Poesía contra fascismo

Memoria de una noche de poesía, música y cine revolucionarios en Londres

Este pasado 11 de septiembre la poesía, la música y la hermandad de los Pueblos fueron los invitados de honor presentes para conmemorar en Londres, justo al lado de la Casa de Francisco de Miranda, la lamentable caída del honorable gobierno socialista de Salvador Allende hace 35 años.

Nuestra embajada de Venezuela en Londres y el Venezuelan Information Centre instigaron a londinenses y latinoamericanos a compartir una noche en que la palabra y las notas musicales conjugadas en letras de militancia hicieron evocación del golpe de Estado contra el primer mandatario latinoamericano marxista electo mediante comicios democráticos.

Una noche antes, en el Bolívar Hall, se presentó y comentó un documental sobre los hechos precedentes, las discusiones reinantes y los incidentes finales con que culmina la asonada en el Palacio de la Moneda en Santiago. Académicos, intelectuales y curiosos principalmente de Londres, y viejos y nuevos activistas latinoamericanos analizamos esa noche los intríngulis del proceso socialista chileno. Y no hubo quienes no intentaran escudriñar los paralelismos entre la situación chilena de entonces, y la venezolana o la boliviana de hoy.

Tal vez esta velada habría pasado por debajo de la mesa si no fuera por un detalle: En el mismo momento en que estábamos conmemorando e intentando descifrar en Londres algunos nudos gordianos de esta tragedia chilena y latinoamericana, en ese mismo momento la derecha de Venezuela en combinación con facciones fascistas del Imperio, estaban complotando el asesinato del presidente Chávez, y seguramente de buena parte de los lideres socialistas de nuestro proceso.

Mientras desde el séptimo arte, la canción necesaria y la poesía conmemorábamos y revistábamos críticamente la caída de este formidable ensayo histórico socialista alcanzado por vía democrática, la misma derecha sanguinaria seguía complotando contra la estabilidad de nuestras democracias, contra el ejercicio de nuestra soberanía y contra el futuro de nuestra Patria Grande.

Al tiempo que el poeta inglés y premio Nóbel de literatura Harold Pinter leía sus poemas contra la invasión a Irak por parte de un país que una vez calificó como "dirigido por una pandilla de delincuentes", otra pandilla fascista y de asalta caminos de la democracia se frotaba las manos ensangrentadas de la venganza y hacía sus cuentas sobre cómo ponerle las manos a la riqueza petrolera de todo un Pueblo.

Mientras escuchábamos canciones como esta compuesta a tres manos en 1973 por Pablo Neruda, Víctor Jara y Patricio Castillo:


Yo no quiero la Patria dividida

ni por siete cuchillos desangrada,

quiero la luz de Chile enarbolada

sobre la nueva casa construida.

Yo no quiero la Patria dividida

cabemos todos en la tierra mía

y que los que se creen prisioneros

se vayan lejos con su melodía.

Siempre los ricos fueron extranjeros

que se vayan a Miami con sus tías.

Yo no quiero la Patria dividida,

se vayan lejos con su melodía.

Yo no quiero la Patria dividida

cabemos todos en la tierra mía

yo me quedo a cantar con los obreros

en esta nueva historia y geografía.


Mientras evocábamos aquellos duros tiempos de dictaduras militares, torturas y desaparecidos en casi todo el continente, la derecha y sus lacayos de siempre, desde la sombra, desde donde gusta actuar a los criminales, en Caracas apuntaban:

"Aquí el objetivo es uno sólo: vamos a tomar el Palacio de Miraflores, vamos a tomar las plantas televisoras, vamos a tomar los objetivos tales. El objetivo tiene que ser uno sólo, es decir: todo el esfuerzo hacia donde está el señor. Si está en Miraflores, hacia allá todo el esfuerzo".

Tal vez a propósito, o acaso para conmemorar la paliza de casi tres décadas de palizas a la izquierda y a los sectores populares, la derecha seguía en Venezuela este 11 de septiembre del 2008 un guión tan asombrosamente al carbón al de aquel otro 11 de septiembre de 1973 en Chile.

Como para entonces en Chile un grupo de militares y civiles con complejos de superioridad decidió qué necesitaba y qué no el pueblo para su bienestar, en Venezuela, este 11 de septiembre, 35 años después, uno de ellos exponía que tenia a alguien que conoce todos los detalles de Miraflores, y "que es el sargento Brito Lombardero, y está con nosotros pues". Y aseguró que él trabaja "en el Servicio de Ingeniería".

Así pues, mientras en Londres leíamos textos de poesía venezolana de poetas que han sido relegados por décadas, poetas que forjaron activismo político y socialista desde la poesía, en Caracas unos militares y unos civiles enemigos de la poesía y de la vida instruían que es necesario tomar "la Comandancia General" con "las tropas adentro", incluyendo "las que están en el mismo cuartel, en el Callejón Machado, a 200 metros de la Comandancia General".

Mientras en el Bolívar Hall en Londres, en cuyas inmediaciones una vez se reunieron Bolívar, Miranda, Andrés Bello y tantos otros insignes héroes de la Patria celebrábamos que ya no están en la Casa Blanca Richard Nixon, Henry Kissinger ni es imperioso salir pedir prestado como entonces, al Fondo Monetario Internacional 21 millones de dólares para poder mantener precariamente a flote la economía de Chile, en Caracas una caterva de mercenarios exponían que tenían ya involucrada “a una unidad que está en el Hipódromo La Rinconada”, para tomar el Palacio de Miraflores”. Y otra unidad, "la que está en el Destacamento 56 de La Mariposa", para disparar sobre Tazón.

Mientras algunos asistentes expresaban en Londres que “ahora todo es diferente. Ya los tiempos no son los mismos y las comunicaciones y las instituciones internacionales no aceptarían ya más estos tipos de asonadas”.

Mientras esto se decía en Londres, los medios e instituciones internacionales radicados en Caracas y buena parte de América Latina y el mundo, bostezaban de aburrimiento. Fastidio de tener que denunciar ante el mundo que los complots siguen en marcha en América Latina acaso casi igual que hace 3 o 4 décadas atrás. No otra cosa explica la política de banalización y reducción al ridículo con que ahora vemos muchos medios e instituciones internacionales tratan un hecho tan grave para la democracia y para el pueblo todo de Venezuela y del mundo.

Mientras algún incauto argüía en Londres esa noche que a diferencia de los militares chilenos, los soldados venezolanos eran pueblo, y ninguno jugaría nunca contra su propia clase, en Caracas un grupo de militares y civiles aseguraban que en el Comando Regional número 5 de la Guardia Nacional: "…dos comandantes, dos tenientes coroneles se encargarán de la situación internamente". Y que también tendrían adeptos en una unidad o batallón de nombre Bolívar, ubicado en Catia La Mar, que vendría a Caracas a participar en el golpe.

Gracias al documental vimos en Londres escenas de cómo a las 11:52 en Santiago de Chile hace 35 años, los cazabombarderos Hawker Haunter iniciaron su ataque a la Moneda. Vimos cómo dispararon en cuatro oportunidades sus cohetes sobre la casa de Gobierno. Y vimos cómo otros dos aviones bombardearon la residencia presidencial, a la sazón defendida por los miembros del GAP.

Casi en ese mismo momento en Caracas, Báez Torrealba estaba aseveraba en una de las grabaciones: "Estamos divididos en cuatro zonas, los que se van a encargar de oriente, occidente y dos centrales. Ahí yo tengo comandantes adentro, coroneles afuera y ... ahí lo más importante, González, es los pilotos. Ya tenemos un piloto con mil horas de vuelo en F-16, el otro es instructor que es el que va a despegar los aviones".

Mientras en el documental chileno vimos cómo varios de los hombres de confianza de Allende fueron retirándose paulatinamente de su lado, en Caracas, 35 años después, un soldado dice: "Ese comandante que es instructor, tiene a unos muchachitos abajo, unos capitanes y unos mayores a quien él les dio instrucción, que están dispuestos a seguirlo a él". Y "el hombre de seguridad dentro de la Base Libertador está con nosotros. Me dijo: 'yo le pongo los pilotos y se los monto en el avión', y él es el comandante, a él no lo van a revisar ni nada. Él es el comandante de la policía".

Pero olvidaron aquellos militares y civiles fascistas de entonces en Chile, y olvidan de seguro ciertos militares y civiles fascistas de la Venezuela de hoy, lo que afirmaba Benjamin Disraeli, que: “El asesinato jamás ha cambiado la historia del mundo”.

Porque, como bien concluía Karl Marx, por más que se los hostigue, los pueblos siempre producen sus hombres y mujeres dignos para llevar a término con dignidad sus luchas. Sus líderes no son fetiches sin los que estarían desarticulados e indefensos sino sus hermanos en la dignidad y el fragor de la lucha. Nuestro máximo líder, comandante en jefe y presidente Hugo Chávez no es así sino un digno mandatario del colectivo en revolución que decidimos ser la mayoría de los venezolanos y venezolanas.


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Luis Delgado Arria


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