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Los dueños de las empresas periodísticas, reunidos en su 64 Asamblea General en Madrid, debatieron sobre temas como el diario digital, formación de nuevos profesionales adaptados a las nuevas tecnologías, contenidos y buscadores, la prensa gratuita, los medios y el planeta y los nuevos formatos de publicidad.
Los temas de debate hasta parecieran interesantes, si no fuera porque el interés de tal asamblea no representa las necesidades reales de los periodistas de América Latina, sino las de los dueños de los medios para quienes la noticia sigue siendo una mercancía.
Con su sede en Miami, la SIP “una organización sin fines de lucro dedicada a defender la libertad de expresión y de prensa en todas las Américas”, según lo define en su sitio web, está gobernada por una Junta de Directores, que rinde cuentas durante la Asamblea General anual, cuyas sedes alternan entre Norte y Sudamérica, por lo que extraña que hoy estén reunidos en España. Dice Marcos Hernández, director de la organización Periodistas por la Verdad, que los dueños de los medios se reúnen en el continente europeo porque "ya no hay espacio en América para las mentiras de los mercaderes de la noticia".
Venezuela les preocupa
Presentaron informes de 18 países, encabezados por Venezuela, en los que denuncian agresiones e intimidaciones gubernamentales contra el ejercicio periodístico en naciones como Bolivia, Cuba, Perú, Ecuador, Nicaragua, Uruguay, Brasil y Argentina.
Venezuela estuvo “representada” por Alberto Federico Ravell (Globovisión), Marcel Granier (RCTV Internacional), Miguel Henrique Otero (El Nacional) y David Natera (Correo del Caroní), directores y dueños de medios de comunicación social privados venezolanos, quienes presentaron un informe según el cual la labor periodística es "cada vez más difícil y peligrosa" en Venezuela, donde hay una "impunidad sin precedentes".
Incluso Alberto Federico Ravell, director de Globovisión, aseguró que el presidente Hugo Chávez es una “mala influencia mediática” en la región "lo que pasa es que el mal ejemplo del Presidente en cuanto al trato con los medios, la discriminación de publicidad y concesiones lo están copiando en Ecuador, Bolivia, Nicaragua, es como una mala influencia que la gente nota está saliendo de Venezuela".
David Natera, director del Correo de Caroní, presentó un informe con 43 agresiones contra medios y periodistas entre los que incluyó el asesinato del locutor Oswaldo Vásquez, del vicepresidente del diario Reporte de la Economía, Pierre Fould Gerges, y del periodista de RCTV, Javier García, todos por razones que no tenían nada que ver con el oficio periodístico, de acuerdo a los informes policiales que han esclarecido dichos casos.
Según los informes presentados por los dueños de las empresas mediáticas, en Latinoamérica es prácticamente imposible el ejercicio periodístico, sin embargo en el trasfondo se observa que dichas preocupaciones se refieren a concesiones, publicidad y mantenimiento del “status quo”, más que las condiciones reales para los periodistas.
¿Libertad de Expresión o Libertad de Empresa?
La SIP es lo que Noam Chomsky califica como Medios de Élite “porque son los que tienen grandes recursos y establecen el marco en que opera el resto...si te sales de la línea, si empiezas a sacar historias que no le gustan a los grandes, te lo harán saber muy pronto. Si intentas romper el molde, no durarás mucho...están en la cima de la estructura de poder de la economía privada. Los Medios Élite son básicamente dictaduras jerárquicas, controladas desde arriba. Si no te gusta lo que hacen, vete. Los grandes medios son tan sólo parte de ese sistema”.
Para el catedrático español José Manuel de Pablos, la SIP es la mejor representación posible del concepto de prensa única, los que confunden la "Libertad de Prensa" con su "Libertad de Empresa". “Usan la palabra prensa como si fuera una exclusividad de los caciques mediáticos, sin pudor y con gran cinismo. Hacen causa común contra Venezuela, por ejemplo, a la espera de que por su presión el gobierno diga que las concesiones de radio y televisión tendrán la renovación garantizada y para toda la vida... como ocurría antes. No tienen, pues, ninguna autoridad moral para observar a Venezuela, Bolivia o Paraguay y desviar, a la vez, la mirada de Guantánamo, por poner otro ejemplo”.
La periodista venezolana, y también profesora universitaria, Cristina González, asegura que la SIP es un "club social" de la ultraderecha internacional “son todos unos impresentables y miembros de un club social que viajan por el mundo desacreditando gobiernos soberanos que no se rinden a sus intereses”.
El ministro de Interior y Justicia de Venezuela, Tarek El Aissami, la calificó como "una organización donde se agrupan medios de comunicación de la oligarquía ... ellos son una franquicia del imperio norteamericano, del departamento de Estado norteamericano, desde donde pretenden imponer las directrices" y la acusó de haberse convertido "en un partido mediático de la oposición" al gobierno del presidente Hugo Chávez.
¿Qué les preocupa realmente?
Para De Pablos, la SIP realmente no se preocupa por la censura ni las agresiones a los periodistas "nada de eso preocupa a los empresarios de medios agrupados en la SIp (pongamos esa p en minúscula). Serán los primeros en auto-someterse a auto-censura por ejemplo en todo lo relativo al rey español, como sucede con la casi generalidad de la prensa convencional española. Ni les preocupa la campaña frontal del Grupo PRISA contra Cuba, Venezuela o Bolivia, lo mismo que no les preocupa que ese grupo multinacional impere en medios latinoamericanos, como sucede en Colombia, Chile, México o Bolivia. Lo que les puede preocupar es la deuda gigantesca que tiene a PRISA, en sus apuros, por aquello de poner sus barbas a remojar... Tampoco han dicho nada sobre el cierre de periódicos habidos en algunos lugares, digamos España, por ejemplo”.
La SIP no se pudo reunir en América, ahora usa el escenario europeo, especialmente el español, quizás para recordar el colonialismo. Mantiene sus informes sesgados sobre la “libertad de prensa” en Latinoamérica. Utiliza a sus medios y periodistas para imponer una agenda informativa, que responda a sus intereses económicos o políticos, en el respaldo de gobiernos que no les molesten para el desarrollo de sus tentáculos de poder.
Precisamente, si de poder hablamos, llama la atención que se definan como una organización muy preocupada por la libertad y la independencia, pero acepte entre sus miembros a personajes directamente relacionados con gobiernos como el de Colombia, por ejemplo, cuyo Ministro de la Defensa es el primo del nuevo Presidente anual de la SIP, Enrique Santos Calderón.
La SIP tampoco habla de la participación de los ciudadanos en la construcción de la pauta informativa, se preocupan por su “libertad de expresión” pero poco importa la de los ciudadanos. Que a ellos los dejen “informar” sobre escándalos, temas amarillistas y así distraer a los ciudadanos en cualquier cosa que no afecte su poder ni su “libertad de empresa”. Supongo que son considerados al no invitar a los ciudadanos organizados a participar en sus asambleas, porque no cualquier ciudadano podría pagar una inscripción de 1.600 dólares para la cita en Europa.
klibis@gmail.com
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