La impostergable tarea de los trabajadores revolucionarios

Este documento pretende en su esencia ser una contribución al debate, por demás necesario  para nuestra formación, cuestión esta que no perece si no hasta que nuestra existencia también se extingue. Por él desfilan algunas apreciaciones que intentan dibujar un poco la historia de la cultura política de algunos liderazgos en el seno de los trabajadores y trabajadoras, otra con  su situación actual y finalmente con la tarea que le toca abordar en el presente y futuro de la revolución bolivariana a la nueva organización consejista que se plantean algunos trabajadores como sujetos constructores de hegemonía revolucionaria

Necesario es en esta primera parte, destacar la manera como era considerado el pueblo, sus trabajadores y trabajadoras,  desde la sociedad colonial, pasando por el periodo post independencia, incluyendo las llamadas democracias del punto fijismo. Era tanto así que, el pueblo “participaba”, pero no era consciente de los verdaderos fines y de los intereses que favorecían el movimiento u organización política en la cual actuaba. De esta manera, el papel de dirigente que desempeñaba la oligarquía o burguesía instruida (nos referimos aquí a los intelectuales, estudiantes universitarios), se acompañaba del seguidismo de la masa que no tenia educación política, ni conciencia de sus propios intereses, ni de su fuerza transformadora.

Revisemos rápidamente el papel ejercido por los políticos de derecha durante el periodo de la llamada “democracia”. Casi todos ellos venían de ser “dirigentes estudiantiles” o de las juventudes de los partidos AD, COPEI, URD, por mencionar algunos. Todos ellos con una clara conciencia del papel que tenían que jugar en función de usar esa masa inconsciente al servicio de los intereses de la clase dominante que ellos representaban; fue así que mediante la despolitización de las personas pudieron mantener sus proyectos de dominación.

Es necesario que el pueblo, y más aun los trabajadores y trabajadoras, tengan plena conciencia de que todo proceso histórico, es por definición un proceso político, que  se desarrolla en, con y para la gente, es por esto que consideramos de mayúscula importancia prestarle la máxima atención a su desarrollo  y la forma como participan  ellos y ellas en dicho proceso. De esto decimos que dentro del pueblo se dan distintos niveles de conciencia y que es la organización política de los trabajadores y trabajadoras, de las masas, la que es capaz de señalar (si es verdaderamente consciente), las verdaderas causas de sus miserias, logros o victorias, igualmente de acuerdo a esa conciencia y organización, es que puede darse un programa de acción que permita realizar los  intereses de la clase. El desarrollo de esta conciencia, es tan indispensable para el éxito de sus luchas, como  lo es la inconsciencia de las masas para el triunfo de las acciones contrarrevolucionarias o de los proyectos de dominación que pretenden regresar e imponerse. ¡¡ No volverán!!

El papel fundamental hoy de los dirigentes, y específicamente la dirigencia joven de los trabajadores y trabajadoras,  es educar a las masas, mostrarles con claridad y ejemplo, la misión histórica a que están llamados a cumplir en esta hora de la independencia nacional. En la medida en que asuman su papel con humildad, sin arrogancia, su autoridad, legitimidad e influencia con sus afines crecerá. Por ello, en las nuevas condiciones políticas, el respeto y la credibilidad de los dirigentes aumentaran, en la misma medida en que vayan destruyendo lo que hacía posible  las victorias de los dirigentes de la burguesía; que no era otra cosa que la ceguera y el analfabetismo político de las masas. En tanto cumplan con este papel  histórico, el nuevo liderazgo joven, se desmarcará  de las elites que aun hoy arrastran detrás de sí a un “rebaño” de hombres y mujeres que pudiéramos decir poco consciente de su participación en la construcción  histórica de la sociedad.

Pero, “vaya siempre con los pero”, no es fácil ser dirigente revolucionario. Aquí no vamos a establecer diferencias entre cuadros de la revolución, sean de dirección alta o media; la educación burguesa y por consiguiente la cultura política que hemos recibido y que en muchos casos todavía nos acompaña, sigue marcando gran parte de nuestras acciones.  Las ideas y hábitos que esa cultura ha difundido a través de los procesos educativos y de los medios de comunicación masiva a su alcance durante muchos años, hacen que la  ideología burguesa penetre en todos los sectores sociales. Esta es la razón por la que numerosos dirigentes que quieren y dicen servir al pueblo y a la revolución, se encuentren rnuchas veces atrapados por esta influencia  y caen en una serie de métodos de dirección y  de trabajo incorrectos, que los hacen tomar actitudes propias de un dirigente burgués, con la  consiguiente desconexión de las masas

Hay otro  alerta que debemos puntualizar para esta nueva situación histórica que vive nuestra República Bolivariana, que a veces cambia la relación entre los dirigentes y las  masas, es aquella cuando la clase opositora burguesa, trata por todos los medios de introducir la desconfianza del pueblo hacia sus dirigentes y hacia las metas que se proponen, ya sea calificándolas como ilusorias, o no viables, bien sea  engañando y mintiendo al pueblo por todos los medios  que disponen. Este método de ofensiva de la burguesía, que a veces logra tener éxito en ciertos sectores del pueblo, hace aun más necesario desarrollar la conciencia de las masas a la par que el de su dirigencia. Se trata de que ambos tengan armas políticas e  ideológicas propias, para descubrir el engaño y para rechazar en el caso de las masas, a aquellos dirigentes impuestos por la burguesía que no interpretan sus verdaderos intereses.

En esta misma línea quisiéramos plantear, otros síntomas virales que contaminan a veces algunos liderazgos; no escapan a ellos la dirigencia trabajadora consecuente y la emergente, desde luego, pero también a otros sectores de dirección; esos males virales son los que tienen que ver con el individualismo, el liberalismo, el caudillismo, el burocratismo y el sectarismo.  Esta cultura o prácticas políticas, por demás incorrecta, consisten en actitudes y comportamientos que resultan de la influencia que tiene la ideología burguesa sobre las personas. Ello hace que la preocupación fundamental de cada uno sea sobresalir como individuo,  imponiéndose a los demás y así lograr satisfacer aspiraciones personales a costa de lo que sea. Se crea así un desprecio por las masas, y, al mismo tiempo, una tendencia a manipularla, a usarla para conseguir objetivos de tipo individual.

Uno de los más perjudiciales elementos de las desviaciones burguesas en el seno de los revolucionarios, lo constituye el liberalismo. La actuación liberal de dirigentes  y a veces miembros de base de una organización, se caracteriza por una conducta poco colectiva, indisciplinada, basada en la toma de  decisiones personales y no apegadas a los intereses del colectivo. Esta desviación tiene sus raíces en poner por encima de todas las cosas lo personal o tendencial, olvidando un principio fundamental revolucionario que afirma “No son los individuos, sino las masas las que hacen la Historia”. El individualismo, tanto como el liberalismo son desviaciones típicamente pequeñoburguesas; ellas provienen de la forma de actuación individual que establece la lógica de la sociedad capitalista.

Los que estén libres de estas desviaciones, no se den por aludidos; solo queremos dejar sentado que esto existe y esta vivito en nuestra revolución. Veamos estos ejemplos que ilustran lo que hemos venido alertando.

Una de las formas de actuar es colocar las opiniones personales en primer lugar, sin aceptar someterse a las opiniones colectivas emitidas por el organismo al cual se pertenece; o exigir consideraciones especiales para su caso personal, rechazando las medidas que se han decidido aplicar a todos; organizar una reunión sin preparar previamente una agenda de interés, usar el poder que tiene por desempeñar algún  cargo público, en institución o en el partido, para pasar por encima de las discusiones y decisiones orgánicas, imponiendo a los demás sus puntos de vista personal. Muy ligado a lo anterior está el hacer críticas irresponsables a espaldas de los compañeros de trabajo o de estudio, así mismo es común en este tipo de conducta, no decir nada en las reuniones, pero andar con chismes  o posiciones a favor de lo que ya se debatió y quedo superado.

El problema del burocratismo, como enfermedad de un proceso, amerita dedicarle un documento especial. No obstante, un dirigente cualquiera sea su responsabilidad, si se convierte en un burócrata, tenga la plena seguridad que a la larga como proceso histórico y del aprendizaje que va dejando la construcción del poder popular, el irredento pueblo no se va a dejar engañar por ninguna burocracia; la conoce y reconoce como enemiga por más fotos que se tome al lado altos funcionarios de nuestra administración pública, o del espacio de trabajo donde se desenvuelva.

Sobre el sectarismo tendremos que decir que es una de las desviaciones más graves de un proceso revolucionario, ya que tiende a impedir la unidad de las fuerzas revolucionarias, unidad sin la cual es imposible triunfar frente al  enemigo y mucho menos desarrollar los planes de emancipación de los pueblos.

Necesario es dejar claro que existe sectarismo cuando los distintos organismos o individualidades que trabajan en el proceso revolucionario, en lugar de complementarse y trabajar en forma armónica, se dedican a competir entre sí, a tratar de ganar zonas de influencias o liderazgo personal o factorial, sin apostar al triunfo de la organización o del partido, según sea el caso.

Repetimos para ser reiterativo, más no redundante, que existe sectarismo cuando una organización, sindicato, comité o consejo, trabaja en forma aislada, anteponiendo sus intereses locales o grupales, a los intereses del proyecto al cual se inscribe y le debe lealtad.

Hechas estas consideraciones generales de contenido político, ideológico y organizativo, podemos ir asomando una gran conclusión, y esa es que hoy la historia le cede un espacio muy especial a los consejos de trabajadores y trabajadoras, a movimientos de jóvenes revolucionarios y revolucionarias, brindándoles la oportunidad de recomponer la estructura orgánica, de dirección y organización que demanda la clase trabajadora revolucionaria y que esto no solo debe fortalecerse en el espacio laboral, sino también en el comunal, donde se convive con otros ciudadanos.

Finalmente, las y los trabajadores combativos más viejos, nos  vamos a sentir reivindicados,  reivindicadas, sabiendo que un nuevo liderazgo, toma y levanta las banderas de la revolución, honrando la memoria de los que cayeron  o quedaron en el camino, los que regaron con sangre esta tierras bravía, en la búsqueda y construcción de una patria libre y digna; la patria socialista.

Igualmente,  hacemos votos para que en este encuentro de trabajadores y trabajadoras, la discusión y el debate se genere bajo la disciplina que corresponde a una nueva concepción del liderazgo emergente, con un alto nivel de conciencia revolucionaria, en la perspectiva de unir el mayor consenso que permita la integración de las fuerzas trabajadoras bolivarianas y antiimperialistas en pro de lograr el objetivo supremo de un movimiento consejista revolucionario organizado, unido, fuerte, que plantee su estructura de dirección unitaria a la luz de una nueva organización, en la cual todos se encuentren identificados.

Nota: Este documento o esbozo de opinión, es un aporte generador de ideas para el debate en la oportunidad del encuentro de los Consejos de Trabajadores de Mercal, al cual fuimos invitados para contribuir a su desarrollo.

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Judy Gutiérrez / José Leonardo Sequera / Bartolo Hernández


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