Una
vez más se desnuda la verdad por medio de las palabras precisas. Si con
sus palabras Chávez ha herido a alguien, ese alguien siempre será a la
oligarquía ascosa de Venezuela. Ya comentaba algo sobre esa palabrita
sincera y profunda -que me reservo para algunas líneas adelante- el
compañero Ali primera, y ciertamente, a mi no me gusta perfumarla. No
me gusta perfumar la realidad, no me gusta como a ellos perfumarla
porque si lo hago entonces soy un farsante, soy un hipócrita, a ellos
si les interesa cambiar su olor, ustedes saben a que me refiero. Y
es que estos seres son la raza aria, son puros, si, como lo lee, son
puros, es una definición que entre lecturas y recuerdos he encontrado,
son puros, son hombres puros, me explico a continuación con una cita:
Nicolás Guillén
Cuba, 1902-1989
Yo no voy a decirte que soy un hombre puro.
Entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.
Yo no te digo pues que soy un hombre puro,
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro, ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo,
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho, y
dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.
Punto, fecha y firma.
Así lo dejo escrito.
¿Se entendió? LOS ESCUÁLIDOS SON LA PURA MIERDA. Y punto. Gracias comandante por aclarar tantas cosas.
TRINCHERA BOLIVARIANA, el semanario de la UBV Valera.
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