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    Venezuela en el exterior

Ex-diplomáticos que se creen diplomáticos
Por: Adolfo Jacinto Sánchez
Fecha de publicación: 23/12/07
imprímelo mándaselo a
tus panas
Faltando muy poco para la celebración del referendo consultivo sobre la reforma constitucional, regresé de una gira de trabajo por algunos países latinoamericanos y coincidí en la fila de inmigración con dos personajes que intentaban forzar la barrera para apurar el trámite, tratando de pasar por una caseta destinada para tripulaciones, autoridades y diplomáticos. En efecto, alcanzaron su objetivo y luego los volví a encontrar en la zona aduanera requiriendo un trato especial debido a su condición de diplomáticos, lo cual también lograron, creo que mas por fastidio de los aduaneros de guardia que por la condición de la que hacían alarde.

Me parecían conocidos los personajes, en alguna parte los había visto. Claro, al fin recordé, forman parte del elenco estelar del canal de la disociación, el tal GLOBOVISIÓN. Los pude identificar. Uno, un gordito sudoroso y gritón, que escandalizó al país cuando renunció a su cargo de Embajador en las Naciones Unidas después de haber apostolado por el Presidente Chávez durante los primeros 5 años de su Gobierno, Milos Alcalay. El otro, más discreto pero no menos déspota, comentarista internacional, según él, huésped del Palacio de Miraflores el 12 de abril y mejor “abrazador” de los líderes del golpismo, Julio César Pineda.

En honor a la verdad, la conducta que asumieron en el aeropuerto no me hubiese llamado mayormente la atención, si no me percato que ambos facinerosos poseían Pasaportes Diplomáticos, sí, con cinta tricolor y todo, y emitidos en nombre del Presidente por el Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores. Nunca me llamaron la atención de esos símbolos del poder; no obstante, debo confesar la gran bronca que me asaltó al enterarme que ese par de fantoches procedían de Europa, específicamente, de Estrasburgo y Bruselas, a donde habían acudido ante las autoridades de la Unión Europea, a acusar al Gobierno venezolano de cuanto calificativo negativo pueda uno imaginarse y solicitar su condena tanto por la Comisión como por el Parlamento de ese bloque, y que habían viajado investidos de los privilegios e inmunidades que le conceden el uso de ese tipo de documentación. En otras palabras, nuestro Gobierno le concede prerrogativas a quienes se dedican no a adversarlo, sino a denigrar de su actuación.

Con los días averigüé que ambos sujetos portan esos pasaportes por haber sido alguna vez en sus vidas, Embajadores y de carrera, según mi informante. Pues, no lo sabía. Están jubilados, seguramente devengando unos suculentos emolumentos, tal vez justificados, pero de ahí a que sigan disponiendo de las mismas ventajas como si estuvieran en pleno ejercicio de sus funciones, dista un trecho muy grande. Me resulta incomprensible.

La incomprensibilidad se me acrecentó cuando recordé el motivo de la gestión que los había llevado Europa y, peor aún, cuando mi informante me decía que no eran los únicos favorecidos por la Cancillería. Ignacio Arcaya, Amry Touron, Adolfo Taylhardat, David López Henríquez, Norman Pino, Edmundo González, Gerardo Wills, Elsa Bocahechambre, Maruja Tarre, Fernando Gerbasi y muchos más fueron, entre otros, los nombres que surgieron en la conversación. Quiere decir que opositores reconocidos, convictos y confesos, denigradores de oficio en contra del Gobierno legal y legítimamente constituido, enemigos acérrimos de la Revolución Bolivariana y quienes han sumido posiciones que hacen dudar de su patriotismo gozan todavía, además de la impunidad que impera en el país contra los golpistas, de las inmunidades de que dispone un diplomático en actividad.

Para bien o para mal, muchas cosas han cambiado en la Cancillería. Me pregunto si no es hora que sus directivos se dediquen un poco a frenar estos hechos que ponen en entredicho la eficacia de su gestión, al conceder favores a personas cuya actuación pareciera corresponder a la de traidores a la Patria. Me parece insólito.
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Adolfo Jacinto Sánchez


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David Corredor Cuéllar(*)
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