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Quiero compartir estas ideas con todo el pueblo bolivariano pues el asunto de las en-bajadas es algo que me concierne enormemente y creo que para poder expresar todo ese sentir es necesario vivir el día a día en este paisaje geográfico, cultural y político, experimentar en carne, grasa y huesos propios esta situación; aprovechando en todo momento la posibilidad de ejercer nuestro derecho a la opinión establecido en la Constitución.
Siempre con el norte bien fijo en que estos pensamientos sirvan para la discusión, el dialogo y el mejoramiento de la situación que nos aqueja.
Sin más preámbulos, me centraré en el área cultural y no en la generalidad, ya que, es el área que conozco por mi trabajo, mis estudios en gerencia cultural y el día a día deleitando a los comensales con los exquisitos platos tradicionales venezolanos, es decir, como la cocinera oficial del Circulo Bolivariano de Marsella.
Además, de no contar con un agregado cultural en la embajada, siendo ésta un área prioritaria en la proyección y relación internacional de un país: (más aun en Francia donde nuestras manifestaciones culturales son tan bien apreciadas y respetadas, toda esa cadencia, este ritmo que nos es propio y que para ellos, muchas veces, tan difícil de adquirir)
Queda por sentado que el Estado venezolano a través de sus instancias representativas en este particular, Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores (MRE) y el Ministerio del Poder Popular para la Cultura a través de sus tres oficinas de Relaciones Internacionales (Ministerio de la Cultura, CONAC y el Instituto de Artes Escénicas y Música (IAEM) y la Sección Cultural del MRE ha implementado una política de difusión de eventos y grupos culturales a nivel internacional que comienza a cambiar la tónica de gobiernos anteriores y que por su novedad y flujo de actividad es posible, obvie otros aspectos que van mas allá de la presentación de grupos como política cultural e igualmente se de por sentada dicha línea, que seria conveniente asumiesen las embajadas en esta área.
De esta manera, nuestros embajadores, pues no solo es el de Paris, tienen puerta franca para decidir si se hace esto o aquello sin criterio alguno, solo por generación espontánea, como ha sucedido hasta ahora. En Francia, seguimos la política del Estado francés. Francia es Paris. Ningún contacto con los músicos del sur, rechazo de toda actividad que implique traslado a la capital desde el sur porque no hay presupuesto, ningún plan de asistencia, ningún taller de formación. NADA CERO.
Entonces, dada la ausencia de un proyecto cultural, se sigue manteniendo el concepto de cultura popular ligado a la pobreza y la miseria. Antes, nos marginaron y atropellaron los adecos y copeyanos. Ahora, juzgue Ud al ponerse en práctica este concepto, hacia donde nos remontamos? Pero su ejecución no es evidente, porque son casi cincuenta años con el mismo casete en nuestro cerebro. Durante años hemos vivido a cuestas con el concepto clasista de cultura popular, donde cultura es “lo refinado”, la música afro venezolana es buena para divertir a los blancos franceses que pagan para que los tercermundistas los diviertan y se traen “enguacalaos” para presentarlos en donde sea a un miserable precio (porque al cambio en bolívares, es “bastante”), así conocen “la France” y la asociación que organiza se lleva unos “realitos” o queda en paz con su conciencia pues presento “un grupo de música venezolana”, pobres y negritos.
No dudo de la buena fe de los que organicen estas acciones solo que, hoy en día, la buena fe debe ir acompañada de un concepto, una idea de transformación digna de una sociedad socialista
El problema de nuestras embajadas, para mi (luego de las reflexiones sobre las denuncias de todos los compañeros y las razones anteriores) es un problema de clases, es la lucha por mantener el orden existente donde no pasa nada, no se altera nada y los artistas son los existenciales que solo reflexionan para sus obras y “la gente,” como cita Héctor Lavoe en la canción de Rubén Blades; “paga para poderme escuchar... no hay tiempo para tristezas vamos cantante comienza.” El producto que se compra y se vende al mejor postor. Ese es el concepto intrínseco en los actos que realiza la en-bajada, la cultura como diversión, los actos patrios como simples fiestas que no tienen trascendencia, que no tienen historia, que dejan un hueco en el cerebro porque se le abrió un espacio a la mierda, si ya no lo teníamos. Ese es el peligro que estamos corriendo con nuestras sedes diplomáticas, que se mantengan en ese estrato que el capitalismo salvaje incita a la gente a vivir, en ese limbo donde la realidad no se palpa, no se toca, no se ve, porque es el mundo de la apariencia, del consumo, de las risitas imbéciles y comentarios estériles ante conferencias políticas de interés para la formación personal de los militantes bolivarianos, por ejemplo. (aun sin mala intención).
Desde Marsella, Francia
Irma Pérez,
Ama de casa
irquintero@yahoo.es
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