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    ¡Palo al Tiburón! Contra el Imperialismo en Defensa de la Soberanía
El látigo de la contrarrevolución hace consciente los peligros que asechan a la Revolución
La entrada a la Fase Antimperialista
Por: Proyecto Nuestramérica - Movimiento 13 de Abril
Fecha de publicación: 20/05/04
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tus panas

"Cada pescador,
cada estudiante,
cada persona del pueblo
debe aprender a manejar un fusil,
porque es el concepto del Pueblo en Armas"






El pueblo bolivariano ha sido y es víctima de una alianza conformada por gobiernos imperialistas, una oposición agrupada por oligarcas, partidos alineados en una política reaccionaria jamás vista, una cúpula eclesiástica reaccionaria, mafias sindicales pasados a la fila patronal  y de este lado, por un bloque de dirigentes bolivarianos en observación debido a las deficiencias que como dirección han tenido en distintos eventos. Todos juntos, unos de manera conscientes, otros ingenuamente y otros ni tanto, intentan paralizar el proceso revolucionario que el pueblo venezolano ha abierto y ha echado a andar.   No es fácil acabar con una revolución en transito. Todavía nadie ha encontrado un método para ello que no sea la represión más feroz, la matanza de la vanguardia, la ejecución de los líderes o la degeneración y traición  de un sector importante de la propia dirigencia del proceso.   Chávez y los hombres de dirección que lo acompañan, por supuesto, no quieren esto. Pero el olfato del pueblo bolivariano percibe que hay sectores en el gobierno y en las organizaciones políticas que no dan la talla, que están en lo suyo y que aspiran un proceso revolucionario tranquilo, lleno de paz y de apacible relaciones con los adversarios sin advertir el carácter estructural y no voluntario de la violencia en una sociedad como la nuestra.

Este es un hecho objetivo que gira en la cabeza de un sector del proceso, socialmente distinto al bolivarianismo popular, que pretende transitar el camino hacia una paz envenenada que conduce a la derrota del proceso y que no se resuelve a asumir la confrontación de clase que los sectores conspiradores nacionales y extranjeros llevarán hasta su fase terminal  sin ningún tipo de escrúpulos. Justamente por esto, el gobierno y su dirección han sido victimas de sus propias contradicciones.

En el interior del bloque revolucionario ha sido Chávez quién ha tensionado el proceso, incluso colocándose a la izquierda de quienes lo acompañan.  Él ha sido el vínculo con la base y quien arma espiritual y políticamente la vanguardia bolivariana que combate la contrarrevolución monitoreada desde el Pentágono. Al contrario de quienes pretenden derrotar el fascismo demostrándole a los conspiradores que ellos mismos son capaces de estrangular la revolución bajo la bandera de la "democracia" y la negociación de una paz que avala la mas grosera impunidad.  Este sector, componente social de todo proceso revolucionario, ni tan siquiera se plantea la cuestión del carácter social de la revolución (los más conscientes hasta le temen y desde sus sitios de decisión aprovechan para ahorcarla) siendo propensos en cada crisis ha convertirse en un riesgo demostrado, porque son los primeros en forjar una salida por la vía de potabilizar el proceso (hacerlo bebible para el capital) con el pretexto de “salvar la permanencia pacífica de la revolución” a costa de sacrificar hasta al propio Chávez.     

Este escenario recurrente en la historia, coloca en cuestión la estrategia revolucionaria del actual proceso, lo cual insoslayablemente pasa por el problema de la recomposición de la dirección del mismo y de la política dirigida a su defensa.  

Por supuesto que todos queremos que se mantenga el carácter pacifico y democrático de la revolución bolivariana, pero eso no depende de la táctica más perfecta sino de la claridad estratégica de su defensa, la cual debe estar orientada por una respuesta militar bolivariana de los trabajadores y el pueblo junto a sus FAN, todos como parte de la estrategia del Pueblo en Armas, contra cualquier intento violento dirigido a liquidar el actual proceso. Estrategia que “oficializa” el Presidente de la República ante la majestuosa movilización del 17 de Mayo y muy probablemente a sorpresa de todos los que lo acompañaban en la tarima esa tarde.  Pero para ello se hace necesario acelerar cada vez más el carácter protagónico del pueblo bolivariano en revolución. Acertadamente el Presidente llama a masificar la defensa construyendo un ejército de todos, hecho que cualifica la experiencia revolucionaria del 13 de abril en términos de estar preparados ante un escenario de confrontación armada o para responder acertadamente ante una conspiración cada vez más violenta que apuesta al aniquilamiento físico de Chávez. Sin embargo, la voluntad colectiva a la participación activa en la defensa de la nación y la revolución sabemos que solo se logrará a través de la realización concreta de las reivindicaciones masivas demandadas bajo todas las formas de lucha por los trabajadores y al pueblo, e incluso por una clase media que ahora  le sirve de base social a los fascistas. Nos referimos a las demandas políticas de poder y democracia (hoy en día gritadas a rabiar en lo que respecta al espacio político y electoral  bolivariano), las demandas de alternativa al acertijo de la dependencia y la dominación transnacional, las demandas de propiedad sobre la tierra y control social de la producción y la gestión pública (cosas clarísimas a nivel del movimiento campesino o las bases obreras que hoy se organizan en espacios como PDVSA o SIDOR), y por supuesto las demandas sociales que apenas comienzan a tomar forma a través de las misiones: alimentación, salud, educación, vivienda, trabajo, créditos.  El pueblo en armas,  en nuestro caso, es un componente clave en la estrategia de defensa del proceso, que no se puede confundir con un militarismo revolucionario a ultranza y que cobra  sentido con la profundización misma del proyecto integral revolucionario en términos de avanzar en  conquistas  transicionales que le resten espacio a la lógica capitalista del imperio.

Lo anterior viene al caso, porque el pueblo bolivariano (la multitud activa y movilizada que ha sido la luz de una rebelión popular que ya lleva 15 años de vida) ha demostrado, además de su compromiso con el proceso de cambio, su disposición a luchar hasta la muerte por su defensa.  Actos de desprendimientos y de heroísmos impresionantes se evidenciaron durante los días 11, 12 y 13 de abril de 2002.  De hecho, se trataba de un pueblo inerme en la calle, lanzado casi al sacrificio por causa de una dirección política que para ese momento sintetizó una gran deficiencia, producto de su incapacidad y falta de madurez para prever y asumir en su conjunto la resolución de los inminentes peligros que siempre acompañan la lucha de clases y que se agigantan cuando la dirección es gobierno y a su vez conduce un proceso revolucionario nacional enfrentado a una conspiración internacional.    Una dirección que no asimiló la derrota del 11 de abril, que vuelve a cometer errores que fueron aprovechados por la conspiración para producir el descomunal saboteo a nuestra principal industria nacional y que no logra descifrar las claves de la defensa del proceso que están insertas en esos hechos inéditos que protagonizó la unidad del pueblo, los trabajadores y militares bolivarianos. Colectivo de antidirección con el que se confunde en muchas ocasiones el mismo Chávez al menos hasta el momento en que se derrota definitivamente la conspiración petrolera en febrero del 2003 y se comienza a pregonar el principio de “revolución en la revolución” y que ahora, al entrar en su fase “antiimperialista”, pega el salto formal consustancial a todo proceso revolucionario nacional que aspira a deslastrarse de su carácter dependiente y semicolonial.

La ruta contrarrevolucionaria

Es valido precisar y recordar como se distorsiona y a la final se descubren los distintos caminos en que ha desembocado la llamada “Ruta Democrática” de la que tanto habla la oposición venezolana. Recurrentemente, los caminos se bifurcan hacia los atajos inconstitucionales y una y otra vez el pueblo bolivariano los derrota en el marco pacífico y democrático que ha venido construyendo como dinámica de cambio; proceso revolucionario inédito, abierto a partir del 27-F de 1989 y que continua, testarudamente, en proceso constituyente a pesar de los obstáculos.  Aun están recientes, en la memoria del pueblo venezolano, los hechos de una oposición “democrática” que escogió la ruta golpista, en abril de 2002, contra un gobierno constitucional y legitimado siete veces en eventos electorales de participación popular. Nadie olvida la ruta del saboteo y caos económico que posteriormente escogió esta misma oposición “democrática”, en diciembre 2002 y enero 2003, con el objetivo de coronar otra aventura golpista.  Los hechos “pacíficos y de desobediencia civil” que apuntaban a sabotear la Cumbre del G-15, por orden del imperio, y que se convirtieron en ejercicios de control territorial, en sectores urbanos de la clase media, demarcados a fuego, plomo y con apoyo de policías municipales y estatales golpistas que tuvieron sus consecuencias en muertes lamentables y violaciones de todo tipo contra el Estado y sus propios vecinos que eran la inmensa mayoría... la ruta de la Guarimba y del anunciado desmembramiento territorial.  Después la ruta del fraude constitucional que le pretendió imponer al pueblo bolivariano una sentencia mafiosa urdida en la Sala Electoral del TSJ.   Y ahora, la impresionante ruta de la confabulación mercenaria que ha concebido la oposición en conjunto (estando o no estando en Daktari) con los gobiernos de Bush y Uribe en el marco de la orientación del Plan Colombia.

Nuevamente el látigo de la contrarrevolución hace consciente los peligros que asechan a la revolución.  Los recientes hechos indican los ilimitados métodos y mecanismos que una parte importante de la oposición es capaz de activar en busca de sus fines. Se trata de una confrontación donde los enemigos del proceso evidencian, sin ningún tipo de miramientos, hasta donde están dispuestos a llegar y donde se constata una dirección contrarrevolucionaria demencial que se ha ganado a importantes sectores políticos, militares y de la clase media en un plan imperial que para su implementación siempre estará al asecho de cualquier debilidad del proceso para su aniquilamiento.

La entrada a la fase antiimperialista

Sin lugar a dudas que fue necesario que se produzcan todos estos hechos de conspiración contrarrevolucionaria para interiorizar conscientemente la obligatoriedad de discutir abiertamente y tensionar hacia la puesta en práctica de una nueva línea estratégica que revierta por completo la direccionalidad y el concepto de defensa utilizados oficialmente en el curso del proceso revolucionario.  No solo hemos vivido una prolifera experiencia de confrontación, sino que hemos visto como en otros países son barridos por el imperio ejércitos entrenados en guerras y que pasan por procesos de resistencia que indican un cúmulo de variantes de luchas que tienen por centro la lógica del pueblo en armas o ejercito de multitudes.  A pesar de nuestras limitaciones hemos venido colocando esta discusión en la calle, y ahora que se convierte en una política de Estado (al menos del nuevo Estado revolucionario que poco a poco toma vuelo) nos damos cuenta del esfuerzo descomunal y sistemático que implica precisar los niveles organizativos dirigidos a articular y realizar esta tarea. Esto nos impone el reto de afinar mucho más el campo orgánico de la revolución para hacer corresponder la política presidencial con la práctica colectiva.

La entrada en la fase antiimperialista de la revolución, formalizada por Chávez en la manifestación del 17 de Mayo, comenzó en realidad a manifestarse como fenómeno de conciencia colectiva luego de la rebelión del 13 de Abril del 2002.   La evidente participación del departamento de estado en el golpe de estado forzó la proliferación de discursos, consignas, deseos colectivos dirigidos a enfrentar la política imperial en Venezuela. Pero, como decíamos para ese entonces, no había ni presidente ni dirigencia política dispuesta a hacerse eco de esta razón colectiva.  Quizás por ello durante dos años una dirigencia mayoritariamente vaciada de disposición a la lucha por un mundo mejor (confunden mundo con cargo), pudo manipular el escenario político minimizándolo a un ridículo maniqueísmo de confrontación entre ellos -los héroes de la revolución- y un grupo de conspiradores reunidos en la coordinadora democrática y los medios privados. Pero poco a poco se hizo imposible mantener esta lógica de discurso sin reconocer por un lado quienes eran los verdaderos príncipes de este proceso, y por otro lado, quien era el verdadero amo detrás de la partida conspirativa y mediática. La dialéctica revolucionaria obligó finalmente a que se reconozca lo ya conocido: que hoy por hoy la primera gran confrontación la protagonizan el imperio como máquina de muerte y dominio, y la fuerza de liberación en que se ha ido convirtiendo el bolivarianismo de base en toda su diversidad de expresiones. Llegado este momento, el mas genial de los lectores de este fascinante proceso: el comandante Hugo Chávez, primero admite que definitivamente hemos entrado en una fase antiimperialista del proceso, y segundo, saca las conclusiones necesarias de lo que esto representa desde el punto de vista político-militar: la generación de una nueva política de defensa centrada en el principio del pueblo en armas y, como presidente, así la decreta frente a millones de almas.

Empieza a despejarse como decíamos un horizonte efectivamente revolucionario que va a exigir el acoplamiento entre posición antiimperialista y la radicalización del programa democrático y popular de la revolución bolivariana. En nuestro criterio esta doble exigencia implica resolver algunos baches de camino que son esenciales dentro de esta fase antiimperialista. Tenemos entre ellos:

1.       La construcción de una nueva dirigencia revolucionaria que pueda resumir efectivamente lo que es actualmente el campo movimiental bolivariano. Ningún ejército popular que no se convierta en un instrumento del militarismo o una pieza de la manipulación oportunista y electorera se podrá hacer contando con los niveles “oficiales” de dirección revolucionaria actualmente existente. Se necesita una nueva dirección que nada tenga que ver con esta cultura política de la cuarta república centrada en cargos, contratos y candidaturas. Para esto por supuesto necesitamos resolver niveles síntesis del movimiento real ligado a la práctica del poder popular, algo que afortunadamente empieza a resolverse a través de la consolidación de la UNT (Unión Nacional de Trabajadores) y el movimiento campesino, la creación en un futuro próximo del Congreso Nacional del Poder Popular emprendida por Conexión Social, la asunción de los movimientos cooperativos y la coordinación de Círculos Bolivarianos como de los Comité de Tierra y Salud, la consolidación de ANMCLA (Asociación Nacional de Medios Comunitarios, Libres y Alternativos) y de todo el espacio comunicacional alternativo, la integración del campo de las misiones y particularmente de la Misión Vuelvan Caras como espacio masivo de formación político-laboral y generación de nuevas estructuras socio-económicas, y la misma generación de tendencias críticas dentro de los partidos políticos ligados al proyecto bolivariano.

2. Acelerar la transformación de las mismas estructuras de la FAN que en normativas, formación, comportamientos jerárquicos, y estructura funcional, aún conserva las características de aquella Fuerza Armada hecha para garantizar la sociedad oligárquica y neocolonizada que hemos sido por casi dos siglos. Esto será fundamental para garantizar la integración definitiva entre el colectivo popular y las estructuras militares, integración que fracasaría si se hace en base a la estructura armada que hoy tenemos.

3. Se necesita para ello la participación dentro del Consejo de Seguridad y Defensa, últimamente conformado, de miembros directos del espacio laboral y popular, de manera que se pueda obtener en este consejo una política de conjunto desde una visión integral, tal cual la expresa la propia política del “Pueblo en Armas” anunciada por el presidente.

4. Se necesitará filtrar definitivamente todo lo que es actualmente el manejo de las estructuras del ejecutivo y de empresas de primer orden como PDVSA y la CVG. Es evidente la ausencia en estos momentos de una estructura de gobierno que convalide los retos antiimperialistas y de radicalización revolucionaria planteados, incluida la gerencia de instituciones claves como Ministerio de Finanzas, Banco Central, o la petrolera donde empiezan a revelarse situaciones a nivel de sus finanzas, política estratégica, relaciones con el capital transnacional petrolero, gerencia interna, informática, donde no solamente se evidencian comportamientos corruptos sino de orden contrarrevolucionario y conspirativo que chocan con el alto nivel de conciencia y compromiso adquirido por sus trabajadores y mucha de su planta técnica luego de la victoria del 2003.

5. Estos puntos tienen que ser debatidos sistemáticamente por los movimientos populares, sacando de allí una política constante de discusión, organización, movilización, investigación y formación, que en combinación con las actuales iniciativas de formación, como es el caso de la Escuela Negro Primero, puedan ayudar a una justa síntesis entre defensa de la nación, radicalización del programa revolucionario, y características propias del los movimientos populares criados desde una profunda diversidad y autonomía.

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