Desde hace ya un cierto tiempo el gobierno federal de los EEUU ha puesto en funcionamiento un mecanismo (certificación) con el cual pretende “premiar” o “castigar” a los países que, en su opinión, hayan realizado avances efectivos en la lucha contra la producción y tráfico de drogas o por el contrario muestren en su actuación debilidad o complicidad con estas actividades.
Obviando la arrogancia, prepotencia e injerencia que sobre las actividades internas de naciones soberanas este tipo de políticas supone es necesario hacerse varias preguntas al respecto:
1) ¿Con que derecho la nación que más drogas consume en el mundo y que más dinero proveniente del narcotráfico blanquea en su sistema financiero dictamina quien es “bueno” y quien es “malo” en la lucha contra este flagelo?2) ¿Persigue en realidad el gobierno de los EEUU combatir la producción, tráfico y consumo de drogas en el mundo o por el contrario las actividades antidrogas de sus organismos de seguridad son apenas una excusa o un instrumento para la obtención de fines políticos y geoestratégicos?
3) Por último y no por ello menos importante ¿Quién certifica al gran sistema financiero internacional a través del cual se lavan y blanquean miles de millones de dólares al año provenientes del narcotráfico?
Acerca de la primera pregunta es necesario acotar que los EEUU poseen un mercado ilícito para las drogas que ronda los 40 millones de consumidores habituales que a su vez generan ganancias a la industria del narcotráfico por el orden de los 500 mil millones de dólares al año, dinero este que en un 94% jamás sale de territorio norteamericano, es decir, es lavado y legalizado por la banca norteamericana.
En los EEUU se calcula que un 5.3% del producto interno bruto proviene del negocio de las drogas ilícitas. En ese país, uno de cada cuatro adultos consume o ha consumido drogas ilegales al igual que el 40% de la población escolar.
Es de una hipocresía repugnante el que se le imponga a otros países certificaciones, sanciones o fumigaciones cuando es un secreto a voces que la mayor parte de la marihuana que se consume en los EEUU se cultiva en Oregón, Arkansas y sobre todo en California donde con la protección de las paraestatales de la droga y el aporte de la biotecnología se producen anualmente espléndidas cosechas de “California Dream” variedad 15 veces mas potente que la cannabis en forma silvestre.
De igual forma laboratorios ubicados en New Jersey, Washington y Los Ángeles producen más de la mitad de las drogas químicas (Éxtasis, Ice) que se consumen en el mundo.
En cuanto a la segunda interrogante aquí planteada, hay demasiadas evidencias en la historia mundial contemporánea acerca de la falta de sinceridad y doble moral del poder político norteamericano sobre este tema.
Según documentos recientemente desclasificados, a mediados de los años 50 el para entonces jefe de la CIA Allan Dulles adquirió más de 100 millones de dosis de ácido lisérgico
(LSD) que se repartió entre la juventud norteamericana como una forma de infiltrar, desviar y neutralizar los movimientos pacifistas, contestatarios y contraculturales que se estaban gestando en su seno.
A finales de los años 70 y principios de los 80 la CIA y el departamento de estado no dudaron en utilizar fondos provenientes del narcotráfico para financiar a la contra terrorista que agredía al pueblo de Nicaragua como quedó demostrado al destaparse el escándalo Irán-contras a la cabeza del cual estuvo el siniestro coronel Oliver North.
Por años los EEUU apoyaron al títere bufo de Manuel Antonio Noriega como su hombre de confianza en Panamá, a pesar de sus más que evidentes negocios con los carteles de la droga colombianos; solo cuando Noriega se negó a acatar la línea de “democratización” que los intereses de Washington imponían en la región y se quiso enquistar en el poder, los norteamericanos súbitamente “descubrieron” que Noriega era un vulgar narcotraficante y se decidieron a sacarlo por la fuerza, masacrando a miles de panameños de paso.
Para nadie es un secreto que los servicios de inteligencia norteamericanos estimularon el tráfico de heroína en Afganistán como una fuente de financiamiento de la guerra de los talibanes en contra del ejército invasor soviético en los años 80 y que en el Afganistán ocupado de hoy en día se está produciendo y traficando mas heroína que nunca.
La última propuesta de la geopolítica norteamericana relacionada con el tema de las drogas es el Plan Colombia, un plan guerrerista y militarista que pretende convertir al estado colombiano en el policía o vigilante de los intereses norteamericanos en Suramérica (especialmente del petróleo venezolano) aunque por supuesto disfrazado como un plan en contra del narcotráfico.
Para finalizar, hay que acotar que un negocio como el del narcotráfico que mueve sumas siderales de dinero es uno de los pilares en los que se sostiene el sistema financiero internacional. El gobierno de los EEUU es apenas un brazo ejecutor y defensor de los intereses de ese gran capital transnacional por lo que es una ingenuidad creer en la tesis de la guerra contra las drogas, salvo en la medida que dicha guerra mantiene altos los precios de las mismas.
Joel Sangronis Padrón
Profesor UNERMB
Joelsanp02
yahoo.com