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La Administración Bush crea una falsa sensación de urgencia sobre una amenaza nuclear de un país de Oriente Próximo. Halcones hablan de las conexiones de ese país con el terrorismo. Presentan los esfuerzos diplomáticos europeos para diluir la tensión como un inconsciente intento de apaciguar a un estado canalla en cuya palabra nunca cabe confiar.
El secretario de Estado Colin Powell se hace eco de ominosas amenazas basadas en nuevos datos de espionaje, que se han revelado como dudosos». Un punto y aparte después, el diario ofrecía la solución: «Así es cómo el presidente Bush lanzó al país hacia un innecesario conflicto con Irak en su primer mandato, y hemos estado viendo a lo largo de toda la semana inquietantes señales respecto a Irán».
El editorial acaba reclamando de la Casa Blanca que haga de la lucha contra la proliferación nuclear el elemento clave de su agenda exterior, un objetivo que «sólo se puede lograr mediante la diplomacia multilateral, en la cual EE.UU. trabaje codo a codo con sus aliados europeos, en vez de intentar minarles».
Para ello, las potencias occidentales deben estar dispuestas a cerrar filas detrás de Washington y a enarbolar sanciones económicas creíbles si es necesario. El caso iraní, a juicio del Times, no justifica en ningún caso que altos responsables políticos hayan empezado a hablar en Washington de la «opción militar».
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