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    ¡Palo al Tiburón! Contra el Imperialismo en Defensa de la Soberanía

El espejo

El discurso y la unidad de la nación

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Hace pocos días, a su regreso de la gira por varios países, el presidente Chávez tuvo una intervención pública a la cual me quiero referir. Lo hago porque abordó un tema al cual le asigno importancia: el de la unidad nacional. El Presidente relató los logros de su visita a naciones con las que Venezuela fortalece lazos de amistad y suscribe acuerdos económicos, comerciales, culturales y de transferencia tecnológica de indudable valor. Sólo una oposición autista como la venezolana es capaz de negar las bondades de esa relación y la trascendencia de la actividad presidencial. Ésta corresponde a un diseño de política exterior de gran envergadura, que amplía el horizonte nacional y nos conecta a la realidad mundial. Se puede afirmar, sin riesgo de equivocación que, finalmente, Venezuela se salió del marco convencional de las relaciones exteriores y asumió la ejecución de una política soberana y provechosa para la totalidad del país.


Por tal razón se impone que esa política, ampliamente favorable para el interés nacional, tenga referente interno. Es decir, que la comparta la mayoría de los venezolanos. Que cuente con dilatado sustento. En esa dirección apunta lo que Chávez planteó al informar sobre su viaje. Dijo que había llegado la hora de la unidad de los venezolanos, convocada no por el exclusivo interés del Gobierno sino por la conveniencia de todos.

Porque en efecto, una política exterior de tanto aliento, de la cual derivan importantes compromisos, debe contar con el aval de la mayoría. Esto que es imperativo del momento, del proceso de cambio en marcha, exige, no obstante, voluntad para darle cumplimiento. Para que no sea enviado al rincón de la retórica. El pedimento de Chávez es contundente: que una política exterior que coloca a Venezuela en un nivel al que nunca tuvo acceso, de representatividad, respeto y protagonismo, cuente con un apoyo que vaya más allá de la propia fuerza del chavismo, es lo deseable.

¿Cómo lograrlo? ¿Cómo pasar del discurso a la materialización de esta propuesta?
La única manera de lograrlo es mediante el diálogo. Insisto en ello, aún a riesgo de tornarme fastidioso y de levantar ampolla por el efecto que la palabra tiene en algunos. Mas no concibo otra vía. Para que otros compartan con uno determinadas políticas es indispensable dejar de lado aprehensiones, reticencias y la carga ominosa del pasado, para asumir los temas con un mínimo de racionalidad. Chávez entiende que es indispensable darle cuerpo, respaldo plural, a la política exterior. Y si así es -como en efecto lo es-, tiene que dar pasos para acercar a otros factores nacionales. Pero, ¡ojo! no sugiero repetir consensos forzados, gestados en mesas redondas de dudosa reputación; sólo recomiendo darle participación a muchos venezolanos con los que pudiera haber diferencias, lo cual es normal en un proceso con rasgos plurales. ¿Quién le pone el cascabel al gato para que el planteamiento presidencial tenga viabilidad y congregue a amplios sectores? Desde luego que Chávez. Y muchos más.

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José Vicente
Rangel



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