Aunque a estos análisis, de la premiación de las producciones de la industrias cinematográficas de USA y sus protagonistas, los espacios informativos de frivolidad les dedican un sin número de líneas de cobertura a los vestidos de marca, las joyas y demás enceres que rodean el “Show Bussines” para mantener la estupidez en las mentes de sus lectores y televidentes, nadie escribe, ni habla ni comenta acerca de lo que está intrínseco ideológicamente en estas premiaciones, y que ha sido una constante en la política de Hollywood en su historia, y se puede ver a escasa profundidad.
A pesar de que Avatar, que solamente por el esfuerzo tecnológico y belleza artística lograda, a mi forma de ver los méritos para ganar un premio cinematográfico, tenía todo el derecho a llevarse todos los premios, el gran ganador de la entrega del Oscar fue “The hurt locker”. ¿Por qué?
La academia de cinematografía norteamericana ha aceptado de manera sistemática y cómplice que los productores de películas tergiversen la historia y le condicionen los mensajes a la audiencia en nombre del arte y de la libertad de expresión, siempre poniendo al gobierno de los estados unidos, sus entidades y héroes como los dueños de la verdad, la libertad y la justicia. Aunque no estoy diciendo nada nuevo con esto, si quiero recordar que los indios, verdaderos norteamericanos, eran los que les cortaban la cabellera en las películas a quienes vencían en la desigual guerra que sostuvieron por su territorio, cuando ahora se sabe que a los mercenarios que conquistaban el oeste norteamericano en la vida real en esa época, les pagaban por cada cabellera de indio que llevaran a los fuertes militares gringos. “Rambo” se cansó de caerles a plomo a los malvados “invasores” de las tierras de los talibanes, a quienes ahora masacran para asegurarse el dominio en el “Drug Bussines” (1). En las batallas de los héroes, como Schwarzenegger (ahora tristemente célebre político), en contras del narcotráfico, los malos son barbudos, vestidos de verde y fuman habanos, cuando todos sabemos que los grandes capitales norteamericanos no van a ceder el multimillonario negocio de las drogas ($ 500.000.000.000 al año) en territorio norteamericano a terceros. Y ni contar de las imprecisiones históricas a favor de una óptica manipulada para encaminar la opinión de las masas de espectadores a matrices de opinión favorables a las guerras de libertad que ejecutan los gobiernos norteamericanos, con la velada intención de adueñarse de los recursos naturales de los países invadidos y darle expansión a las grandes empresas multinacionales quienes son las que verdaderamente imponen las políticas en Washington para el mundo.
Asi que, Avatar, que narra la historia de una invasión de una multinacional en un mundo imaginario y el desplazamiento de sus tierras y de sus tradiciones a una comunidad que finalmente decide luchar y vence al invasor, hecha con un espectacular despliegue técnico y un colorido tridimensional nunca visto en pantalla, “no tiene vida” en los premios “Oscar” delante del héroe alocado y adicto a la guerra, desarmador de bombas plantadas por la gente mala del país que invadieron en nombre de la libertad y la paz, que tenía un arsenal de armas químicas y atómicas que nunca aparecieron, que tenía un presidente a quien ahorcaron en nombre de la justicia, que han masacrado a su pueblo- más de un millón de civiles muertos hasta ahora-para salvaguardarse del odio y envidia que genera en ese mundo hostil el estilo de vida norteamericano, y que todo está hecho en nombre de la seguridad del pueblo estadounidense que vive a miles de kilómetros, quienes vieron caer las torres atacadas por aviones secuestrados, que hicieron justificar en la opinión pública el odio a una raza ,y que ahora sabemos que los edificios fueron demolidas por expertos en demolición militar para moldear la excusa perfecta, a expensas de 3.000 muertes colaterales de sus propios ciudadanos, para la guerra e invasión que tanto necesitaban el pentágono, asi como sus socios de la súper industria de armamento norteamericana para mantener a flote la apología al miedo y la dominación, y para dar paso a las multimillonarias re-construcciones de los destrozos hechos por el ejército invasor licitadas a los amigos de los gobernantes quienes seguramente financian sus campañas y sus cuentas bancarias.
La academia cinematográfica norteamericana avala con estos premios Oscar, una vez más, la política de pillaje de su gobierno en el mundo y mantiene su labor de lavado de conciencia a los ciudadanos norteamericanos asistentes a las salas de cine, donde se educan, y mansamente aceptan la desinformación implícita en los héroes y sus situaciones de Hollywood, como la única verdad histórica, fielmente narrada cinematográficamente.
Una cosa si me llamó mucho la atención: en una de las escenas de avatar, cuando el protagonista le presenta sus credenciales al jefe militar de la compañía invasora, el jefe le felicita por la medalla al mérito ganada por sus servicios “en las selvas de Venezuela”. Tomando en cuenta que esta es una película de un supuesto futuro, en un supuesto mundo lejano: ¿Qué quiere decir Cameron con esa línea en el libreto? ¿Será una visión de Cameron del futuro de nuestra región representada en su película? ¿Sabrá Cameron como y que se está preparando y que ya nosotros lo intuimos por el obvio seguimiento del manual de invasiones que religiosa y metódicamente sigue el águila calva cuando quiere algo?
Lo mejor que puede pasar es que sea solo un diálogo en una película más. Algo imaginado y puesto en escena. Lo contrario, podría desatar lo que el pentágono no ha tomado en cuenta por su arrogancia apoyada en su poderío bélico y que definitivamente será el fin de lo que queda de su dominación en estas tierras. Tierras que cada día crecen en conciencia de sus valores sociales, su identidad, integridad regional, poderío moral y autodeterminación de sus pueblos. Se enfrentan a un ejército de siete millones de soldados y creciendo, que los derrotará.
Rodilla en tierra.
1. Las estadísticas del informe de la ONU sobre la producción y venta de amapolas transformadas en heroína dicen que, desde la llegada de las tropas estadounidenses a Afganistán hasta nuestros días, han tenido un movimiento ascendente en el orden del 500%.
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