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Hasta El Tiempo y El Espectador ya descubren el proyecto paramilitar. No lo llaman fascista ni denuncian la interrelación entre el fortalecimiento de los paras y la elección de Uribe como Presidente. Pero ya no pueden quedarse callados ante el asalto. La institucionalización del paramilitarismo a través del monólogo que conlleva al proceso desmovilización está configurando el paraestado en Colombia. El escenario de la pacificación como contravía al imaginario del terrorismo está ambientando un proyecto social y político con nuevos símbolos asociados a la imagen de la autoridad, la religiosidad, el señorío y el perdón y la reconciliación sin verdad ni justicia; legalizando el despojo de tierras y derechos laborales; con la participación activa de antiguos enemigos ideológicos y hasta militares, de las iglesias; con aparente participación social a través de cooperativas y asociaciones, prácticas productivas, y un modo de productividad como mecanismo de articulación entre víctimas y victimarios, sustentado en formas peculiares de tenencia de la tierra y en la vinculación al mercado internacional a través de proyectos agroindustriales como el de la palma aceitera y la misma coca.
Entre tanto la revista Semana publica las grabaciones de la negociación en las que se evidencia la farsa. Dice Uribe: "Yo uso mi discrecionalidad como Presidente. Para un buen entendedor, eso es lo que ofrece el Presidente. De hecho se está usando para contener el asunto". "Por la Corte Penal Internacional no hay problema... El hecho de que el gobierno ofrezca un proyecto de ley, que contempla una pena privativa de la libertad, es importante porque bloquea la posibilidad de esa jurisdicción internacional"... "Lo atípico que fue el proceso de Medellín en el que nos revolvieron delincuentes callejeros 48 horas antes y nos los metieron en el paquete de desmovilizados. A pesar de todas esas irregularidades que se presentaron, nosotros validamos el proceso..."
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