La humanidad debe hablar ahora o, acaso, callar para siempre

El imperialismo yankee el gran enemigo de los pueblos

Estos tiempos de abusos sin medida por parte de los EE.UU., me hacen evocar aquellos en los cuales el mundo pudo evitar la tragedia y no lo hizo. Dos hombres y dos gobiernos tuvieron la oportunidad de haber levantado con fuerza su voz y no lo hicieron. La actitud bravucona de Adolfo Hitler hacia presentir el desastre. Neville Chamberlain, primer ministro inglés, y Eduard Daladier, jefe del gobierno francés, tenían en sus manos la posibilidad de haberlo evitado -como todo lo que se hace bien, a tiempo. La maquinaria propagandística alemana, dirigida por el doctor Goebbles demostró ser un arma efectiva y paralizante. Neville Chamberlain volvió el 30 de septiembre de 1938 a Londres afirmando: “Creo que a nuestra época le ha llegado la hora de la paz”. El resto lo conocemos todos. La segunda guerra mundial con todos sus horrores se abatía sobre la humanidad. Pudo más el temor, el rastrerismo y la complacencia ante el poderoso que la dignidad.

Hoy, cuando vemos la complicidad por acción u omisión de los gobiernos y dirigentes más significativos del mundo no deja de causarnos escalofríos la repetición de las mismas cobardías. El asesino George W. Bush, junto a la camarilla genocida y fundamentalista que gobierna en el país más poderoso del planeta luce desbocada, fanfarrona y arrogante ante una dirigencia mundial paralizada, miedosa y alcahueta. EE.UU., encadena, una tras otra, ofensas y agresiones sin el menor pudor. Consciente –como en su tiempo lo estuvo Hitler-, de que nadie dirá esta boca es mía. Reitero que se está imponiendo la suicida práctica de que esas amenazas son para los otros o bien se esperan las migajas que caigan de la mesa luego del banquete del león. Algunos piensas que nunca les tocará a ellos. Igual pensaban los líderes europeos en 1938. Sólo que el monstruo no satisface su de poder y sangre nunca y tarde o temprano irá contra ellos. ¿Cuándo?, cuando por alguna razón de poder el monstruo lo considere oportuno.

EE.UU., es una amenaza mortal para toda la humanidad. Eso lo saben bien las potencias económicas del planeta. EE.UU., posee un despliegue militar gigantesco e intolerable junto a una visión estratégica clara. El resto de países que bien podrían hacerle frente no lo hacen por complicidad o por falta arrestos. Personal militar estadounidense está presente en 135 países de los casi 190 que integran la ONU. Los países que no tienen presencia militar directa están en el radio de acción para acciones de los grupos de acción rápida del imperio. Nadie escapa a la posibilidad de un ataque preventivo conforme a la nueva e inmoral doctrina de guerra de los EE.UU.

A esta inaceptable presencia militar, EE.UU., añade una presencia casi invisible pero abrumadora. De las 500 grandes corporaciones transnacionales del mundo casi la mitad es estadounidense. El dominio en el ámbito de la tecnología de la información, las finanzas y la industria militar es aún más aplastante. Un dominio menos visible pero no por ello menos eficiente. Las decisiones de los organismos multilaterales financieros dependen todas de la opinión de Washington. Del mismo modo, es en Washington donde se elabora la lista de estados terroristas según su conveniencia y también se decide que obras pueden construir los estados, por ejemplo, de Latinoamérica. La ruta que uniría al Perú con Brasil a través de la amazonía fue suspendida por decisión de Washington. El FMI o el Banco Mundial obedecen a mandatos directos de la Casa Blanca.

El poder mediático está casi en su totalidad bajo la dirección de Washington. El gobierno estadounidense dirige la agenda noticiosa de las grandes agencias internacionales de la información. Igual ocurre con la inmensa mayoría de los grandes medios de comunicación escritos, radiales o televisivos. En esta forma la Casa Blanca decide a cuales noticias dar cobertura y seguimiento, y cuales deben ser ignoradas. Cualquier gobierno renuente a los mandatos de Washington paga el alto precio de la constante fabricación de noticias creadas en los laboratorios de guerra mediática controlados por el Imperio. A esta feroz violación del derecho humano a la información han añadido la creación de organizaciones no gubernamentales encargadas del control de calidad de la democracia, la corrupción y los derechos humanos en todo el planeta. Ser señalados como violadores o como fielísimos cumplidores de estos paradigmas lo decide la Casa Blanca. Así se convierte una democracia legítima en terrorista y una dictadura grotesca en estado democrático. Un terrorista en “disidente” y un demócrata en terrorista.

Desde estas enormes empresas mediáticas llegan hasta los pueblos del mundo los mensajes propagandísticos inscritos en el plan de dominación universal del monstruo. No hay duda, los pueblos deben defenderse ya que los gobiernos no lo hacen ni lo harán. Hay demasiado lacayismo y miseria. El imperialismo estadounidense es el enemigo real más grande de todos los pueblos del mundo. Un imperialismo real y genocida. Un imperialismo que -salvo los ejemplos de la heroica Cuba , de la Venezuela Bolivariana y ahora de Irán e Iraq-, cuenta para sus propósitos, con el silencio cómplice del resto de los gobiernos del planeta. Unos por identidad ideológica, otros por pusilanimidad manifiesta y otros por un temor que los paraliza. Al final, sólo los pueblos podrán salvarse a sí mismos. Para los venezolanos la hora está clara. Hay que enfrentar al imperio con la fuerza de la moral. Alzando la voz. Denunciando y poniendo en evidencia, con todos nuestros medios y fuerzas, la inmoralidad del imperio y sus apañadores de esta mala hora para la humanidad.

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Martín Guédez


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