Ozzie Guillen el bocón

El manager de los Marlins de Miami Ozzie Guillén , quien con su verbo atrabiliario y extravagante, se ha convertido en toda una celebridad, opinando sobre cualquier cosa, siempre buscando soliviantar los ánimos.

Sus declaraciones dadas recientemente a la Revista Times, donde afirma “amar a Fidel Castro, por haberse mantenido durante cincuenta años en el poder”, despertaron la ira y la condena de la comunidad cubana de Miami, ciudad que alberga nada menos que a los Marlins, equipo de beisbol donde el “gran” Oswaldo Guillén se desempeña como conductor del team de grandes ligas.

El manager venezolano convertido en un ídolo de multitudes por ser el primer latino en ganar una serie mundial, cuando en el 2005  llevó a los Medias Blancas de Chicago a obtener el máximo reconocimiento de la pelota, haciendo florecer las glorias marchitas del conjunto de la Ciudad de los Vientos, que no ganaba esa distinción desde 1915.

La proeza del venezolano en las grandes ligas, no ha sido una lindura, integrante de una generación de latinos que se abrieron paso a punta de batazos y calidad, ya que Guillén ex-jugador  de las mayores como short stop, también vistió la camiseta de los White Sox, como Alfonso “chico” Carrasquel, el gran Luis Aparicio, único venezolano en figurar en Copperton, también la figura del día Omar Visquel; pero Ozzie Guillén tiene un defecto o mejor una virtud y es que se va de la lengua.

Las bondades de Guillén pueden compararse a las de Cassius Clay o Muhammad Alí en su momento de gloria, guardando las distancias, quien con su valentía en el ring y su inteligencia se unió a las voces que condenaron el genocidio que llevaba a cabo Estados Unidos en Viet-Nam; negándose a alistarse en el ejército, quemando la libreta de conscripción, provocando  que lo despojaran del título mundial de los pesados y fuera a parar a la cárcel; también Alí o Clay como Musulmán negro ayudó a la causa de los negros por la igualdad de los Derechos Civiles, movimiento que lideralizaba Martin Luther King.

Hablar de la admiración que siente por Fidel Castro, desde la posición en que se encuentra, la Flórida, bastión del anti-castrismo en Estados Unidos, es una locura, allí en ese estado de tradición hispana, reside más de un millón de exiliados cubanos, que desean encarnizadamente el fin de la hegemonía de los hermanos Castro. Esta colonia después de cincuenta años desde Havana litle, han llegado a forjar un poder en el fuerte holding del Capitolio Federal: el líder de los Tea Party Marc Rubio, y la congresista Ileana Ros-Lehtinen, presidente de la poderosa Comision de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes del Congreso, se cuentan entre las individualidades más influyentes de los republicanos y por ende miembros del establecimiento político de Norteamérica, a esto es a lo que se enfrenta el gran Ozzie Guillén en la patria de Paul Auster.

Fidel Castro a lo largo de su extenso historial, ha concitado la admiración de individualidades ligadas a la intelectualidad y al deporte: Graham Green; Hug Thomas; Jean Paul Sartre; Gabriel García Márquez; Mario Benedetti; José Saramago; Maradona el gran pelusa, su admiración por la revolución cubana lo llevó a tatuarse los rostros del Che Guevara y Fidel en ambas piernas. No siendo poca cosa las opiniones vertidas por el ex manager de los White Sox, sobre Castro y Hugo Chávez, estas cayeron como un huracán  en un medio tan determinante como el circo sidera habermasiano, donde  el básquet de la NBA y el beisbol de la MLB, deciden junto con Hollywood el comportamiento de amplias masas en el mundo, como miembros del rebaño, especie de Hermano Mayor de Orwell en las pantallas de ESPN el gigante de los deportes.

El gran Ozzie Gullén y sus impertinencias, vibrarán por un gran tiempo, salvando sus escarceos con la maestra venezolana que lo llamó ignorante, este jugador y estratega del beisbol, descubrió que lo insulso y baladí , puede combinarse con “admiración” a figuras  consideradas unas bestias negras, para jugar al estilo de Juan Pablo II, en eso de hacer con una mano una buena acción y borrar con los pies lo predicado, avanzar con mano de seda y responsabilizarse del pasado con solo pedir perdón, es en esencia seguir manteniendo las eternas posiciones de la hipocresía que se respira en estos tiempos.

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Abril de 2012


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