándonos
a peores condiciones que en el principio de la historia? La única respuesta
posible es ausencia de conciencia y su resultante inmoralidad, insensibilidad,
inhumanidad.
Este no es solo un tema
racional de organización y discernimiento de información, como podría
creerse en nuestra época de predominio de desproporcionada inercia
intelectual. Es también un tema biológico de hambre, sed, dolor, enfermedad,
pestes y muertes. Es un tema moral, ¿o es que acaso nuestra conciencia
es una entelequia aislada del cuerpo y su hábitat?
¿Seremos tan ingenuos
para creer que una siquis colectiva, que en la gran velocidad y variedad
de respuestas a su entorno pone en evidencia su sensibilidad en comparación
con los reinos naturales, no sentirá ni evidenciará ninguna reacción
ante estas circunstancias críticas a su supervivencia?
Si así fuera no
tendría mucho sentido hablar de evolución, cuando no tenemos la capacidad
de dar respuestas adaptativas a las circunstancias que nosotros mismos
generamos. Afortunadamente la vida, el ecosistema orgánico, involuntario,
simpático o como le queramos llamar, no sufre las mismas dudas existenciales
que esta época de predominio intelectual. Mucho tiempo después de
que su cuerpo saltó poniéndose a salvo de una serpiente, siglos en
lo que al tiempo de salvaguarda de la vida se refiere, el observador
sorprendido cae en cuenta del hecho.
Cierto es que existe
un abismo en nuestra época entre intelecto, pensamiento abstracto y
motricidad, hechos, conductas. Abismo que las tecnologías de los medios
de comunicación se encargan de atizar y ampliar, introduciendo una
mágica cajita de sueños en nuestras casas.
Invadiendo aún más
nuestra intimidad para unificar hasta nuestros sueños no dejándonos
ni siquiera esa libertad, pretendiendo también controlar y direccionar
esa diversidad hacia un modelo único, dogmático de pensamiento, sueños,
anhelos, culturas, formas de vida.
A eso le llamo ideología.
El proceso de aprendizaje requiere que cada idea sea llevada a la práctica
y comprobada por sus resultados para la vida. ¿No es eso evidente cuando
hablamos de satisfacción de necesidades y supervivencia? Cuando tragamos
y repetimos pasivamente como loros por años conocimientos, sin la menor
comprobación en la vida práctica, estamos priorizando la retención
de la memoria por sobre la realimentación de información que la acción
nos da sobre esas ideas, por lo cual discriminamos el discernimiento
y la creatividad.
Es de ese modo como nos
convertimos en fácil presa de ideologías de moda que disfrazan intereses,
tropismos históricos. Pues repitiendo como loros no hemos desarrollado
el hábito de probar en los hechos los resultados prácticos de esas
direcciones de acción. Somos fértil suelo para promesas de éxitos
veloces, es decir, de corrupción.
Cuando hablamos de que
se visibiliza y hace audible la voz de los pueblos pese a la censura
impuesta, nos referimos a las condiciones precarias y esforzadas de
vida que hemos sobrellevado obligados a soñar con futuros mejores como
única alternativa. Nos hemos dejado convertir en esclavos, con suerte
en asalariados, jornaleros, carne de sueños.
Por eso hoy despertamos
sorprendidos a la conciencia de que somos una sucursal o franquicia
del imperio de moda y nuestras instituciones y personalidades se han
prostituido, mercantilizado. Hemos vendido nuestra libertad, nuestra
humanidad por un plato de comida caliente, nos hemos vuelto mercenarios
al servicio del mejor postor.
Y así, como jornaleros
que caminan entre sueños, hemos llegado a creer, pese a todas las evidencias
en contra, que podemos sembrar papas y cosechar rosas. Hemos llegado
a la relatividad intelectual abstraída de las vísceras, que cae en
la ingenuidad de creer que los hechos no tienen consecuencia, pueden
ser impunes.
Eso es parte de reducir
todo éxito posible a los premios o castigos sociales, al prestigio
público. De allí hay solo un paso a mercantilizar la justicia humana
ya que la conciencia ha sido borrada del escenario público. Pero pese
a nuestra insensible ceguera, seguimos viviendo en un ecosistema orgánico
en el que cada hecho tiene su lógica consecuencia.
¿Quieren más paradojas
de nuestra sociedad moderna? Trabajar todo un año para reunir el dinero
necesario a descansar unos días. Trabajar toda una vida para jubilarse
y no hacer nada.
Esas son también creencias,
sueños, ideologías, en que los ritmos de la vida se pervierten sometiéndolos
a abstractos paisajes y trasnochadas visiones.
El resultado es que terminamos
enfermos, agotados, con nuestros ahorros en manos de entidades privadas
que especulan con ellos, con la salud y los estudios privatizados, la
alimentación en manos de corporaciones transnacionales. Y lo peor de
todo es que aunque realmente llegáramos a ese sueño de no hacer nada,
no estaríamos en capacidad de disfrutarlo porque solo sabemos preocuparnos,
vivir en el tiempo futuro.
Cuando sería tan simple
organizar solidariamente la sociedad con las tecnologías de que disponemos,
ajustando las ideologías a lo que los ineludibles hechos testimonian,
trabajando todos para el simple bienestar de todos en lugar de vivir
persiguiendo ensueños personales que se enfrentan generando violencia,
disipando inútilmente energía, destruyendo unos lo que otros construyen.
¿Podemos llamar a eso una economía inteligente?
La presidenta Cristina
Fernández en su visita a Ecuador para poner la piedra fundamental de
una central generadora con tecnología argentina de punta, repitió
lo dicho en la cumbre de Río: “la ilegalidad no puede combatirse
con más ilegalidad”. Agregó que esta coyuntura histórica nos pone,
tal vez para sorpresa de muchos, ante el reto de la energía y los alimentos.
Supongo que se refería
a que bajo ese problema se disfraza la oportunidad de que nuestro continente
con sus grandes superficies cultivables y deshabitadas, con su riqueza
acuífera, energética y de materias primas, deje atrás el subdesarrollo
planificando concertadamente el crecimiento, incluyendo ahora su gran
capital humano con justicia social creciente.
Coincido con ambas afirmaciones,
con asumir plenamente todo reto que nos presente la vida, dándonos
cuenta que en la medida de la dificultad se desarrolla la fuerza, el
poder. Pero sin olvidar que el poder de la inteligencia disociado del
amor es lo que nos ha traído hasta estos desenlaces. Han de ser la
fe o el temor guiando nuestra libertad de elección, los que decidan
que direcciones le daremos a nuestras vidas y qué frutos cosecharemos
en consecuencia.
Quiero resaltar también
la parte en que se refiere a la sorpresa ante esta coyuntura histórica.
Porque ejemplifica esto de venir sembrando papas creyendo que cosecharemos
rosas, y la sorpresa o extrañeza que sufrimos cuando nos estrellamos
contra una montaña de papas. Termina resultando que todo esto lo hace
y es culpable una entidad a la cual llamamos Historia, así como antes
se llamó Tor a los relámpagos y truenos, Eolo al viento, Neptuno al
mar. Entidades todas ellas que según su aleatorio humor rigen nuestros
destinos. (¿No les recuerda a los caprichosos designios del dios dinero?)
Pero eran los antiguos
los ignorantes y supersticiosos. Nosotros solo discutimos sobre la conveniencia
y superioridad del monoteísmo, la monogamia, el monosueñismo, mientras
con nuestras acciones y poderosas tecnologías desestabilizamos
el clima, enterramos o hundimos alimentos para que no bajen sus precios
y caminamos alegres hacia el mundo feliz.
Creo que luego de este
paseo tragicómico por el caudaloso río de la historia, es decir por
la inercia o tropismo de nuestros hábitos y creencias y sus hechos
resultantes, comienza a resaltar que pese a que vivamos entre sueños,
la acumulación de nuestras acciones genera ineludibles consecuencias.
A medida que la verdadera
historia de los pueblos comienza a liberarse de la censura, incluyendo
la de Europa y EEUU, nos vamos dando cuenta que hemos jugado a “sepulcros
blanqueados”. Hemos vivido representando apariencias, impresionados
con que lo bueno y respetable es una marca de ropa, zapatos, un corte
de pelo y un perfumito de moda.
Mientras nuestras conductas
generan violencia y huelen a muerte y la educación se basa en el “haz
lo que digo pero no lo que hago”. No es suficiente con que el imperio
quiera corrompernos para que eso suceda. Hace falta también que estemos
predispuestos a creer en sus cuentos y a traicionar por espejitos de
colores, palos de fuego y agua ardiente nuestros principios.
Hace falta que aceptemos
creer que nuestra sensibilidad y conciencia son también un cuento que
podemos acallar y enterrar para entregarnos a esos sueños de felicidad
virtual. Para luego vivir avergonzados y escapando del fantasma de lo
que fuimos, sin el suficiente valor para aceptar nuestro error y rectificar.
Sensibilidad, conciencia,
acción y responsabilidad, son una sola y la misma cosa. Cuando deslumbrados
por ensueños se la vendemos al diablo como decían nuestros antepasados,
perdemos el timón de nuestras vidas y la alegría natural con que nacemos
se aleja cada vez más de nosotros, o le damos espaldas en pos de nuevos
sueños.
Por ello hoy despertamos
sorprendidos en medio de la acumulación de hechos colectivos que irrumpen
inevitablemente en nuestro escenario público y conciencia. ¿Cómo
puede ser que estemos cosechando, estrellándonos contra una montaña
maloliente de sucias papas, cuando esperábamos la sutil fragancia y
bellos colores de un ramo de pimpollos de frescas rosas?
¿Cómo puede ser que
luego de miles de años y con las sofisticadas tecnologías de que disponemos,
sean el hambre y la violencia las que crezcan? Este abrupto despertar
en medio de la sacudida que los hechos le dan a nuestra conciencia,
(o a su ausencia), identificada con ideologías y sueños, me parece
a mí el fenómeno sicológico esencial de nuestra época.
Lo que puedo conductualizar,
lo que puedo hacer puedo vivirlo. No otra cosa es lo que estamos presenciando
y sufriendo o disfrutando. Porque los hechos no se quedan a nivel de
ensueños ni de ideas, sino que afectan y reaccionan la totalidad de
lo que somos.
Y es de ese modo que
comenzamos a volver a la conciencia de lo que realmente somos, despertando
del sueño del tiempo, de aquello que nos impresiona y parece al alcance
de la mano, pero que jamás termina de llegar, jamás llegamos a poder
vivirlo.
La reunión extraordinaria
del ALBA, además de apoyar contundentemente a Bolivia en las circunstancias
secesionistas que está enfrentando, acordó la planificación de una
producción y reserva conjunta y complementaria de alimentos, y dispuso
ya un fondo colectivo para su implementación. Soberanía y seguridad
alimenticia continental.
Así se comienzan a reconocer
los errores y desvíos conductuales por la fuerza de lo hecho y lo dejado
de hacer, que produce hambre, dolor o alegría, satisfacción. Este
es un momento de direcciones de acción. Direcciones de acción o ideas-fuerza
comprobadas en su bondad o maldad de resultados para la humanidad y
su hábitat.
La intensidad y velocidad
con que se desencadenan las consecuencias de esa dirección o tropismo
de acumulación de hechos, ya no posibilita seguir pensando sobre el
pensar, seguir discutiendo eternamente en lugar de simplemente ponerlo
en práctica y comprobar sus resultados.
Esto exige el ajuste
de la siquis colectiva, confundida, desorientada entre múltiples ideologías
superpuestas a las direcciones de hábitos, solo para justificar la
injusticia de los resultados. Para adornar las dobles intenciones que
tras los discursos se esconden, es decir el diablo disfrazado de bella
dama o príncipe, la falsa promesa de felicidad que nunca puede provenir
de la injusticia, que necesariamente implica engaño y violencia para
imponerse, sostenerse.
Ahora el PSUV propone
planes de acción según las necesidades de cada localidad, surgidas
del consenso de la propia comunidad. Para esos planes de acción se
buscarán e identificarán los perfiles de personalidad apropiada para
llevarlos a cabo, no solo capacidades técnicas sino también y sobre
todo morales, comprobados ya por su desempeño y ejemplo político y
social.
Se propondrán entonces
las personas apropiadas para desempeñar los cargos en gobernaciones
y alcaldías, que firmarán un compromiso con el plan que las comunidades
decidieron por consenso. Los que lancen campañas extemporáneas, los
que pretendan llevar a cabo proyectos personales por fuera de ese consenso,
se auto excluyen del PSUV.
A mi me parece un buen
intento, un buen ejercicio práctico para romper con la inercia que
nos arrastra. Sobre todo para ampliar la conciencia de los hábitos
que hasta estas circunstancias nos trajeron y poder entonces corregirlos.
No se trata de una caza de brujas, de gente buena o mala. Porque con
esas consideraciones sentimentales no resolvemos ni cambiamos nada.
Sino de toma de conciencia
de direcciones de acción, de conductas que dan frutos amargos y de
ejercicios prácticos que nos vayan permitiendo cambiar su sabor acción
tras acción, día tras día. En presente y puntualmente es necesario
neutralizar las intenciones del imperio de turno por supuesto.
Pero la verdadera garantía
de no volver a caer en manos de nuevos sueños, dioses, entidades, imperios,
dueños, hambrunas, guerras, etc., es la de reconocer y dejar atrás
los hábitos y creencias que produjeron estos resultados, esta sociedad
injusta y violenta. Volver al simple reconocimiento de que cada acción
da su fruto, que cada fruto tiene su sabor y fragancia.
No hay modo de engañarnos,
de engañar a la vida, no podemos sembrar tormentas y esperar cosechar
cielos calmos y límpidos. No hay modo de renunciar a nuestra sensibilidad
y conciencia, a la responsabilidad inmediata e ineludible de nuestras
acciones, y pretender mantener el timón de nuestras vidas, no podemos
servir a dos dioses al mismo tiempo.
Cuando de verdad comprendamos
y comprobemos en los hechos esta simple afirmación, ya no habrá fuerza
en el mundo capaz de hacer que nos traicionemos, desviándonos de las
elecciones que hayamos realizado. Por lo cual comenzará a desmoronarse
todo el mundo mental sustitutivo que construimos en compensación a
las acciones injustas, es decir, violentas.
Termino diciéndoles
que la historia gira sobre el eje de los justos resultados de las acciones.
EEUU, el que paga para que no se produzca y poder mantener así los
precios del mercado, el que subsidia a sus productores agrícolas
mientras pretende que los subdesarrollados del tercer mundo se abran
al libre mercado, está en estos momentos racionando la venta de arroz.
Todo el llamado primer
mundo y los que imitan su modelo, caminan aceleradamente hacia la pérdida
de calidad de vida y el inevitable aumento de represión y violencia,
pues no disponen de otras alternativas. A nosotros nos corresponde construir
modelos de vida más justos y eficientes. Y no hay modelo más justo
y eficiente, que produzca mayor ahorro de energía y creatividad, que
el de la solidaridad. Porque se ajusta a la economía estructural del
universo.
Cuando podamos comparar
desde el mismo principio de nuestros estudios los resultados de un latifundio
esclavista frente a una empresa de propiedad, producción y distribución
social, donde el bienestar del ser humano es la prioridad, podremos
elegir a conciencia que dirección le daremos a nuestras conductas,
a nuestras vidas.
En Venezuela, con el
nuevo impuesto a la ganancia súbita, aplicado a todo precio del petróleo
que exceda de 70 dólares sin necesidad de realizar inversiones,
se lanza la “Misión 13 de Abril” para el desarrollo del Poder
Popular o Comunal. Se pretende así crear varios centros piloto que
sirvan de muestra de las comunidades del futuro. En la próxima reunión
de UNASUR se discutirá la alfabetización continental propuesta por
Venezuela. Hechos son amores.
michelbalivo@yahoo.com.ar