Venezuela y la batalla internacional de la Revolución Bolivariana

"Le recordamos esto al señor representante de Venezuela
porque las revoluciones no se exportan; las revoluciones actúan
y la Revolución venezolana actuará en su momento,
y los que no tengan avión listo -como ocurrió en Cuba-
para huir hacia Miami o hacia otros lugares, tendrán que afrontar
allí lo que el pueblo venezolano decida"

ERNESTO CHE GUEVARA
"Discurso en la XIX Asamblea General de las Naciones Unidas"
[11 de diciembre de 1964]



El mundo se unificó. "Recién ahora comienza a ser redondo", había observado Carlos Marx en 1850. Un siglo y medio después, en nuestro siglo XXI, ese proceso se aceleró hasta límites inimaginables. Cada lucha contra el imperialismo, cada nuevo eslabón que logra quebrar o aflojar la cadena de la dominación imperialista, aunque en apariencia pueda presentarse como local o meramente regional, se transforma inmediatamente en un momento de la lucha internacional que hoy persigue, en todo el planeta, el proyecto concreto y realista de "Otro Mundo Posible".



La Revolución Bolivariana, encabezada en Venezuela por el presidente Hugo Chávez, constituye una de las trincheras fundamentales de esa implacable guerra cultural en la que estamos todos involucrados, lo sepamos o no. Los sectores trabajadores y populares de Venezuela hoy viven una mística revolucionaria que mucho recuerda la Revolución Cubana y la de los años iniciales de la Revolución Sandinista. Un entusiasmo que, sin ser triunfalista, eleva la moral de las masas -en particular de las clases trabajadoras- hacia nuevos niveles de enfrentamiento con el poder. En esa mística revolucionaria, el ejemplo rebelde de Cuba juega un papel fundamental, que combina la admiración popular hacia Fidel con el agradecimiento por toda la ayuda cubana en medicina social y en educación.

Es evidente. En Venezuela se está jugando una pulseada internacional. Como se sabe, el 15 de agosto de 2004 se realizará el referendo impulsado por Chávez para legitimar democráticamente las transformaciones sociales actualmente en curso. El pueblo venezolano elegirá si se detiene la Revolución y sus proyectos de educación, vivienda y salud (opción electoral por el SÍ) o, apoyando a Chávez, se rechaza la revocatoria de su mandato promovida a voz en cuello por la intervención norteamericana (opción electoral por el NO).



El protagonista central del referendo es, obviamente, el pueblo de Venezuela. Sin embargo, la batalla que allí se dirime tiene también otros actores, de envergadura internacional.



De un lado, el jefe de la oposición, su guía inspirador, financista y banquero. El sabio, prudente, mesurado y brillante intelectual George W. Bush. Un hombre de letras. Un gran lector. Una luz de la inteligencia contemporánea. Un pensador cuya erudición enciclopédica haría sonrojar a Jorge Luis Borges. Uno de los principales enólogos de la actualidad, cuyo hígado -resistente a los alcoholes más agresivos- ha batido todos los records del mundo.



Junto a él, las grandes cadenas de información, neutrales, veraces, absolutamente objetivas y profundamente desinteresadas... como la inefable CNN -también conocida como "la voz oficial de la Casa Blanca"- y los canales privados de Venezuela.



Del otro lado, los amigos y amigas de la Revolución Bolivariana. En primer lugar, Fidel Castro y la Revolución Cubana quienes, en lugar de dólares o préstamos millonarios, han aportado a Venezuela un tipo de armas sofisticadas y supersecretas: sus miles de médicos y educadores de alta calidad (este armamento tan especial cuesta mucho conseguirlo en el mercado de EEUU). En segundo lugar, el movimiento de resistencia global contra la guerra de Bush, el neoliberalismo y la globalización capitalista. En tercer lugar, la inmensa red de medios de comunicación alternativos, movimientos sociales e intelectuales progresistas latinoamericanos, pero también a nivel mundial.



LA BATALLA DE LAS IDEAS PARA GANAR LOS CORAZONES



Es precisamente en este tercer ámbito, el de la solidaridad internacional y el apoyo de los y las intelectuales progresistas de todo el mundo, donde la Revolución Bolivariana tiene todavía un extenso camino por recorrer. El mismo derrotero que tuvieron que transitar, cada una a su estilo y según su propio ritmo, las revoluciones de Cuba (en los primeros '60) y Nicaragua (en los primeros '80).



¡Para vencer la DICTADURA MEDIÁTICA de Bush y la CNN hay que rodear de apoyo internacional a Chávez y a Venezuela!



Pero hoy en día la pendiente del consenso, escarpada y en subida, es más difícil que en los '60 y '80. Vivimos tiempos globalizados en los cuales el conflicto ideológico se ha tornado fundamental. Los medios masivos de desinformación han ubicado a la lucha por la hegemonía (en palabras de Antonio Gramsci) y a la batalla de las ideas (en los términos de José Martí y Fidel) en el centro de la escena política. ¡Gravísimo e imperdonable error sería subestimarlas! ¡Nada tan peligroso para el campo popular que ceder a la eterna tentación antintelectualista -según la cual "las reuniones y discusiones intelectuales no sirven para nada... son pura pérdida de tiempo"- que tanto daño nos ha provocado! El imperialismo tiene bien aceitadas sus experimentadas usinas ideológicas. Cuentan con toda una red de instituciones destinadas a desmoralizar, neutralizar y, si es posible, cooptar a los intelectuales. Debemos estar alertas. Debemos presentarles batalla.



Ganar consenso, corazones y mentes, razones y sentimientos, rodeando al proceso bolivariano de la mayor solidaridad internacional posible constituye una de las tareas antiimperialistas más urgentes de nuestro tiempo.



Para lograrlo, distintos compañeros y compañeras consustanciados en la lucha ideológica contra el pensamiento único, la dictadura mediática de Washington y la incultura política del apolillado neoliberalismo, han convocado a un Encuentro Internacional de intelectuales y artistas "En defensa de la humanidad" a realizarse en Venezuela durante el mes de diciembre de 2004. La reunión preparatoria tuvo lugar en Caracas a fines de julio, días antes del crucial referendo.



La convocatoria recupera explícitamente la memoria histórica y apela al ejemplo de aquel inolvidable II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas realizado en España en 1937 [existe una antología de ese congreso que reúne en tres gruesos volúmenes los materiales de aquellos encuentros en defensa de la República española. Véase Manuel Aznar Soler y Luis Mario Schneider [compiladores] II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas (1937): Ponencias, documentos y testimonios. Barcelona, LAIA, 1979].



La comparación entre el fascismo de Franco, Mussolini y Hitler con el imperialismo norteamericano del gran pensador George W. Bush no es de ningún modo exagerado. Hoy en día EEUU ejerce un poder militar y mediático muy superior al de Hitler y Goebbels. He ahí la razón de la analogía y el ejemplo histórico. Lo que se está jugando no sólo es el futuro de la Revolución Bolivariana o la superviviencia de la Revolución Cubana. ¡Lo que está en peligro es la humanidad!



Pero no se trata hoy de construir una "Internacional del Pensamiento" como reclamaban en los años '20 Henri Barbusse, Romain Rolland y los miembros de la revista francesa CLARIDAD (de vasta repercusión en nuestra América, donde se fundaron numerosas publicaciones homónimas en las que militó y escribió, por ejemplo, nuestro querido José Carlos Mariátegui). Tampoco se trata, simplemente, de volver a copiar el compromiso sartreano, típico de la década del '50 (cuyo eco dilatado se deja escuchar en los vehementes reclamos contra el neoliberalismo del último Pierre Bourdieu y hasta en la valiente disidencia de Noam Chomsky).



¿Cuál era el límite de aquellas experiencias y proyectos progresistas de antaño? Su problema principal consistía en que en ellos el intelectual era concebido como si fuera completamente EXTERNO a los movimientos sociales. En los '20, la Internacional del Pensamiento presuponía separar al pensamiento de la Internacional (en aquellos tiempos, la III Internacional). El compromiso de los '50, valiente y digno, era un compromiso... con otros, a quienes se apoyaba DESDE AFUERA (en aquel momento, se trataba de la descolonización de Asia y África y de las rebeliones latinoamericanas).



Aunque la perspectiva internacional del pensamiento y el compromiso individual son hoy -después de un cuarto de siglo de mediocridad neoliberal- encomiables, saludables y positivos, ya no alcanzan. Los desafíos ideológicos que nos presenta la globalización se han complejizado y multiplicado. Hoy hace falta algo más. Por eso nace esta iniciativa desde México, Cuba y Venezuela, pero apuntando a un horizonte universal. Para que, sin renunciar a la diversidad de miradas, podamos superar la fragmentación y encontrar formas colectivas de coordinación que, vinculadas estrechamente a los movimientos sociales, puedan continuar y crecer a lo largo del tiempo.



Es en este contexto tan singular en el cual la Revolución Bolivariana -en plena pulseada con el imperialismo norteamericano y su cultura de la domesticación intelectual- puede llegar a convertirse en el núcleo aglutinador a escala mundial.



LOS APARATOS NORTEAMERICANOS DE INTELIGENCIA
Y SU INGERENCIA EN VENEZUELA



La Revolución Bolivariana liderada por Hugo Chávez ha logrado construir un arco de alianzas políticas internas sumamente amplio, base de sustentación de su enfrentamiento con la potencia más poderosa de la tierra. Al mismo tiempo, el consenso popular de Chávez -en medio de una sociedad polarizada al extremo- se ha potenciado luego de su triunfo sobre el golpe de estado de abril de 2002. Sin embargo, a la hora de sumar apoyos internacionales, la Revolución Bolivariana no ha alcanzado todo lo que todavía puede ganar. Sería demasiado conformista contentarse con las simpatías actuales.



¿Por qué Chávez no ha logrado todo el apoyo que su proyecto se merece? Por varias razones.



En primera instancia, por la sistemática y extendida acción de la inteligencia norteamericana. Un ejército de espías, de "fundaciones democráticas", de expertos en guerra psicológica y comunicación de masas se ha encargado de presentar a Chávez como un típico militar golpista latinoamericano, asesino, autoritario, corrupto, reaccionario, antidemocrático, enemigo de la cultura y las libertades públicas.



Una de las principales instituciones que se ha encargado de esta tarea sucia (aplicada en Chile durante 1970-1973, en Nicaragua a partir de 1979 y en muchísimos otros países del mundo) es la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Esta Agencia opera en forma complementaria con el Instituto Republicano Internacional y, sobre todo, con el National Endowment for Democracy (Fondo Nacional para la Democracia- NED). Esta última institución es una entidad formalmente creada por el Congreso de los Estados Unidos para penetrar, dividir, cooptar y manipular la vida política de otros países.

La NED hace hoy de manera abierta lo que antaño ejecutaba la CIA de manera encubierta. De amplia presencia en el financiamiento de la oposición "democrática" en Venezuela, durante los últimos años la NED ha venido a ayudar y a complementar el papel histórico que la Fundación Ford y otras "fachadas culturales de la CIA" -como las llamaba Ángel Rama- han jugado en América Latina para construir artificialmente "oposiciones democráticas", dividir al campo progresista, aislar y desprestigiar a las corrientes antiimperialistas radicales y, finalmente, derribar gobiernos populares. [Hemos intentado estudiar la historia y el presente de estas instituciones de la inteligencia norteamericana, describiendo su modo de operar en el campo de la cultura, las ciencias sociales y los derechos humanos en nuestra investigación "La pluma y el dólar. La guerra cultural y la fabricación industrial del consenso". Publicado en la revista CASA DE LAS AMÉRICAS N°227, La Habana, abril-junio de 2002. También se puede consultar en el sitio REBELIÓN en la siguiente dirección: http://www.rebelion.org/sociales/kohan250402.htm y en la revista LA JIRIBILLA en: http://www.lajiribilla.cu/2002/n74_octubre/1746_74.html].

El financiamiento de la NED a la oposición venezolana es un secreto a voces. Está fuera de discusión. El dinero abunda a raudales. Los mismos que ayer financiaron al gran demócrata chileno Augusto Pinochet en su conspiración contra Salvador Allende; al amante de la constitución y la cultura Jorge Rafael Videla en la preparación del genocidio argentino; y a los defensores de la educación que asesinaban maestros sandinistas en la frontera de Nicaragua con Honduras, hoy están financiando la contrarrevolución venezolana.

En Venezuela, USAID estableció su oficina en Caracas el primero de Agosto de 2002. Su finalidad consistía en "proveer asistencia oportuna y flexible para fortalecer la democracia". Lo que no significa otra cosa que deshacerse del gobierno legítimamente constituido a como dé lugar, con las urnas o, dado que la oposición es minoría y pierde todas las elecciones, a los tiros y golpes de estado.

El 31 de marzo de 2004, Jorge Valero, embajador de Venezuela ante el Consejo Permanente de la OEA, denunció que: "El año del golpe de Estado, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) del Departamento de Estado, también desembolsó dos millones de dólares para apoyar líderes e instituciones venezolanas calificadas como «moderadas» pero que, en la práctica, estaban enfrentadas al Presidente Hugo Chávez". En los seis meses anteriores al golpe de estado, otras seis oficinas del Departamento de Estado norteamericano financiaron con 695.300 dólares conferencias y seminarios contra la Revolución Bolivariana.

Que nadie se llame a engaño. Esos dólares que hoy inundan los bolsillos del antichavismo mediático, político, académico e intelectual ya no tienen color verde, pues están empapados por la sangre de nuestros compañeros, los miles y miles de desaparecidos latinoamericanos.



LOS MILITARES GENOCIDAS

Y LAS CONFUSIONES SOBRE CHAVEZ



En segunda instancia, el proceso de cambios radicales que vive Venezuela no ha logrado aún el apoyo completo de la intelectualidad progresista y de izquierda a nivel mundial porque su presidente es de origen militar. ¿Acaso los militares no han sido en la historia de en nuestro continente asesinos, golpistas, autoritarios y genocidas? ¿Chávez será distinto?

Esas dudas, que aún subsisten en torno a Venezuela, no son caprichosas. Tampoco son producto de "una izquierda que nunca entiende nada y vive al margen del pueblo", como sugieren algunos apresurados nacionalistas que se espantan cuando ven una tela roja en las manifestaciones populares. La distancia frente a los militares latinoamericanos no es gratuita. Tiene una razón objetiva que no se puede esconder con un simple malabarismo verbal.

A lo largo de todo el siglo XX (e incluso desde fines del siglo XIX) la inmensa mayoría de las Fuerzas Armadas del continente americano han sido el brazo armado de las clases dominantes, locales y principalmente extranjeras. Han asesinado hasta el hartazgo. Han fusilado con alegría y entusiasmo. Barrieron con pueblos originarios, con trabajadores urbanos, con campesinos empobrecidos, con estudiantes rebeldes, con curas comprometidos. Sus pesadas medallas no pueden ocultar ante la historia el papel que han jugado: verdugos de sus propios pueblos. Bajo el mandato directo del Ejército norteamericano (que los educó en la tortura y en la doctrina de guerra contrainsurgente) la gran mayoría de los militares latinoamericanos se sintieron durante años ajenos a sus propios pueblos. Su enemigo no estaba fronteras afuera de cada país, sino dentro. El enemigo era el sindicalista clasista, el campesino insumiso, la juventud estudiantil, los sacerdotes tercermundistas.

Es lógico y racional, entonces, que cuando emerge una personalidad política como Chávez, proveniente del seno militar, el campo de la izquierda y progresista mantenga inicialmente distancia o cautela. No es una locura. Tiene una razón histórica abonada con miles y miles de cadáveres y fosas comunes, mujeres violadas, prisioneros torturados, aldeas y pueblos incendiados.

Esa constatación tampoco es "un prejuicio liberal de los intelectuales pequeñoburgueses".

Recordamos perfectamente cuando entrevistamos en 1999 para un periódico argentino -que, dicho sea de paso, nunca nos publicó la nota- al capitán argentino José Luis D'Andrea Mohr, miembro del Centro de Militares para la Democracia (CEMIDA). Indignado y enojado con su propia institución, el Ejército argentino, D'Andrea Mohr nos decía que: "Mirá, la generación de la violencia en la Argentina es responsabilidad de los militares -y yo me incluyo-. Desde el bombardeo a la plaza de mayo en 1955 [golpe de estado contra J.D.Perón], pasando por los fusilamientos sin ley, la proscripción durante 18 años del peronismo, hasta los miles de desaparecidos asesinados al mejor estilo nazi. En Argentina se consumó un verdadero genocidio contra gente desarmada y detenida". Más adelante, este capitán agregaba: "Queda poca gente en el CEMIDA porque hubo un momento en que tuvimos que elegir. Algo muy simple. O estábamos con los desaparecedores o con los desaparecidos. Nosotros elegimos estar con los desaparecidos contra los métodos nazis de nuestros militares. Por eso enfrentamos a la institución militar, al gobierno de Raúl Alfonsín y también al gobierno de Carlos Saúl Menem".

Al finalizar aquella entrevista, cuando nos despedimos en la puerta de su casa, le preguntamos a este capitán si alguna vez se iba a detener en sus denuncias. Nos contestó con orgullo y levantando la voz: "¡NO! ¡No me voy a detener hasta ver a todos estos asesinos en la cárcel!". José Luis D'Andrea Mohr no era -lamentablemente falleció- un muchacho universitario intoxicado o mareado con algunas lecturas marxistas aprendidas de último minuto. Era un militar sanmartiniano que sentía vergüenza y desprecio por las Fuerzas Armadas argentinas. Así lo manifestaba no por conveniencia u oportunismo ante el gran público sino hasta en su intimidad.

La experiencia sangrienta de las dictaduras militares marcó a fuego a varias generaciones latinoamericanas, incluyendo no sólo a la izquierda revolucionaria sino también hasta a militares honestos como ejemplifica claramente el caso emblemático de D'Andrea Mohr.

¿Se entienden entonces las razones de la desconfianza que mucha gente de izquierda sintió cuando vio a un militar como Hugo Chávez al frente del proceso bolivariano?

El imperialismo norteamericano y sus aparatos de inteligencia, a través de sus medios de incomunicación y fundaciones, cabalga sobre esa desconfianza inicial y ha hecho todo lo que tiene a su alcance para dividir, sembrar dudas e inocular un muro de sospechas en torno a Chávez. El mismo camino han emprendido cada vez que algún dirigente radical o movimiento antiimperialista ha osado levantar cabeza frente al amo imperial. Confundiendo al pueblo, yanquilandia ha pretendido igualar a Chávez con su extremo opuesto: los militares golpistas, torturadores y asesinos... entrenados por EEUU en sus escuelas del canal de Panamá.

Por eso mismo hay que dar una batalla para contrarrestar esa propaganda enemiga. Resulta sumamente erróneo pretender igualar a los militares argentinos o chilenos con alguien como Hugo Chávez. Conviene eludir y evitar toda confusión.

¿Cómo entender, sino, que mientras la mayoría de los Ejércitos latinoamericanos bajo la coordinación del Comando Sur del Ejército norteamericano definen a Antonio Gramsci, lisa y llanamente, como "un enemigo subversivo", el presidente Hugo Chávez apela habitualmente a sus categorías políticas para comprender la situación actual que vive Venezuela?.

En la misma perspectiva, resulta interesante comparar la visión que tienen sobre el Che Guevara los militares tradicionales de nuestra América, educados en la doctrina de la "seguridad nacional" (de EEUU), con la recurrente mención que el presidente venezolano hace, cuando se dirige a la juventud venezolana, sobre "el hombre nuevo del que nos hablaba el Che es un ejemplo para elevar la condición humana".

¿Cómo explicar, sino, que mientras la mayoría de los Ejércitos americanos (incluido el argentino...) han participado en la base militar de Ilopango [El Salvador], durante los últimos siete días de julio de 2004, en un simulacro militar antiterrorista titulado "Fuerzas Comando 2004" que integran 16 países latinoamericanos y está dirigido por el Comando Sur del Pentágono y el Comando de Operaciones Especiales del Ejército norteamericano; el presidente Hugo Chávez le ha solicitado a EEUU que lo que quedaba de presencia militar norteamericana en territorio venezolano sea retirado de inmediato?

¿APOYAR A CHAVEZ = SUBORDINARSE A LOS EMPRESARIOS?

En tercera instancia, la transformación social de Venezuela aún no ha alcanzado completamente la solidaridad internacional de la intelectualidad progresista porque, algunas veces, sin duda con buenas intenciones, se ha identificado erróneamente el apoyo a Chávez con el apoyo a diversos gobiernos burgueses de la región. Esa operación propagandística -que se ha hecho para defender a Chávez de las críticas de izquierda- se basa en una dicotomía ilegítima. No habría más opción que la siguiente: o se defiende el nacionalismo o se lucha por el socialismo. Entre uno y otro polo de la disyuntiva no habría vasos comunicantes.

Oponer el nacionalismo radical y antiimperialista de Chávez contra el socialismo marxista, edificando entre ambos una falsa dicotomía excluyente, no sólo resulta políticamente cuestionable en momentos como los que actualmente vive América Latina sino que además implica desconocer la propia tradición teórica del marxismo en este rubro. No sólo Antonio Gramsci analizó el papel progresista que ciertos liderazgos carismáticos podían jugar en el conflicto social de clases (los denominó, en sus famosos CUADERNOS DE LA CÁRCEL, "cesarismos progresivos"). Hasta León Trotsky, un revolucionario que rara vez se dejó tentar por los recurrentes cantos de sirena de la burguesía y sus ideólogos, apoyó con entusiasmo el proceso de nacionalización del petróleo realizado en México por Lázaro Cárdenas en su enfrentamiento con el cruel amo del norte que nos desprecia y nos humilla (varios de esos artículos de Trotsky sobre Cárdenas y el petróleo mexicano están reproducidos en sus ESCRITOS LATINOAMERICANOS). La lista de pensadores clásicos del marxismo resulta tan abultada, en este sentido, que consideramos innecesario seguir enumerándolos.

Si bien es cierto que el nacionalismo radical y antiimperialista no es incompatible con el socialismo -allí está la historia de la Revolución Cubana para demostrarlo-, también es verdad que el apoyo a la Revolución Bolivariana no implica tener que subordinarse automáticamente a gobiernos como el encabezado en Argentina por Néstor Kirchner, quien a pesar de recurrir a una retórica política nacionalista, ha mantenido a rajatabla a un ministro de economía típico de la ortodoxia neoliberal, festejado por todo el empresariado.

En ese sentido, y como una señal sintomática de lo que su retórica encubre, resulta lamentable la decisión del presidente Kirchner de nombrar como observadores argentinos del referendo venezolano a dos políticos tradicionales como Eduardo Duhalde y Raúl Alfonsín. El primero, jefe de las mafias de la provincia de Buenos Aires y "hombre fuerte" del Partido Justicialista ya en tiempos de Carlos Saúl Menem (de quien fue socio directo en las peores épocas de las privatizaciones neoliberales). El segundo, amigo personal de Felipillo González -en España- y de Carlos Andrés Perez - en Venezuela-. Sí, de Carlos Andrés Pérez, el exótico socialdemócrata que declaró recientemente que "A Hugo Chávez hay que matarlo como a un perro" (SIC). Con esos nombramientos Kirchner hace gala, una vez más, de sus múltiples caras políticas. Se declara "amigo de Cuba"... pero envía tropas argentinas a Haití como le ordena Bush; coquetea con el apoyo económico a Chávez... pero se entrevista con los más rancios antichavistas cuando visita Venezuela. Promete ecuanimidad frente al referendo... pero envía como observador a un amigo político de Carlos Andrés Pérez, el más golpista de los golpistas. Los "etc." son demasiados como para continuar describiendo esa política del péndulo que tanto ha caracterizado al mandatario argentino.



LA DEMOCRACIA VENEZOLANA

Y "LA GRAN DEMOCRACIA AMERICANA"



¿Qué nos enseña la historia de nuestra América? Entre muchas otras cosas, que al imperialismo norteamericano le importa un cuarto de rábano la democracia. La verdadera, la que significa gobierno del pueblo, no aquella que promueve la CNN: la de los simulacros de unas cámaras legislativas donde los representantes de las grandes empresas montan una puesta en escena haciendo como si... el pueblo decidiera algo.



Al imperialismo norteamericano sólo le interesa mantener la fachada "democrática" cuando eso conviene a sus intereses. Si los procesos políticos se le van de la mano y los sectores populares comienzan a realizan transformaciones radicales, entonces se pasan las cámaras legislativas y las elecciones por las zonas pudendas del cuerpo humano.



¡Remember Chile, 1973!



Cuando el pueblo y principalmente la clase trabajadora no acepta mansamente el bozal de los patrones (nacionales o internacionales... patrones al fin de cuentas) el imperialismo norteamericano se olvida de Abraham Lincoln y abraza la bandera de Adolf Hitler, la de Augusto Pinochet, la de Jorge Rafael Videla, la del apartheid sudafricano.



A Hugo Chávez y al proceso político por él liderado no lo van a respetar porque se atenga a las formalidades de la ley. Lo van a respetar porque cuenta con el respaldo y la fuerza de un sector ampliamente mayoritario de la población pobre, de los plebeyos, de los humildes, de los trabajadores y sus familias.



¡Qué nadie se haga ilusiones! Como alertaba el Che Guevara, no podemos confiar en el imperialismo (ni siquiera en sus representantes de pelo blanco y cara inofensiva como James Carter) pero ... ni un tantito así.



Hace ya muchos años, si la memoria no nos falla fue en 1986, en una entrevista publicada en Buenos Aires, Tomás Borge había declarado "¡Vamos a civilizar a la burguesía!". ¿Era realista? ¿Era realmente posible "civilizar" a la burguesía? ¿Es realmente posible "civilizar" a los grandes magnates norteamericanos? Sospechamos que las respuestas son negativas. La historia así lo demostró. No sólo no se pueden "civilizar". O los derrotamos o nos derrotan. Las medias tintas, los cafés con leche, los eclecticismos tienen patas cortas. Para que la democracia, la de verdad, la del gobierno del pueblo (no de los magnates), pueda sobrevivir y profundizarse, habrá que avanzar sobre nuestros enemigos históricos. Internacionales y también "nacionales" -el Che solía llamarlos, con gran sabiduría, vernáculos o autóctonos, pero nunca "nacionales"-.



En el caso venezolano, vuelve a plantarse el dilema histórico de nuestra América. O avanzar hacia un proceso de profundización de las medidas sociales radicales o retroceder y caer derrotados sin gloria pero con mucha pena. Para los desconfiados, Hugo Chávez ha dado muestras contundentes -jugándose su propia vida- de que su opción no es precisamente la de rendirse...



Flaco favor le hacen al proceso venezolano los "amigos" que recomiendan y sugieren, ya sea desde una retórica "democrática" o desde una liturgia "nacional" detener el proceso... para así no asustar al imperialismo ni espantar a la burguesía. ¡El imperialismo ya nos conoce! Ya están alertados. Ya vivieron la Revolución Cubana y ya han pasado más de cuatro décadas de insurrecciones y procesos revolucionarios en todo el continente. Nadie los va a tomar desprevenidos ni dormitando. Moderar el proceso venezolano, detenerlo, frenarlo, congelarlo, no engañará al imperialismo, sólo nos engañará a nosotros mismos.



VENEZUELA BOLIVARIANA, ESPERANZA DE LA HUMANIDAD



Venezuela ha abierto una nueva brecha en la dominación continental. Hay que profundizarla. Para eso los sectores amtimperialistas, las diversas y variadas corrientes que se identifican con el socialismo y todos los sectores que hoy en día cuestionan la globalización capitalista deberían apostar todas sus fichas al triunfo del pueblo venezolano. En el referéndum del 15 de agosto pero, sobre todo, mucho más allá del referéndum... La lucha venezolana es parte de una batalla internacional. No hay que postergar el urgente apoyo a este proceso político.



(*) Integrante del Comité Organizador del Encuentro Internacional de Intelectuales y Artistas "En defensa de la humanidad" a realizarse en Caracas, Venezuela, en diciembre de 2004.

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