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Credito: Rebelion.org |
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A Estados Unidos no le gustó la nacionalización, no le convence la política económica del gobierno boliviano, ni el nuevo rumbo de la política antidrogas y ahora le preocupa un potencial mayoritario apoyo a los candidatos del MAS en la Asamblea Constituyente. Estados Unidos comienzó a perder la paciencia con el gobierno de Evo Morales.
El encargado de presentar el malestar de la administración Bush fue Adolfo Franco, el jefe del departamento de América Latina en la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (Usaid), quien presentó una declaración escrita en un panel, las mismas que contienen, según el diario estadounidense el "último pensamiento" del gobierno de Bush y que fueron reproducidas por el derechista diario Miami Herald.
"Evo Morales y el MAS han seguido dudando sobre la política económica, la democracia y las políticas contra las drogas", dijo Franco.
"El nuevo gobierno boliviano, muchas veces, ha demostrado inclinaciones de consolidar el poder Ejecutivo y promueve reformas potencialmente antidemocráticas a través de la Asamblea Constituyente y otros medios", dijo Franco.
Franco agregó que Morales presiona para que la Constituyente sea parecida a la impulsada por el presidente venezolano Hugo Chávez en Venezuela y que según EE.UU. lle permitió gobernar a Chávez de manera autoritaria, aunque en Venezuela los sectores populares tienen otra opinión.
"Ciertamente no nos gustaría ver el modelo venezolano repetido en Bolivia", añadió Franco.
Entre los puntos citados por Franco está la decisión de nacionalizar los recursos naturales, includidos los del sector energético.
"Además, existe una seria preocupación acerca del poder ejecutivo y sus intromisiones en asuntos judiciales y electorales" dijo.
Franco dijo que USAID apoyaría "el contrapeso para el control de un solo partido, tanto en lo judicial como en la independencia de medios de comunicación, además de la formación "de líderes de una sociedad civil fuerte y educada".
En mayo, el gobierno de Bush se declaró preocupado por la erosión de la democracia en Bolivia. Een esa ocasión, Morales dijo que para apoyar a la democracia, Estados Unidos debería expulsar a Gonzalo Sánchez de Lozada, el expresidente que con apoyo de Estados Unidos y los organismos internacionales impulsó la privatización de las empresas estatales y que en su segundo gobierno ordenó una sangrienta represión que dejó el saldo de 60 muertos. Presionado por la movilización popular, Sánchez de Lozada fugó del país y se instaló en Washington. Un juicio de responsabilidades por genocidio contra este expresidente no avanza debido a las trabas burocráticas impuestas por el gobierno de Bush.
Esta visión de la administración Bush sobre el gobierno boliviano se conoce días después que el gobierno boliviano afirmara que Estados Unidos envía militares a Bolivia "camuflados" de estudiantes para participar en un seminario sobre resolución de conflictos.
En Bolivia, la oposición política liderada por Jorge Quiroga, un hombre cercano al gobierno estadounidense, basa su campaña en permanentes ataques al presidente venezolano.
Las oligarquías bolivianas y los terratenientes secundan esos ataques e impulsan las autonomías departamentales, interpretadas por algunos analistas como un intento de desintegración de Bolivia ya anunciado por analistas ligados al gobierno estadounidense.