¿Quién se cree el cuento de que PDVSA es del pueblo?

El pasado miércoles 20, en el auditorio de PDVSA La Campiña, se llevó a cabo una interesante asamblea de trabajadores petroleros en el marco de la discusión del contrato colectivo del sector. Esta asamblea se produce en momentos en que los trabajadores petroleros atraviesan por una difícil situación. Innumerables irregularidades, atropellos, persecuciones y despidos, son el pan nuestro de cada día en las distintas “áreas”, como llaman los petroleros a sus sitios y zonas de trabajo.

Como recientemente nos decía el dirigente de Fedepetrol, José Bodas, “la nueva PDVSA aún no ha nacido”. Efectivamente, con los luchadores que se enfrentaron al paro proimperialista, que gestionaron durante dos meses nuestra principal industria, conviven antiguos meritócratas que se las ingeniaron para regresar a la empresa, bien sea directamente, gracias a colegas que se quedaron agazapados después del paro, con la anuencia de los nuevos tecnócratas “bolivarianos” o indirectamente, a través de las empresas contratistas. Pero las dificultades no se limitan a la pervivencia de “escuálidos” golpistas dentro de la industria, los cuales siguen jugando el papel de correa de transmisión del imperialismo, estas también se expresan en el mantenimiento de la estructura organizacional heredada de la IV República, que hoy utilizan, casi de la misma forma y con las mismas normativas y procedimientos del pasado, los nuevos gerentes, la “nueva tecnocracia”, como la llaman los trabajadores, ungidos por el presidente Chávez, y con la aureola de “revolucionarios”.

El debate y la confrontación, unas veces soterrada, y otras abierta y descarnada, continúa en PDVSA. La lucha de clases sigue manifestándose, y hoy se expresa en la discusión del contrato colectivo y en los problemas que los trabajadores padecen, y que la actual junta directiva no ha resuelto.

En la actualidad, los trabajadores petroleros padecen una serie de problemas en las áreas. Cualquier desprevenido podría pensar que los petroleros están mejor que nunca, después de la gran batalla que junto a las comunidades dieron en la titánica tarea de recuperar la empresa durante el sabotaje, sin embargo, esto no es así. Para que PDVSA sea efectivamente del pueblo, antes tiene que ser de sus trabajadores, y esto aún está muy lejos de concretarse.

En El Palito, en Yagua, en Puerto La Cruz, en el CRP en Falcón, en el Criogénico de Jose, en el complejo de Morón, en el Tablazo, en Barinas, en Apure, en todas las áreas a nivel nacional, se continúa el desconocimiento a la convención colectiva vigente; se desconoce la Ley Orgánica de Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo; no se cumple con la constitución de los comités de higiene y seguridad. Hay un gran descontento por la crítica situación de los trabajadores contratados. No se ha materializado la absorción de los trabajadores que entraron durante la contingencia; personal fijo que no ha sido promovido en muchos años. Hay trabajadores que tienen 12 y 15 años como contratados permanentes, los llamados “prefijos” como se les conoce en la industria. Trabajadores que no devengan el salario que se corresponde con las funciones que ejercen, es decir, no han sido reclasificados después de finalizado el paro. No cuentan con los equipos de trabajo adecuados, lo cual es sumamente peligroso en una industria de alto riesgo. Esta es la realidad de la “nueva PDVSA”, que de nueva tiene muy poco y de vieja, aún conserva mucho. José Bodas, recientemente hizo público –apareció publicado en Aporrea- un documento que se constituyó en una especie de “pliego de exigencias” de los trabajadores del norte de Anzoátegui. Un dossier pormenorizado, trabajador por trabajador, de todas sus necesidades y requerimientos. Esta es la verdadera situación en al empresa petrolera.

La asamblea del pasado miércoles que fue convocada para discutir el curso de las negociaciones del contrato colectivo, se desarrolló en un ambiente de preocupación por la situación laboral que se confronta. Se pusieron en evidencia las críticas contra algunos militares, que, además de las normas jerárquicas heredadas del pasado reciente, quieren imponer una disciplina castrense al interior de la industria. Se habló del nepotismo que campea en todas las gerencias. La nueva tecnocracia “bolivariana” reproduce con creces los vicios de la meritocracia de la IV República; mientras que los atropellos y las vejaciones contra los trabajadores continúan, tal como sucede en Yagua con el capitán Rommel Rangel, quien arbitrariamente prohibió la entrada a las instalaciones de la industria a varios trabajadores que ingresaron a raíz de la contingencia.

Lo que nos quedó claro es que la discusión del contrato colectivo se produce con el trasfondo preocupante de la situación antes descrita. Mientras la convención colectiva avanza a espaldas de los trabajadores, los problemas laborales abundan en las áreas. Como nos decía Eduardo Yaguaracuto, miembro del Bloque Patriótico y trabajador del PCP de Puerto La Cruz: “en la industria petrolera los trabajadores están en peores condiciones que cuando estaba en manos de la meritocracia”.

La asamblea contó con la presencia de Orlando Chirino, coordinador nacional de la UNT y miembro de la Comisión Negociadora del contrato petrolero, Will Rangel, miembro de la Comisión Negociadora y directivo de Sinutrapetrol, Heriberto Bello y Miguel Maduro, ambos también de la Comisión Negociadora y de Sinutrapetrol. Una frase nos llamó la atención y puso en evidencia la situación reinante en la industria, así como las expectativas insatisfechas de los trabajadores. Heriberto Bello, dijo: “yo pensé que esta iba a ser la discusión de contrato más fácil y rápida de la historia”. Sí, era lógico pensarlo. Pero esto no se ha concretado. Por el contrario, hasta ahora ha sido una de las más difíciles discusiones contractuales en el sector petrolero. ¿Quién podía pensarlo? después de la derrota que los trabajadores petroleros propinaran a los golpistas y al imperialismo, con los precios más altos del barril de petróleo en la historia, y con la supuesta existencia de una “nueva PDVSA”, la mezquindad y la confusión son mayores que nunca. Cinco organizaciones sindicales y tres proyectos de contrato en discusión, y una lentitud pasmosa que han hecho que haya llegado la fecha de vencimiento del anterior contrato y aún no se ha aprobado ninguna cláusula.

Sin duda, como dijo Chirino: “este contrato va a poner a prueba si es verdad que esta empresa es de todos”. Y la forma como se discuta el contrato va a ser determinante. Este no puede seguir discutiéndose a puertas cerradas, mucho menos en el Círculo Militar. Su discusión debe socializarse. Como también dijera Chirino: “No es posible discutir un contrato colectivo sin la participación de los trabajadores”. La discusión contractual y la respuesta a los innumerables problemas laborales que confrontan los trabajadores, van de la mano y deben llevarse a cada una de las áreas. Los miembros de la Comisión Negociadora están obligados a “bajar” la discusión al seno mismo del movimiento de los trabajadores y sus organizaciones. Deben hacerse asambleas en las áreas sobre los términos de las negociaciones, y a su vez deben elegirse delegados en cada departamento para que sirvan de enlace entre los negociadores y las bases obreras. Deben aprovecharse los recursos tecnológicos con que cuenta la industria para difundir el proceso de negociaciones; pueden hacerse videoconferencias para hacer un seguimiento permanente de las mismas. Esta es la tarea que tienen por delante los activistas obreros de la industria petrolera. Como bien dijera Eduardo Yaguaracuto en la asamblea del pasado miércoles: “Hay que discutir democráticamente el contrato pero también hay que atender los problemas que tienen los trabajadores en las áreas”.

Miguel Angel Hernández Arvelo
Profesor de la UCV y dirigente de OIR
oir_2001@y[email protected]













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Miguel Angel Hernández Arvelo

Profesor de Historia en la UCV y miembro del comité impulsor del Partido Revolución y Socialismo. Como marxista, Hernández aboga por el definitivo rompimiento con el capitalismo en Venezuela y por la construcción del socialismo.


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