De los espejos de otrora a las guerras económicas de ahora

La política exterior del presidente de Estados Unidos de Norteamérica invitándonos a olvidar la historia negativa en pro de un presente capaz de garantizarnos un futuro próspero en el marco de una verdadera democracia donde la competencia sana propia del libre mercado, según su óptica, es sinónimo de abundancia y de precios justos en los productos indispensables para una feliz existencia, es irónicamente, un discurso sustitutivo de los espejitos con los que otrora sometieron a nuestros aborígenes. Así se iniciaron los imperios para, como sentencio el padre de la patria, dominarnos más por nuestra ignorancia que por la fuerza, sin embargo, tal estrategia a la postre resulto insuficiente y se apeló al expediente de la esclavitud hasta culminar con el uso desproporcionado de la fuerza bélica como ha ocurrido en el medio oriente. En el continente americano y concreta-mente en los países ubicados en su parte sur, la estrategia, en este caso, del imperio estadounidense, ha sido la fusión de la ignorancia y la fuerza lo cual permitió, en el pasado más reciente, la instauración del denominado Plan Cóndor.

Bajó el pretexto de combatir el comunismo que les sorprendió en Cuba, a escasas 90 millas de su territorio sin que ninguna de sus más crueles maniobras lograra derrotarlo, hasta el punto de que el presidente Obama admitiese que sus antecesores estuvieron siempre equivocados y en su defecto hoy pretenda mostrarse como quien conseguirá por la vía diplomática, rescatar a Cuba para la libertad, en tanto, paralelamente conspira contra los gobiernos progresistas para, mediante una guerra económica, hacer que sus respectivos pueblos sufran los rigores de la falta de productos esenciales para su sobre-vivencia y acusar a los sistemas anti imperialistas de cuanta desgracia ellos mismos ha propiciado, es parte de la nueva estrategia del pentágono a quien Obama obedece incondicionalmente. No obstante en Cuba, todo lo contrario de cuanto esperaba el gringo, el gobierno revolucionario se ha exhibido solidaria con los países que abogan por su soberanía y, especialmente con Venezuela. No en vano en una de las preguntas formuladas por un periodista, al presidente Obama en Argentina, le recordó como Estados Unidos apoyo siempre a las dictaduras militares en Sudamérica, invitándole a pedir perdón por la oprobiosa conducta de sus antecesores. El colega es cuestión, por consiguiente se estaba refiriendo al plan cóndor, un sistema de represión política de tinte anti-subversivo que aplicaran las dictaduras militares por Hugo Banzer, Augusto Pinochet y Jorge Rafael López Videla, gobernantes de Bolivia, Chile y Argentina, respectivamente. Todos, reprimieron brutalmente a los lideres de izquierda.

El dictador argentino, general López Videla, encabezó la represión que dio lugar a torturas, fusilamientos y desaparecidos. En el Perú se conoció que el militar Francisco Morales Bermúdez actuó dentro del Plan Cóndor. Venezuela y Colombia no serían la excepción de contar con dictaduras militares encabezadas por los generales Marcos Pérez Jiménez, (cuyo gobierno junto a las "democracias" que le siguieron, disputan a Argentina el fenómeno de los desaparecidos) y Rojas Pinilla quien junto al gobierno democrático de Álvaro Uribe Veles, tienen en su haber la figura de los falsos positivos consistente en asesinar líderes populares de izquierda como si se tratara de terroristas. En consecuencia el discurso de Obama y su política internacional, lejos de reivindicarlo como un demócrata distinto a quienes le presidieron no ha logrado conseguir su objetivo en sus visitas a Cuba y Argentina y es que estos pueblos, pese a los cambios circunstanciales de gobierno en Argentina y la perdida de la Asamblea legislativa en Venezuela, luego de Chávez, ya no son los mismos.


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Mauro Briceño Prato


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