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Miguel Lozano
Caracas, 19 nov (PL) El duro enfrentamiento verbal entre Estados Unidos y Venezuela mantuvo esta semana su incremento que pareció sobrepasar al embajador de Estados Unidos aquí, William Brownfield, un crítico habitual del presidente Hugo Chávez.
Sorpresivamente en relación con su beligerancia usual, Brownfield, declinó comentar acusaciones de Chávez contra el presidente George W. Bush y afirmó que tiene cosas más importantes en las que trabajar.
El primer mandatario venezolano había calificado a Bush de genocida luego de un fuerte ataque del subsecretario de Estado de Washington para América Latina, Thomas Shannon, quien acusó a Venezuela de desestabilizar la situación en la región.
"No tenemos tiempo para responder a cada declaración personal de las autoridades del gobierno", dijo a reporteros Brownfield, quien también comentó que tiene "asuntos más importantes".
Quienes pensaron que podría tratarse de un ramo de olivo lanzado al gobierno venezolano, tuvieron que desechar poco después la apreciación, cuando el Departamento de Estado, por medio de su portavoz Adam Ereli, ratificó los ataques a Venezuela.
"No vamos a andar con rodeos para emitir nuestras opiniones y declaraciones según pueda o no reaccionar alguna persona. "Vamos a decir las cosas como son", indicó Ereli.
Para algunos observadores, la contradicción entre la posición de Brownfield y Ereli podría significar la existencia de corrientes aún más agresivas hacia Venezuela en el Departamento de Estado que las expuestas por el diplomático norteamericano.
El incidente anuló, además, los criterios de quienes esperaron que la sustitución de Roger Noriega por Shannon pudiera representar una línea más objetiva hacia Venezuela.
Al respecto el canciller venezolano, Alí Rodíguez, consideró una ingenuidad la esperanza de que el cambio pudiera beneficiar los vínculos: todo indica que difícilmente con esta administración podrá llegarse a una normal relación de respeto mutuo, opinó.
Más allá de las opiniones, la política exterior venezolana recibió hoy el respaldo de una multitudinaria marcha popular en apoyo a Chávez y de condena a las presiones de Estados Unidos, en alianza con el presidente mexicano, Vicente Fox.
Las críticas de Fox motivaron esta semana un enfrentamiento verbal que concluyó con la retirada de los embajadores de ambos países y las denuncias venezolanas de que se profundiza la ofensiva contra la nación sudamericana.
La aparente desautorización del Departamento de Estado al embajador norteamericano en Venezuela puede hacer esperar acciones todavía más duras de Washington, en vísperas de unas elecciones claves para Venezuela.
Pese al reconocido apoyo de Estados Unidos, la oposición venezolana ha sido incapaz de presentar propuestas aceptables para la mayoría de la población con vistas a las elecciones parlamentarias del próximo 4 de diciembre.
En esos comicios, según todo indica, los seguidores de Chávez deben ganar los dos tercios de los 167 asientos de la Asamblea Nacional, un paso que ya Chávez adelantó aprovechará para profundizar los cambios "rumbo al socialismo".
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