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Estos 13 años últimos, EE.UU. emitía unas señales falsas a Rusia, reconoce el congresista norteamericano Kurt Weldon en la entrevista concedida al periódico "Vremia Novostei".
EE.UU. acercó la OTAN a las fronteras de Rusia; se retiró del Tratado de Defensa Antibalística y comenzó a financiar la creación del sistema nacional de defensa antimisiles; sometió a bombardeos a Serbia, aliada de Rusia. En los años 90, EE.UU. consultó a Yeltsin en los temas concernientes a la reforma de la economía rusa. Los norteamericanos sabían que Yeltsin seleccionaba a personas que luego se convertirían en oligarcas, pero no dijeron nada.
EE.UU. estaba al tanto de que ciudadanos norteamericanos estaban implicados en la corrupción en Rusia, pero negaban obstinadamente estos hechos. "Estábamos más interesados en mantener a Yeltsin en el poder que en articular un sistema económico eficaz. EE.UU. debería ser más honesto en sus relaciones con Rusia", dice el congresista.
Kurt Weldon comenta que Estados Unidos tampoco desaprovecharon la oportunidad de anular la vigencia de la enmienda Jackson-Vanick (aprobada en 1974 para restringir los intercambios comerciales con la URSS como respuesta a los problemas con que tropezaban los judíos soviéticos a la hora de tramitar la emigración; dicha enmienda sigue en pie hasta hoy), aunque los presidentes Clinton y Bush tenían la intención de hacerlo.
Weldon opina que para invertir las señales negativas emitidas por Estados Unidos a Rusia en los años 90, la Administración de Bush debe abolir sin demoras la enmienda Jackson-Vanick, promover la cooperación encaminada a mitigar las amenazas, entablar la cooperación en la creación del sistema de defensa antimisiles de EE.UU. y en el sector energético.
Ahora las relaciones entre ambos países atraviesan por una etapa crítica, opina el congresista. Pese a que George W. Bush siente enorme respeto a Vladimir Putin, esto es insuficiente para promover una eficaz política exterior. En los últimos cuatro años, las relaciones entre ambos países se basaron sobre la amistad personal entre los dos primeros mandatarios, pero a otros niveles del poder no se creó un clima de confianza.
Es posible que la falta del apoyo obligue a Vladimir Putin a dar en la política interna (por su cuenta y riesgo) unos pasos que no siempre se comprenden en Estados Unidos. Pero de otro lado, expresa el congresista, la democracia en Rusia jamás será parecida a la de EE.UU..
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