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Caracas, 11 Oct. (Tessa Marsman).- La polémica sobre la construcción de un muro de mil 200 kilómetros en la frontera entre Estados Unidos y México parece encontrar un solo punto de convergencia entre los políticos demócratas y republicanos estadounidenses: no ayudará a detener a los inmigrantes ilegales.
“Muéstrame un muro de 15 metros y yo te muestro unos escalones de 16 metros a la frontera para cruzarlo', comentó esta semana el gobernador demócrata de Arizona Janet Napolitano, citado por el diario The Wall Street Journal.
Muchos demócratas argumentan que este muro es una injusticia contra los inmigrantes hispanos, reconocidos como gente trabajadora y perseverante y quienes, hoy por hoy, conforman una importante fuerza laboral en Estados Unidos.
Además, para muchos otros también resulta paradójico que, mientras EEUU se integra más y más comercialmente con México y Canadá, se implementen restricciones como una frontera amurallada.
El presidente estadounidense, George W. Bush, firmó el viernes pasado en la ciudad de Scottsdale, Arizona (suroeste), la ley para construir el muro, habilitando así la ejecución de la polémica obra.
El Congreso aprobó la normativa en aras “de la seguridad de la patria” la semana pasada, incluidos los 1,2 millardos de dólares para construir la obra.
Pero la aprobación está lejos de representar un consenso entre los legisladores, aunque las objeciones obedecen a los motivos más insólitos.
Algunos republicanos dicen estar preocupados porque, pese a su larga extensión, el muro dejará sin “protección” un área fronteriza de mil 950 kilómetros.
Según expresó el republicano Jim Kolbe al periódico The Washington Post, hay dificultades técnicas que hacen inviable la separación física, como el cruce de ríos y el ecosistema natural de fauna y flora. Tampoco hay suficiente fuerza humana para mantener custodiado el muro.
Raul Salinas, al alcalde demócrata de Laredo, Texas, dijo que el muro es “una idea tonta, que amenaza las relaciones económicas, diplomáticas y sociales que de larga data con México”.
“Va a tener un impacto negativo económico en nuestra frontera”, añade el ex agente del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), citado por el Houston Chronicle de Washington.
El senador demócrata por Vermont Patrick Leahy también criticó la medida contra el país vecino. “¿Nos volvimos ciegos?”, dijo al diario Vancouver Sun de Canadá.
“Es obvio que la persona que quiere construirlo no tiene ninguna idea sobre las características, la historia y la importancia comercial de la frontera. Las necesidades de los estados y comunidades serán afectadas”, añadió.
La gobernadora de Arizona, Janet Napolitano, ofrece una solución que incluye “un programa que permite a los extranjeros que se sometieron un examen de origen para trabajar en EEUU de forma temporal. Sin un programa así, los empleadores estadounidenses continuarán contratando a inmigrantes ilegales y los oficiales continuarán negando que los inmigrantes se mueren en el desierto de Tucson”
Al respecto, el diario Tucson Citizen cita estudios según los cuales hasta un 40% de los inmigrantes ilegales entraron a EEUU con permisos temporales y se quedaron.
El Senado, presidido por el republicano John McCain, aprobó las sugerencias de Napolitano, con el apoyo de la bancada demócrata, encabezada por Edward M. Kennedy.
Querían combinar una reforzamiento de la seguridad en la frontera con un programa para trabajadores-invitados, que permitiría a los inmigrantes ilegales de buscar empleo legal y eventualmente, una residencia.
La propuesta nunca fue aprobada.
El senador democráta Harry M. Reid se burla de la visión limitada de Bush en materia de inmigración.
Bush fue a México este verano y “dijo que estaba en contra del muro, ahora esta dispuesto a conformarse con una media medida inefectiva”, dijo Reid al periódico The Washington Post.
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