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Cheney sería quien hizo añicos la reputación de EEUU como defensor de los derechos humanos. | Credito: AP |
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Tampa 13 de Sept. 2008.- Uno de los libros más vendidos de los últimos dos meses en EEUU es quizá el más riguroso y el que tiene mayor información sobre las torturas y "entregas extraordinarias" de presuntos terroristas a terceros países perpetradas por el gobierno de Bush.
El lado oscuro: cómo la gue rra contra el terrorismo se volvió guerra contra los ideales estadounidenses, de Jane Mayer, fue publicado el 15 de julio por Doubleday Books.
La periodista detalla cómo altos funcionarios del gobierno de Bush, en especial de la oficina del vicepresidente Dick Cheney, se aprovecharon del miedo y la paranoia que se apoderó del país tras los atentados del 11S en Nueva York y Washington para lanzar una "guerra ideológica de trinchera" y "una política deliberadamente cruel, impensable el 10 de septiembre".
Bush respaldó la estrategia en general, pero no fue uno de los principales actores. Podría decirse que Cheney y su jefe de gabinete, David Addington, son los funcionarios a cuyas decisiones vinculadas a los atentados de 2001 se puede atribuir "haber hecho añicos la reputación de EEUU como principal defensor de la democracia y los derechos humanos", dijo la periodista.
En el libro, Mayer se concentra en las "entregas extraordinarias", mecanismo empleado por Washington para capturar a sospechosos de terrorismo y transferirlos, sin pasar por los tribunales, a terceros países en los que, por lo general, son torturados.
"Espero que los lectores adquieran la real dimensión de cuánto se apartó de las tradiciones estadounidenses el gobierno de Bush al optar por no respetar la ley en su guerra contra el terrorismo", señaló Mayer. "Hubo otros errores en el pasado, pero como me dijo el fallecido historiador Arthur Schlesinger hijo, "nunca nada golpeó más a Estados Unidos que esto", concluyó.
LOS CASOS SON PERTURBADORES
Entre los numerosos episodios perturbadores que describe el libro está la última noche de Manadel al-Jamadi, un sospechoso iraquí detenido a las afueras de Bagdad a las cuatro de la madrugada del 4 de noviembre de 2003.
"Una hora después estaba muerto y la autopsia realizada por patólogos del ejército determinaron que la causa del fallecimiento fue homicidio", preció Mayer.
"Al-Jamadi fue conducido primero a una base del ejército, para dar parte de la misión. Allí, los Seal, oficiales de una unidad de las fuerzas especiales de la Armada, lo golpearon, patearon y le pegaron con sus fusiles durante unos 20 minutos", detalla.
Luego fue interrogado por oficiales de la CIA en la cárcel bagdadí de Abu Ghraib, dónde lo colgaron de las muñecas y posteriormente lo mataron.
Ocho Seal recibieron castigos administrativos por este hecho, no así la CIA.