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    ¡Palo al Tiburón! Contra el Imperialismo en Defensa de la Soberanía

Fracasa modelo norteamericano de reconstrucción y democracia en Afganistán
Por: Caio Blinder, Folha de Brasil
Fecha de publicación: 07/07/05
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Nota de aporrea: Traducido por Fernando Henriquez

En un momento en que el gobierno de Bush necesita redoblar los esfuerzos para convencer una opinión pública con crecientes dudas de que la invasión a Irak valió la pena, este hace frente a un recrudecimento de la insurgencia en Afganistán.

La escalada de violencia en el país invadido en octubre de 2001 después de los atentados de 11 de Septiembre no podría suceder en peor momento.

El resurgimiento de la insurgencia que, además de efectivos del depuesto régimen radical islámico del Talibán, envuelve militantes de la red Al Qaeda, tiene el propósito, entre otras cosas, de sabotear las elecciones parlamentarias de septiembre próximo, un paso mas en el proceso de estabilización del país. La inestabilidad perjudica el empeño norteamericano de mostrar Afganistán como un modelo de reconstrucción, que tiene el presidente Hamid Karzai, elegido en octubre pasado, como una especie de ejemplo propagandístico.

Hasta hace tres meses atrás, las autoridades norteamericanas se ufanaban del éxito en Afganistán. En abril, el comandante de las fuerzas militares de Estados Unidos en ese país, general David Barno, llegó a afirmar que en cuestión de un año la insurgencia estaría en una situación de casi colapso. Es el mismo optimismo inverosímil que han marcado declaraciones de comandantes militares norteamericanos en Irak y de autoridades del gobierno Bush, después de las elecciones de enero pasado.

Escalada de la violencia

En Afganistán, el optimismo se desplomó ante la realidad de los combates, atentados suicidas, bombardeo de poblaciones civiles por los norteamericanos y ejecuciones por los rebeldes de burócratas del gobierno y funcionarios de grupos de asistencia internacional.

Con la muerte de 16 soldados en la caída de un helicóptero la semana pasada, los norteamericanos tuvieron el mayor número de bajas desde la invasión de 2001 en una operación de combate. En el comienzo de esta semana, la prensa de los EUA acompaña atentamente las búsquedas de los soldados de las fuerzas especiales desaparecidos en una área montañosa en el nordeste del país, cerca de la frontera con Pakistán.

Desde abril, de acuerdo con datos del gobierno de Kabul, ya murieron por lo menos 700 personas --militares y civiles afganos y extranjeros. En este periodo ya fueron 45 las bajas norteamericanas. Son números más modestos que en Irak, pero crece el temor de que igualmente en Afganistán los obstáculos en la contra insurgencia van a exigir más inversiones o el reconocimiento de una definición bastante limitada de que la reconstrucción de este país sea un éxito.

Portavoces militares norteamericanos admiten ahora que la violencia persiste y la Otan (alianza militar occidental liderada por Estados Unidos) traerá un refuerzo de tres mil tropas para intentar garantizar la seguridad en las elecciones de septiembre.

Los boletines de corresponsales de los periódicos de Estados Unidos en Afganistán mencionan cada vez con más frecuencia, un clima de desencanto popular con las tropas de EUA, acusadas de actuar como un imán de atracción para radicales islámicos extranjeros.

Las indicaciones son de operaciones de insurgencia mejor coordenadas y con mayor sofisticación tecnológica. La red Al Qaeda, que usó Afganistán como santuario y campo de entrenamiento hasta 2001, parece estar ensayando uno retorno ambicioso. Si la historia de Afganistán se repite, será muy difícil que el gobierno de Bush diga que se trata de un buen modelo a seguir en la llamada guerra contra el terror.


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