Los
medios de comunicación masiva en manos de la derecha global, como
portavoces de la ideología imperial, deliberadamente mienten en torno a
lo que pasa en el mundo y a las causas reales de la situación
prevaleciente local e internacionalmente. Informan lo que quieren, como
quieren, en las dosis que conviene a sus intereses; invisibilizan,
minimizan o abultan los hechos según sus conveniencias del momento;
justifican, condenan, adornan o deforman los acontecimientos en
dependencia de su procedencia y, sobre todo, de lo que representan o no
para las grandes transnacionales y los intereses locales. A partir de
ello mismo, establecen lo bueno y lo malo, lo moral y lo inmoral, lo
correcto y lo incorrecto, lo justo y lo injusto, lo democrático y lo
antidemocrático.
La
reapertura de la Cuarta Flota estadounidense es uno de los temas que
ahora aparecen en las páginas de esos medios que pretenden mostrarla,
por un lado, como necesidad continental y, por el otro, como dictado
imperial; ello porque amén de adornar las cosas, con este tema se
quiere sobre todo intimidar a los pueblos. Este tipo de contradicción
en el mensaje que a éstos se transmite tiene como antecedente más
remoto el requerimiento, instrumento jurídico del colonialismo español
que rezaba al final lo siguiente: “…para
les hacer saber estas cosas enviaba a los cristianos, para que
entendiesen que todos los que quisiesen obedecer serían amparados en
sus personas y bienes, sin hacer agravios, y que los que no quisiesen
obedecer y dejar sus ritos serían castigados como gentes que no querían
el conocimiento de Dios y eran rebeldes a su Rey natural y como tales
se les haría la guerra”.
Origen histórico de los sueños hegemonistas de EEUU
Las
políticas hegemonistas de Estados Unidos sobre el continente americano
se fijaron en dos doctrinas del siglo XIX: la Monroe proclamada
oficialmente en 1823, que consistió básicamente en rechazar la
presencia europea en el hemisferio occidental porque la potencia
americana se reservaba el derecho de sujetarlo a su dominio, y la
doctrina del Destino Manifiesto que definía ese dominio pretendido como
algo destinado por la divina providencia. Pero mientras la primera
encubría los propósitos de dominio con el lema de “América para los
americanos”, la segunda lo declaraba abiertamente:
“Los anglosajones se convertirán en la raza que engendrará rasgos particularmente agresivos con el propósito de imponer sus instituciones
a toda la humanidad, de extender su dominio a todo el globo terrestre.
Si predico con acierto, esta poderosa raza se extenderá a México,
a Centroamérica y Suramérica, a las islas de Océano, a África y a otros
lugares... El destino de dicha raza es expulsar a las razas débiles,
asimilar a otras y transformar el resto hasta que toda la humanidad sea
anglosajonizada”.
No
hay, así, novedad alguna en los planes de hegemonía que Estados Unidos
tiene sobre nuestro continente, como tampoco la hay en la idea de una
flota naval para alcanzar semejante objetivo.
¿Qué representa la Cuarta flota y qué se persigue con ella?
La Cuarta Flota
fue creada en 1943 para enfrentar a los submarinos alemanes que
atacaban los convoyes en América del Sur, pero fue disuelta en 1950
tras haber concluido la Segunda Guerra Mundial que había legitimado su
aparición.
Lo
que se persigue con su reaparición no llama a dudas de ningún tipo,
salvo por la manera de entender los conceptos: “combatir el terrorismo”
(¿?) y “las actividades ilícitas como el narcotráfico” (¿?); enviar un
“mensaje” a Venezuela y a toda la región; “demostrar el compromiso de
Estados Unidos con sus socios regionales, sobre todo con Colombia”,
país cuyo gobierno combate al narcotráfico (¿?) y las FARC; interactuar
con
las armadas de naciones aliadas en entrenamiento bilateral y
multilateral y ejecución de operaciones contra el tráfico ilícito de
armas o drogas en la región; supervisar las tareas de sus unidades militares en América Latina y, no faltaba
más, velar
por la seguridad de los intereses yanquis, como declara entre otros el
Comandante de las fuerzas navales del Comando Sur, James Stevenson.
Para
justificar la reapertura de la flota se dice que es una medida con “un
significado simbólico”; que responde a la aparición de regímenes
antiestadounidenses en la región; que se trata de “una decisión
política, más que militar” y de “una medida de corte más
administrativo”. Con ella, se afirma, se dará continuidad
a operaciones realizadas en los dos últimos años… En esta dirección, se
busca “ajustar el nombre a la realidad”, para tener “una sede
trabajando en conjunto con otros componentes del Comando Sur”, sin que
implique el aumento de presencia militar estadounidense en la región.
Se pinta, pues, no como “una amenaza militar”, sino como “un esquema
disuasivo"; por lo demás, se reconoce que aunque el sistema de
relaciones interamericanas hace difícil el estallido de aventuras
militares unilaterales como las que ha realizado EEUU en otras partes
del mundo; "hay un mensaje de contenido geopolítico en el marco de un
reordenamiento en el hemisferio americano"; reordenamiento que, desde
luego, no le es favorable a los intereses yanquis.
Cuando
se anota que la apertura de la flota es más una decisión política que
militar no se está con ello descubriendo el agua helada. ¿Acaso no
siempre ocurre así, esto es que previo a una guerra hay antes una
decisión política? Justamente de allí deriva la posibilidad o la
inminencia de una guerra en cualquier rincón del mundo.
Los pretextos para intimidar a la región
El
restablecimiento de la flota señala la enorme “importancia” que para
Estados Unidos tiene América Latina y el Caribe, así como la “seguridad marítima en el Sur”, expresa el almirante Roughead. Y como si se dijera cualquier otra cosa, algo sin importancia alguna, se anota que EEUU,
después de estar en Iraq -en el que han muerto ya más de un millón de
personas- y Afganistán, ahora regresa a América Latina. Mas queda claro
que no es del todo así cuando se señala que entre los retos operativos
que enfrentan las fuerzas militares estadounidenses en la región se
encuentra la dificultad para adquirir autorización para operar bases en
la región, bases que, claro está, no tienen como propósito ninguna
asistencia humanitaria, ni atender desastres … a menos que sea para
aprovecharse de éstos en función de controlar más territorios como
ocurrió con el desastre de diciembre de 2004, provocado en el sudeste
asiático por un maremoto de grandes dimensiones.
Pero ¿cuáles son los pretextos para intimidar a la región? Conozcamos lo que al respecto se esgrime como argumentos:
Se sabe que el mensaje “disuasivo” a la región comenzó
a difundirse después que Venezuela, Ecuador y Colombia protagonizaron
un incidente diplomático que tensionó a toda la región, tras el
bombardeo contra un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia en territorio ecuatoriano; se da asimismo, afirman los
medios de derecha, en
momentos en que varios países de la región (entre otros, Brasil,
Venezuela, Colombia y Ecuador) se embarcaron en una incipiente carrera
armamentista. Todo porque Chávez expresara, respondiendo a
la
reapertura de la Cuarta Flota, que ello no asusta a su país en lo más
mínimo, añadiendo, sin embargo, que junto con Brasil se está
“estudiando la creación de un Mecanismo de Defensa Sudamericano”.
A
pesar de lo que pueda parecer a primera vista, la referencia al grave
incidente diplomático referido arriba no está dirigida contra la
Colombia que invade un territorio (dada su condición de principal aliado de EEUU en el continente), sino contra las FARC a la que se acusa de narcoterroristas (a la altura de Al-Qaeda, Hezbollah o Hamas) y
contra Ecuador por darles cabida en su territorio; por algo, el segundo
asunto relativo al momento escogido para difundir el mensaje a la
región tiene que ver directamente con el intento de constituir un
Consejo de Defensa del Sur. En este sentido, no sorprende la afirmación
de que la reactivación de Cuarta Flota servirá para demostrar que el
Imperio sigue incólume, así como para proteger a sus aliados, entre los
que, indiscutiblemente, se destaca Colombia.
Ahora
bien, que la crisis desatada entre Colombia, Venezuela y Ecuador se
estime aún no resuelta, sólo significa que no lo está para Colombia
(urgida de perseguir a las FARC dentro y fuera de su territorio hasta
darles “cristiana sepultura”) ni mucho menos para el Imperio...
Tras
acusarse a los carteles colombianos de la droga de haberse valido hasta
de submarinos de fabricación clandestina para hacer lo suyo,
inmediatamente viene esto otro; a saber, que dichos carteles “no son
los únicos que utilizan submarinos”. Y como es de suponerse, la teja le
cae de inmediato a Chávez, al que se le señala el haber buscado un
acuerdo con Moscú en junio de 2007 para adquirir un total de nueve
submarinos rusos valorados entre 1000 y 2000 millones de dólares. “Eso
alteraría el equilibrio de fuerzas en el Caribe, se apresuran a
concluir los analistas del imperio, con el amarillismo perverso que los
caracteriza. Pero James
Stevenson, jefe del Comando Sur mismo, reconoce que, de antemano, la
armada yanqui evaluaba aumentar su presencia en la región. ¿Esperan con
todo que Venezuela se cruce de brazos?
Otra
dimensión de las cosas relativas a los pretextos para intimidar a la
región, la representan los cipayos del imperio en el continente. Para
muestra obsérvese: "El
que no la debe no la teme", declara a BBC Mundo el Vicealmirante Rafael
Huizi Clavier, presidente del Frente Institucional Militar,
organización integrada por oficiales retirados opuestos a la Revolución
Bolivariana. Hace referencia igualmente al tema de la guerrilla, al de
los vínculos (siempre presentados por la derecha perversamente) del
gobierno venezolano y de otros gobiernos con las FARC y al de las
relaciones con Irán. Con todo, Huizi admite que la urgencia de la
Cuarta Flota se ve determinada por una razón operativa fundamental: la
pérdida de presencia militar estadounidense en el sur del continente,
dado que, en los últimos años, cada vez menos países acceden a
participar en maniobras militares conjuntas con EEUU o enviar oficiales
a capacitarse en academias del norte, lo que, para Huizi, resta
capacidad operativa e influencia a los militares estadounidenses en la
región. ¿No empuja ello a que Venezuela y otros países con gobiernos
progresistas en la región busquen defender sus territorios de forma
conjunta?
Contradicciones en los argumentos aducidos
Es
bueno al menos que, a la par de los “argumentos” que se aducen para
justificar la intimidación imperial contra la región y particularmente
contra Venezuela, se detecten contradicciones insalvables en los
mismos:
Aunque
Huizi –por ejemplo- señala que él no tendría por qué preocuparse, salvo
que atacara a Estados Unidos, lo confrontara y lo declarara enemigo;
reconoce que “en el fondo hay un mensaje a Chávez”; lo que, de una u
otra forma, acusa que el origen del problema no es Venezuela ni su
presidente.
Sostener
que la capacidad “de intervención estadounidense no requiere de la
presencia de la IV Flota para materializarse en una hipótesis de
conflicto”, aunque suene y sea en verdad expresión de prepotencia,
equivale a reconocer que las acusaciones contra Venezuela son meras
patrañas sobre todo porque se acepta que ello tiene todo un sustento
histórico: “No hizo falta para las intervenciones producidas antes
de la Segunda Guerra Mundial, y no hizo falta después: en 1968, con la
invasión de República Dominicana; en 1983, para la invasión de Granada;
o en 1989 cuando fue invadido Panamá”.
Pero
el peso aplastante de todo este engorroso y peligroso asunto de la
Cuarta Flota tiene que ver con temas como el de la seguridad del Canal
de Panamá –lo que se considera vital para el tráfico comercial de EEUU-
y el de dar seguridad al abastecimiento petrolífero de esta nación;
ello dado que aproximadamente un tercio del petróleo que la economía
estadounidense importa proviene de América Latina (México, Venezuela y
Ecuador) y una cuarta parte del África (Nigeria, Angola y Guinea
Ecuatorial). Así lo corrobora inequívocamente el documento de Santa Fe
IV, al señalar lo que llama “los principales elementos geoestratégicos que siguen siendo importantes para la seguridad nacional de Estados Unidos:
“1. Control de los estrechos Atlánticos.
“2. Uso del Canal de Panamá.
“3. Una ruta sureña segura alrededor del Cabo de Hornos. Todos estos están dentro del escenario estratégico naval.
“4.
Seguridad de que los países del hemisferio no son hostiles a nuestras
preocupaciones de seguridad nacional. Además, que los recursos
naturales del hemisferio estén disponibles para responder a nuestras
prioridades nacionales. Una «doctrina Monroe», si quieren”.
Como dice el dicho, más claro no canta un gallo.
A manera de epílogo:
Hablando
de la visión mediática de la derecha en torno al tema que nos ha
ocupado en este escrito, referiremos brevemente lo que expresa al
respecto un reportaje publicado en un periódico local bajo el título
“Surcando el caribe en el USS Kearsarge”. Cualquiera que lo lea
quedará, seguramente, con la impresión de que se hace referencia a un
simple buque ligero de la Cuarta Flota, como si se tratara de algo por
completo inofensivo, al grado que, según refiere el periodista que lo
escribe, “sería nuestra vehículo y hogar por cuatro días en la misión humanitaria (¿?) en cuatro países de América
Latina”.
No por casualidad, refiere el ambiente humano del buque:
“Hay
muchos militares en variados trajes de gala de distintos colores:
blancos, azules, kakis y un azul claro con negro y kepis. Todos muy
formales, muy corteses y algunos, pasados algunos minutos de timidez,
ya más en confianza, se muestran más amenos y comunicativos”.
“¿De
dónde son ustedes. ¿Ah, de Nicaragua? Vamos para allá, a ayudar, señor;
¿y cómo es Colombia, señor periodista?, ¿y qué tal las cosas?, ¿qué les
parece el barco?, y por favor pregunten lo que quieran, que les va
gustar la estadía y pronto vamos a hacer un recorrido por el buque”.
En
la misma tónica, habla igualmente de un breve encuentro que tuvo a
bordo del buque con Don Francisco, el de “Sábado Gigante”, quien le
preguntó cómo estaba la situación de Nicaragua y si en ella aún se
miraba su programa; anota haber tenido la suerte de sentarse “a la par
de una profesora universitaria de San Diego que hablaba español, que
conocía la historia de Nicaragua y ese mismo día había impartido una
charla a los oficiales sobre la situación de Colombia con la presencia
de las FARC”. Obsérvese el detalle, nada inocente, de
mentar la situación de Colombia no con la presencia de Uribe y su narco
estado sino con la de las FARC. Estamos, pues, ante una apología
soterrada de la prepotencia imperial ante los pueblos de Nuestra
América, expresada en este caso a través de la nada inofensiva Cuarta
Flota.
En contraposición a toda idea apologista en torno a La Cuarta Flota, Fidel declara:
“Los
portaaviones y las bombas nucleares con que se amenaza a nuestros
países sirven para sembrar el terror y la muerte, pero no para combatir
el terrorismo y las actividades ilícitas.
“Debieran servir también para avergonzar a los cómplices del imperio y multiplicar la solidaridad entre los pueblos”.
Bibliografía:
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C astro. Fidel.
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Informe Gesson. La Cuarta Flota. http://gessen.wordpress.com/2008/05/22/la-cuarta-flota/
-Fraga, Rosendo. “La Cuarta Flota y los submarinos de Chávez”. http://www.nuevamayoria.com/index.php?option=com_content&task=view&id=507&Itemid=38
-La Cuarta Flota se promueve con ejercicios militares entre Argentina y EEUU. http://www.agenciapulsar.org/nota.php?id=12639
- Lucier, James P. Director de Staff del Comité de Relaciones Extranjeras del Senado de los Estados Unidos. SANTA FE IV: “LATINOAMÉRICA HOY”. http://www.senzacensura.org/public/wp/doc000002406112007.pdf
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- Silva, José adán. “Surcando el Caribe en el USS Kearsarge “. El Nuevo Diario. http://www.elnuevodiario.com.ni/especiales/24296
- Rausseo, Orlando. “La Cuarta Flota, una intimidación imperial contra Latinoamérica”. http://molierico.blogspot.com/2008/04/la-cuarta-flota-una-intimidacin.html
-Redacción BBC Mundo. “El regreso de la Cuarta Flota”. http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_7389000/7389057.stm
sejoelnu532005@yahoo.es