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    ¡Palo al Tiburón! Contra el Imperialismo en Defensa de la Soberanía

De las Torres Gemelas a Nueva Orleans: la devastación de George W. Bush
Por: Carlos O. Suárez
Fecha de publicación: 13/09/05
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El 11 de septiembre de 2001 se produjeron sendos Autoatentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono de Washington. Después de las numerosas investigaciones llevadas a cabo por el periodismo independiente, de las que ALIA participó activamente con sus periódicas publicaciones que culminaron con la edición digital de ¿"Justicia Infinita " o genocidio sin límites?" (Carlos O.Suárez - Ediciones Anca-Nahuel - Marzo de 2003), quedó evidenciada la responsabilidad de un régimen que desde el inicio de su gestión se propuso la total colonización del Tercer Mundo.

Tal como lo certificaron los anticipos del documento Santa Fe IV (diciembre 2000 - enero 2001), el gobierno nominalmente presidido por George W. Bush sostenía la necesidad de impulsar "guerras preventivas" capaces de segar en su cuna los procesos independentistas de América Latina, Asia y África. En función de esa política, preanunciada en las décadas del 80 y el 90 por las agresiones lideradas por Ronald Reagan y George Bush padre hacia los países centroamericanos ("guerra de baja intensidad"en Nicaragua, invasión de Panamá, apoyo a las dictaduras de Guatemala, El Salvador y Honduras), y en el caso de la primera guerra del golfo Arábigo-Pérsico (1991) , se organizaron los "atentados" de 11/S, basamento fundamental del conjunto de excusas y provocaciones justificatorias de las invasiones a Irak y Afganistán.

No solamente los países tercermundistas sufrirían la ola de un macartismo sin precedentes, sino que el propio pueblo de EE.UU. sobrelleva cuatro años de restricciones de toda índole a sus derechos, libertades y conquistas sociales. La hipocresía de un régimen que periódicamente reacciona ante probables atentados de Al Qaeda, bajo la dirección de Osama Bin Laden, ha concluido en el ya grotesco arsenal de excusas acerca de la legitimación al saqueo estadounidense en Irak.

En ese contexto, el detonante representado por el huracán Katrina no significa otra cosa que llevar al primer plano lo que le espera al mundo si triunfan las concepciones neofascistas del equipo gobernante encabezado por Bush, aunque en la práctica esté dirigido por el lobby petrolero-sionista asentado en la Casa Blanca.

Son muy aleccionadoras al respecto las reflexiones y señalamientos de Jordan Flaherty, sindicalista y editor de Left Turn Magazine, quien está radicado en Nueva Orleans, y cuya descarnada crónica ha sido difundida en Argentina por La Señal Medios, que dirige el periodista Gabriel Fernández. . Asociándose a lo expuesto por el cineasta Michael Moore, productor de esa joya de la denuncia que es la película "Farenheit 11/S", Flaherty afirma: "Mucho antes de Katrina, Nueva Orleans fue atacada por un huracán de pobreza, racismo, desinversión, desindustrialización y corrupción". Así, casi brutalmente, este norteamericano poseedor de un estilo conciso similar al de John Reed, nos sitúa frente a una realidad que décadas de planificada desinformación lograron ocultar a los pueblos del mundo: LA REPRESENTADA POR LA NACIÓN MÁS PODEROSA DEL PLANETA EN LO ECONÓMICO Y MILITAR, PERO A LA VEZ SOMETIDA A POLÍTICAS ESTATALES AL SERVICIO DEL CRECIMIENTO SIN FRENO DEL CAPITALISMO MÁS CONCENTRADO Y DEPREDADOR.

Sólo así se explican las cifras de 37 millones de pobres y 15 millones de indigentes (Clarín 31/08/2005), existentes en un país cuyo gobierno gasta anualmente en la carrera armamentista recursos más que suficientes para solucionar en un par de años los problemas más acuciantes de salud, educación, ayuda social y vivienda a escala universal. Y allí es donde se enlazan con precisión casi geométrica los "atentados" del 11/S y la desatención criminal a los habitantes carenciados de Nueva Orleans.

La vívida descripción de Flaherty nos retrotrae a las crónicas y películas demostrativas de la situación social de millones de negros, indígenas y latinoamericanos residentes en diversas regiones de EE.UU., pero fundamentalmente asentados en un sur donde las tradiciones esclavistas siguen presentes en la vida cotidiana.

Quizás ese desastre sea útil para que gran parte de los deslumbrados por la opulencia de la Quinta Avenida de Nueva York, los inigualables shoppings y las fantasías de Disneylandia comprendan que esos fuegos de artificio ocultan una similar represión a la que sufren nuestros Pueblos Originarios y en general los habitantes del Tercer Mundo.



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Carlos O. Suárez

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