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El mando estadounidense en Bagdad anunció ayer que seis soldados murieron -aunque cuatro de ellos han sido oficialmente dados por desaparecidos hasta su identificación- en un atentado suicida con coche bomba perpetrado en la noche del jueves en Faluya. El comunicado indica, además, que otros trece militares resultaron heridos. Entre las víctimas había algunas mujeres, desveló el portavoz del Pentágono, Bryan Whitman.
El ataque fue el más cruento sufrido por las tropas norteamericanas en Irak en junio, el mes que, con más de cincuenta uniformados muertos, se ha convertido en el más sangriento desde que comenzara el año. Según la fuente, la acción terrorista ocurrió cuando un convoy formado por unidades del Segundo Cuerpo de Marines cruzaba la localidad rebelde, ubicada a unos 50 kilómetros al oeste de Bagdad. Faluya fue escenario el año pasado de una operación a gran escala para reducir a la insurgencia.
Además, en la mañana de ayer, una bomba de fabricación artesana explotó al paso de otra caravana militar estadounidense en la zona de Mohamed al-Qassim, en la autopista este de Bagdad, sin causar víctimas, aunque sí daños a un vehículo militar clase Humvee.
Los últimos atentados coinciden, asimismo, con un creciente malestar por la ocupación en el seno de la sociedad estadounidense. Desde que en marzo de 2003 comenzara la invasión y posterior ocupación del país pérsico, más de 1.740 militares norteamericanos han perdido la vida en combate en territorio iraquí. Sin embargo, uno de los 'halcones' de la Administración Bush, el vicepresidente, Dick Cheney, mantiene que la insurgencia iraquí está «en sus últimas convulsiones». Asimismo, salió al cruce de críticas del senador demócrata Edward Kennedy, quien señaló que «los soldados están muriendo y no hay un final a la vista». La violencia también alcanzó ayer a la prensa. El periodista iraquí Jassem al-Qaisy y su hijo murieron al ser tiroteados por hombres desconocidos cuando circulaban en su coche por una calle del norte de Bagdad. 58 informadores han sido asesinados desde el inicio del conflicto, en marzo de 2003.
Además, un grupo de insurgentes ha volado un tramo del oleoducto que une los yacimientos de Kirkuk con la refinería de Bayi, informó un portavoz de La Compañía Iraquí del Norte. El sabotaje se produjo en la noche del jueves en la zona de Fatha, a unos doscientos kilómetros al norte de Bagdad, y obligó a interrumpir el suministro, detalló la fuente. «Equipos de bomberos luchan para apagar las llamas, mientras que una partida de expertos está ya preparada para reparar la avería y restablecer el suministro lo antes posible», agregó ayer el portavoz.
La refinería de Bayi es la principal suministradora de energía de Bagdad y las ciudades que rodean a la capital por el norte, y cualquier sabotaje a sus instalaciones deja sin electricidad y gasolina a los bagdadíes. Los intereses petroleros, en especial contra los gaseoductos y oleoductos, se han convertido en uno de los objetivos preferidos de los grupos insurgentes que actúan en Irak.
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