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El gobierno de Estados Unidos está preocupado porque el sentimiento antiamericano se propaga por el mundo. Eso indican el Pew Research Center en su informe denominado La extensión del antiamericanismo, publicado a finales de enero, y un reciente reporte de la CIA.
"El fundamentalismo de Washington provocó un periodo de aislamiento, unilateralismo y falta de cooperación con América Latina, donde la guerra contra el terror de Bush importa mucho menos", dice la CIA en un reciente informe sobre la visión que se tiene de Estados Unidos en el mundo.
Estados Unidos intenta frenar el avance del populismo, sobre todo porque tiende a radicalizar el sentimiento antiamericano. La CIA sostiene que "en América Latina, el fracaso de las élites para adaptarse a las exigencias de la democracia y el libre mercado muy probablemente impulse la expansión del populismo y lleve a algunos movimientos, como los indígenas, (...) a considerar métodos más drásticos para obtener lo que ellos consideran un mejor reparto o porción del poder político y la riqueza (...). Aunque para América Latina EEUU sigue jugando un papel clave desde el punto de vista político, económico y militar, se considera que Washington presta muy poca atención a lo que sucede en la región y, que en vez de cooperar en la resolución de los problemas, sólo reacciona cuando las crisis se le vienen encima", dice el informe de la CIA comentado en el diario El País.
La Casa Blanca presentó la Agenda para las Américas 2005. "Si EE UU descuida a América Latina y el Caribe, o da por segura su influencia en la región, el riesgo de una ruptura es muy alto (...). América Latina debería estar a la cabeza en la agenda de la política exterior estadounidense", señala un informe, dirigido por el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, y Carla Hills, la ex secretaria de Comercio de EEUU que negoció el TLC con México y Canadá (Nafta).
El texto propone, sobre todo, avanzar en una asociación para promover la liberalización del comercio, en clara referencia al ALCA truncado en 2001.
Venezuela, piedra en el zapato yanqui
Washington busca el apoyo de Lula, sobre todo, para forzar un giro democrático en Venezuela sin que la región acuse a la Casa Blanca de injerencia.
El funcionario del Departamento de Estado y ex embajador de EEUU en Caracas, Charles Shapiro, se reunió a finales de 2004 con el embajador venezolano en Washington, Bernardo Álvarez, y le dijo directamente: "Ustedes quieren formar un bloque en América Latina y eso afecta nuestros intereses. No lo vamos a permitir".
Esa advertencia, interpreta El País, confirma que la más seria amenaza que se cierne sobre el gobierno de Hugo Chávez, luego de sus victorias electorales de 2004, está en el campo internacional y tiene más que ver con los negocios que con la política.
Los drásticos cambios que pretende imprimirle a la política exterior, cuando corre su séptimo año en el poder, están poniendo a prueba la paciencia de EEUU. El presidente venezolano adelanta una política exterior rezumante de petróleo en la que Venezuela asume audazmente el papel de potencia energética y aparece, en no pocos sentidos, desafiando la hegemonía de Estados Unidos en la región.
Esta "petrodiplomacia" consiste en salir a buscar mercados e inversiones con socios no tradicionales como China y Rusia, y usar el petróleo como catalizador de la integración suramericana, perfilando un eje geopolítico con Brasil, Argentina y Uruguay.
En el universo de programas de cooperación con los países de la cuenca caribeña ha tenido particulares repercusiones el acuerdo con Cuba, un intercambio de petróleo por médicos, educadores, entrenadores deportivos y también asesores militares.
Chávez ha puesto un sello ya claramente antiimperialista en la política internacional de Venezuela para el hemisferio y a Estados Unidos se le acaba la paciencia.
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