principal | EncontrARTE | autores | foro | contacto | nosotros | archivo
    ¡Palo al Tiburón! Contra el Imperialismo en Defensa de la Soberanía

La Paradoja de Edipo
Por: Ramiro Meneses
Fecha de publicación: 11/10/08
imprímelo mándaselo a
tus panas
Algunas veces queremos hacer una gracia pero nos sale una estupidez. Eso le pasó a Edipo. Éste era un joven griego, sano, fuerte y feliz, que amaba a sus padres profundamente. Pero un día, el Oráculo le dijo: Matarás a tu padre y serás marido de tu madre. Edipo, como era de esperar, entró en pánico. Y, para evitarse semejante felonía, decidió partir bien lejos. Pero mientras más se alejaba, más cerca estaba de su trágico destino. En un camino se tropezó con Layo, y en oscuro duelo de espadas, lo mató. Llegó a Tebas, y allí, en un brillante debate de ideas, venció a la Esfinge y se hizo marido de Yocasta. Lo que Edipo no sabía, porque el insidioso Oráculo no se lo dijo, es que Layo y Yocasta eran sus padres biológicos.

Como a Edipo, sucede a muchos: Queremos cambiar el mundo y construir uno nuevo; queremos ser revolucionarios, pero ay, el insidioso Oráculo nos la juega bien fea. Y entre el ser revolucionario o no-revolucionario, la mas de las veces, gana el segundo, y por eso, tantas vacilaciones y traiciones. Ocurre que mientras más rechazas este mundo de injusticias y desigualdades, sin darte cuenta, más lo defiendes, pues el diablo lo llevas dentro, convertido en ideas, en valores y deseos, como una maldición.

Y es que desde pequeño te han enseñado que si quieres ser alguien en la vida, es decir, ser reconocido, respetado, apreciado y querido, es indispensable tener un título, un buen trabajo, un carrazo, tarjetas de crédito, tremenda casa y una mujer que esté bien buena. Si no, olvídate, chao pescao contigo, eres un perdedor. Entonces te afanas por tener todo eso y más. Y vives y mueres por conseguirlo y luego conservarlo y luego superarlo, y luego llenas tu vida de cosas y de infelicidad, y lo peor, las de tus seres queridos; y al final, te mueres víctima del stress y nada te llevas, porque así como viniste, así te vas. Y el mundo sigue igual, o peor.

Te enseñan que tienes que ser mejor que los demás: y quieres que tu carro, tu casa, tu mujer, o tu marido, tus hijos, sean mejores que los míos. Quieres que tu familia sea mejor que la mía, y yo, que mi país sea mejor que el tuyo. Que mi equipo de fútbol o de béisbol le gane al de tu país. Porque somos hermanos, es verdad, pero cuando entramos al terreno de juego (de batalla), olvídate de igualdad, fraternidad y revolución, aquí somos competidores, y aquí venimos a ganar, para demostrar que somos mejores. Porque hemos aprendido que la competencia es el valor más importante en este barranco civilizado, aunque digamos que son el amor y la solidaridad.

Y así, cada día, andamos asesinando al Jesús, al Bolívar, al Che Guevara, que llevamos dentro. Y en su lugar avivamos al Judas, al Carujo o al Santander que nos siembran a cada minuto, y en vez de ser más, somos menos revolucionarios, y algunos hasta contrarrevolucionarios.

Como Edipo, por no saber, vamos errantes, y creemos que basta con trascender el capitalismo para salvar a la humanidad, pero nos abrazamos al mundo civilizado; y es precisamente éste el monstruo que nos devora. Porque no hemos sido capaces de entender que es el modo de vida civilizado, su pensamiento, su visión de mundo, principios y valores, lo que nos tiene condenados a vivir hundidos en la mentira, el engaño y la impiedad.

Ahora, cuando asistimos al impresionante espectáculo del fin de una era que lleva milenios de existencia, algunos sólo ven crisis. Estamos frente al colapso y desplome del mundo civilizado y algunos, inducidos por cierta miopía o ceguera conceptual, sólo ven la crisis del modelo neoliberal, del sistema financiero internacional o del capitalismo. Y como Edipo, arrean hacia el peor de los caminos: intentar reconstruir, remendar, acomodar, lo que ya no tiene remedio. Y esta no es la hora de los curanderos, es la hora de los inventores de la nueva vida

Llegada es la hora de nuevas juntas, de inventar los nuevos caminos, de refundar la vida, renombrar las cosas, transformar las relaciones. Recuerden: Dejad que los muertos entierren a sus muertos, y que ellos hagan sus urnas y sepulten sus cadáveres insepultos: FMI, Banco Mundial, OMC, OTAN, ONU y Consejo de Seguridad, CAN y OEA, y su globalización y su libre mercado y su envilecedora sociedad de consumo.

El mundo nuevo tantas veces soñado tiene que dejar de ser utopía, ha llegado la hora de los atrevidos. Hora de gracia no de morisquetas.


ramiromen@gmail.com
Articulo leido aproximadamente 592 veces

Ramiro Meneses


El pueblo debe estar alerta
Operación Enjambre
Carmen Cecilia Lara
2.13 palabras por muerto afgano
La guerra mata
Xurxo Martínez Crespo
La Tecla Fértil
Chávez y una democracia pujante
Emiro Vera Suárez
¿ Proyectos Socialistas ?
Candelario Reina
No basta rezar
Ramón Márquez
Copyleft 2002, Aporrea.org