Colombia: Nuestro candidato a la dirección de la OIT: Radiografía de un esquirol

Angelino Garzón, nuestro candidato a la Dirección Ejecutiva de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), combina una sólida experiencia como malabarista social y político con una envidiable capacidad de traición de adaptación que le permite estar siempre con el caballo ganador. Tiene una reconocida trayectoria como burócrata sindical, al tiempo que ha desempeñado diferentes cargos públicos, sin importarle a que partido político o grupo electoral le sirve, y cambiando con tal frecuencia de bando que es difícil encontrar un caso parecido de travestismo ideológico en la política colombiana. Es un ejemplo de arribismo social, hasta el punto que actúa como todo un campeón mundial de salto, frente al cual atletas de la talla del cubano Javier Sotomayor (record mundial de salto alto), la rusa Yelena Isinbayeva y el ucraniano Sergei Bubka (récords mundiales de salto con garrocha) son unos inválidos. Es un consumado experto en el uso de la pértiga política, que le permite brincar de un extremo a otro, sin inmutarse. 

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Angelino dice que es oriundo de Buga, pero en realidad nació en Cerrito, en el Departamento del Valle del Cauca, en 1946. La negación de su patria chica no es mero accidente, sino que forma parte de sus cálculos políticos. Angelino afirma que es de Buga, porque de allí también es el Señor de los Milagros, y nuestro candidato es un verdadero milagro social y político. En un país tan desigual e injusto como Colombia, su carrera debe ser considerada como un milagro de ascenso social, porque siendo de origen humilde ha trepado hasta la vicepresidencia de la República, sin importar lo que haya tenido que hacer para abandonar a los sectores populares de donde procede.

Desde muy joven, se integró a la vida sindical y se desempeño sucesivamente como Secretario General de la Federación Nacional de Trabajadores al Servicio del Estado (FENATRASE), miembro de la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia (CSTC) y fue el primer Secretario de la CUT, entre 1986 y 1990. En pocas palabras, Angelino Garzón fue hasta hace un cuarto de siglo un peligroso terrorista y subversivo en el ámbito sindical, pero ahora, afortunadamente, como dicen los izquierdistas, es un renegado, que se subordina por completo a nuestros intereses.

En el espectro político, Angelino ha estado en todos lados: fue de extrema izquierda como militante del Partido Comunista y de la Unión Patriótica, luego paso al centro, es decir, al M-19, y a su Alianza Democrática, después se dirigió a la derecha, ocupando cargos en el pastranismo, y luego llegó a la extrema derecha, a donde se encuentra hoy en día sólidamente instalado, sirviéndole al uribismo y al santismo. Charles Darwin estaría sorprendido de ver tal mutación en la misma especie en tan poco tiempo, lo cual parecería contradecir su teoría, porque es difícil encontrar que una especie hubiera cambiado completamente de morfología en una breve lapso de veinticinco años, y el móvil que explica tan acelerada mutación es el oportunismo. Si Darwin hubiera conocido a tan conspicuo engendro replantearía su teoría y nos estaría hablando de la involución de las especies. Al observar la trayectoria de Angelino, podemos decir, con las palabras del biólogo francés Jean Deutsch, en un artículo con un título que se aplica a nuestro personaje como anillo al dedo, “Historia del sapo que quería superar a Darwin”: “¡Lo que sucede es que el poder de la selección es mucho mayor de lo que el propio Darwin se imaginaba! La evolución no es un fenómeno extremadamente lento, que sólo puede observarse en períodos geológicos de millones de años. Existe, está acá, ocurre dentro de nuestras narices”. Algo similar sucede con la involución, que también es extremadamente rápida, como en efecto lo estamos contemplando en vivo y en directo en Colombia, con el caso paradigmático del actual Vicepresidente.

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Abandonemos las especulaciones biológicas, y demos paso a una presentación más detallada de algunos rutilantes momentos de la camaleónica carrera de nuestro incondicional servidor.

En su época de militante del Partido Comunista y del sindicalismo de izquierda, Angelino era un aguerrido luchador, o esa era la impresión de la gente que lo conoció, cuando participaba en marchas, movilizaciones y protestas y pronunciaba incendiarios discursos veintejulieros, como decimos en el argot político colombiano. Esto lo llevo a alcanzar los altos cargos de la dirigencia sindical e incluso llegó a ser de la Dirección Ejecutiva del Partido Comunista, posición desde la cual asumió la vicepresidencia de la Unión Patriótica, esa organización terrorista creada por las FARC, y que nosotros nos dimos el lujo de exterminar sin reparos en pocos años, hasta matar a 5.000 de sus miembros, incluyendo senadores, diputados, alcaldes, concejales y militantes rasos. A todos los aniquilamos a punta de plomo, muy al estilo colombiano. A uno de los pocos que no matamos, y bien hicimos en proceder de esa forma por todo lo que nos ha servido, fue a Angelino, quien traicionó a los pocos que sobrevivieron de la UP, y se paso a nuestro bando hace más de veinte años.

En Colombia para llegar a las altas esferas del gobierno es imprescindible tener el aval de nosotros, los grandes propietarios. En ese sentido, Angelino recibió el perdón y apoyo del finado Julio Mario Santodomingo en persona, uno de los cacaos (propietarios) de este país, con lo cual le dábamos ingreso oficial a las toldas del establecimiento y a partir de ese momento empezó a limpiar su tormentoso pasado de subversivo y terrorista. Desde ese instante su ascenso ha sido meteórico.

En 1990, Angelino se unió a las fuerzas de la recién creada Alianza Democrática, el nombre de la coalición que impulso el legalizado M-19. Viendo que esa era la ola electoral del momento, Angelino como todo un surfista profesional no dudo ni un minuto en subirse a la cresta de la ola, con lo que logró una curul en la Constituyente de 1991. Como miembro efímero de la efímera Alianza Democrática, Angelino se acercó al cura Bernardo Hoyos en la Alcaldía de Barranquilla, un personaje que se hizo famoso por su acendrada corrupción y otros delitos administrativos.

Cuando el barco del M-19 naufragaba, Angelino lo abandono, como suelen hacer ciertos roedores, y huyó a España con el argumento que había sido amenazado. En ese momento, quien iba a perder tiempo amenazándolo, si ya había pasado la época en que era de la Unión Patriótica y del Partido Comunista, y era uno de los nuestros. Luego de permanecer en España algún tiempo, regreso al país y siguió dando las volteretas que lo han convertido en un verdadero saltimbanqui político. Se acercó a las altas jerarquías católicas, en especial a Monseñor Pedro Rubi-ano (se escriba así por aquello de la pedofilia), por sus proximidades regionales y sus afinidades políticas, cada vez más de derecha, a quien fervorosamente le informó que era un católico convencido, le declaró su arrepentimiento por lo que había hecho en los tiempos en que era ateo y anticlerical, en el Partido Comunista, y cuando había denunciando a las jerarquías católicas como cómplices de nosotros los ricos y poderosos. Angelino le lloró e imploró a Monseñor Rubi-ano y les pidió perdón por las ofensas cometidas.

Concedida la absolución, por la grandeza de espíritu y de corazón que caracteriza a nuestros jerarcas de la iglesia católica, cuando alguien regresa a su redil a servirles incondicionalmente, Angelino empezó a presentarse en público como un ferviente católico, seguidor incondicional del Señor de los Milagros de Buga. La iglesia lo perdonó y bendijo al hijo prodigo, recuperado de las fauces del comunismo y la subversión, y le sirvió de trampolín para que aquél diera otros espectaculares saltos: el primero al ingresar a la Comisión Nacional de Reconciliación que impulsaba la iglesia y el segundo, más notable, cuando brincó directo al Ministerio de Trabajo, en el gobierno de Andrés Pastrana. En dicha cartera no realizó nada digno de mención y siempre firmó con la obediencia de un súbdito los decretos antilaborales de ese gobierno.

Su siguiente salto fue aún más espectacular, porque fue elegido a la gobernación del Valle del Cauca, a nombre del movimiento Convergencia Cívica y Popular, que no tenía ni de lo uno ni de lo otro, sino que era una sigla que servía de tapadera a una estructura política del bloque central Bolívar de los paramilitares. Esa Convergencia avaló a candidatos al Senado y respaldó a Angelino para la gobernación del Valle del Cauca. Con tales apoyos “cívicos y populares”, era lógico que Angelino se limitara a ejercer una gobernación a favor de nosotros, los amos y señores de este país, sin escatimar en el uso del terrorismo de Estado como siempre lo hacemos. Para darse cuenta hasta donde puede llegar un individuo sin ningún tipo de escrúpulos, ni de principios morales, Angelino, durante el tiempo en que fue gobernador, argumentando que era necesario integrar a todas las fuerzas políticas de la región, no dudo en alinearse con sectores de tan dudosa credibilidad como Convergencia Ciudadana, un partido ciento por ciento paraco, y con su senador Juan Carlos Martínez, que ha sido condenado por nexos con grupos paramilitares.

Estas llamativas relaciones políticas, le abrieron las puertas del uribismo, a donde ingreso sin titubear, luego de dejar la gobernación del Valle del Cauca. Durante el gobierno de la Seguridad Democrática, Angelino dio otro nuevo salto mortal, cuando fue incluido en la lista oficial de una comitiva de este gobierno que viajo a los Estados Unidos a hacer lobby ante nuestros amos para que nos aprobaran el TLC. Angelino fue presentado como representante del sindicalismo conciliador y no del sindicalismo armado, como bien lo denomina nuestro Führer criollo. En esta ocasión, Angelino propagó la fabula que nosotros los exponentes de la economía de mercado idolatramos a los sindicalistas, nunca les hemos tocado un pelo, en este país viven como reyes y si algún día perecen es por causas naturales y de viejos, en medio del respeto y el reconocimiento de todos los habitantes de nuestra idílica sociedad. En pocas palabras, en Estados Unidos se juró que Colombia es un ejemplo de democracia sindical, donde los trabajadores viven como Dioses, y a todos les va de maravillas, como a Angelino Garzón.

Luego de realizar esta misión, Uribe lo designó como Representante Permanente de Colombia ante la OIT, con sede en Ginebra, para que continuara con su gran labor de quitamanchas de nuestro proceder criminal. Además, se rumora que Angelino fue designado en este cargo para desbaratar la reclamación que los trabajadores de TELECOM habían adelantado en Suiza contra nuestro Estado de Derecho por haber privatizado esa empresa y liquidado su sindicato.

Por haber cumplido estas tareas a cabalidad, Angelino Garzón fue escogido por nuestro actual mandatario como su formula vicepresidencial, en lo que puede considerarse como una jugada de tahúr profesional, como las malas lenguas juzgan a Juan Manuel Santos. Con esta designación nosotros logramos varios objetivos. Entre ellos vale destacar:

  • Intentamos limpiar la imagen criminal que ostentaba nuestro actual presidente como compañero de ruta de la seguridad democrática, a quien se acusaba, con sólidos argumentos hay que reconocerlo, de ser el responsable directo del asesinato de unos tres mil jóvenes, crímenes que han sido disimulados con el eufemismo de los falsos positivos;
  • Quisimos cambiar la imagen de tecnócrata del actual mandatario, quien desprecia, como todos los de nuestra clase, al populacho, pero por táctica electoral tuvo que presentarse como un político comprometido con los pobretones;
  • Eliminamos una de las trabas que bloqueaban la aprobación del TLC con los Estados Unidos, contando ahora con Angelino como representante de los sindicalistas colombianos, cuando éste dejo de serlo hace más de dos décadas.

Como podemos ver, Angelino tiene todas las credenciales que lo acreditan como un auténtico esquirol de clase, y por ello lo hemos proclamado como nuestro candidato a la Dirección de la Organización Internacional del Trabajo, en donde tiene la tarea, de llegar a ser elegido, de presentarnos como los campeones mundiales en la defensa de los sindicalistas.

Si a nombre del criminal régimen que hemos impuesto en Colombia, logramos llegar con Angelino a la Dirección de la OIT, podemos decir que el cinismo del mundo no tiene límites, porque contar con un representante de nuestro Estado y de nuestro capitalismo gangsteril dirigiendo esa institución es algo así como haber logrado que al lobo feroz se le autorice para cuidar a Caperucita Roja y a un rebaño de mansas ovejas.

(*) Renán Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008.

 


 


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