Allí están las ruinas provocadas por un carro bomba que mató siete norteamericanos en la esquina de una calle vecina. Cerca, se encuentra el negocio cerrado de un proveedor de teléfonos, que ponía fotografías de Sadam montando un burro en sus celulares. Fue muerto a tiros hace tres días, juntamente con otros dos hombres que cometieron el mismo pecado. En el barrio de al‑Jamia, un Humvee de los EUA ronronava por la calle de arriba, por lo que nos retiramos apresuradamente y nos metimos por una calle lateral. En esta parte de Bagdad, se evita tanto a los insurgentes como los norteamericanos...si tenemos suerte.
Yassin al-Sammerai no la tuvo. El día 14 de Julio, el niño de segundo grado había ido a pasar la noche con dos compañeros de escuela y- siendo esta una ciudad sin electricidad en el mes más caliente del año – decidieron pasar la noche durmiendo en el jardín del frente de la casa. Dejemos que su destrozado padre, Selim, de 65 años, continúe la historia, pues aún no puede creer que su hijo esté muerto – o en lo que los norteamericanos le dijeron posteriormente.
"Eran tres y media de la mañana y todos ellos estaban durmiendo, Yassin y sus amigos Fahed y Walid Khaled. Había una patrulla norteamericana allá fuera y de pronto un blindado Bradley irrumpió por el portón y por el muro y pasó por encima de Yassin. Usted sabe cuán pesadas son esas cosas. Murió instantáneamente. Pero los norteamericanos no sabían lo que habían hecho. Estuvo aplastado bajo el vehículo durante 17 minutos. Um Khaled, la madre de su amigo, les gritaba en árabe: 'Hay un niño debajo de ese vehículo!'"
Según Selim al‑Sammerai, la primera reacción de los norteamericanos fue esposar a los otros dos niños. Pero un intérprete de árabe libanés que trabajaba para los norteamericanos llegó para explicar que todo era una equivocación. "No tenemos nada en contra de usted", dijo. Los norteamericanos presentaron un papel laminado, en inglés y árabe, titulado “Tarjeta de reclamaciones iraquíes” que les dice como reclamar una compensación.
La unidad cuyo Bradley pasó por encima de Yassin está designada como "256 BCT A/156 AIRE, Morteros". Mas a abajo “Tipo de incidente”, un norteamericano había escrito: "Allanamiento destruyó entrada y puertas". Nadie dijo a la familia que había un “allanamiento”. Y en ningún lugar – en ningún lugar mismo – del formulario se sugiere que el allanamiento destruyó la vida del amante de fútbol Yassin al‑Sammerai.
Ayer, dentro de la casa del padre de Yassin, Selim se estremece con la ira y después llora desconsoladamente, limpiando sus ojos. "Con seguridad está en el cielo", replica uno de sus siete hijos sobrevivientes. El viejo me mira y dice: "También le gustaba nadar".
Antiguo administrador técnico del colegio de artes de la Universidad de Bagdad, Selim es ahora solo una sombra. Está medio doblado en su asiento, con el rostro pálido y las mejillas hundidas. Este es un hogar sunita en una zona sunita. Para los norteamericanos esta es una “tierra de insurgentes”, y por eso irrumpen en estas calles en la noche. Hace varios días, un informante suministró la localización de un grupo guerrillero sunita y las tropas de los EUA rodearon la casa. Siguió un tiroteo de dos horas hasta que un helicóptero Apache surgió apuntando desde la oscuridad y lanzó una bomba sobre el edificio, matando todos sus ocupantes.
Hay muchos murmullos en la sala sobre los norteamericanos y el Occidente y aprovecho rápidamente para decirles cuán agradecido estoy por que hayan permitido que un occidental entre en su casa después de lo que pasó. Selim se da vuelta y me aprieta la mano. "Usted es bienvenido aquí", dice. "Por favor, diga a las personas lo que nos sucedió". Allá fuera, mi conductor observa la calle; es la historia de siempre. Cualquier coche con tres hombres adentro o un hombre con un celular significa “váyase de aquí”. Es viernes. "Estos tipos tienen libre el día viernes", dice el conductor, intentando tranquilizarme.
"Los norteamericanos vinieron con un oficial dos días después", continúa Selim al‑Sammerai. "Me ofrecieron una compensación. Rechacé. Perdí a mi hijo, dijo al oficial. “No quiero el dinero – no pienso que el dinero traiga mi hijo de vuelta”. Fue eso lo que le dije al norteamericano. Hay un largo silencio en la sala. Pero Selim, que aún llora, insiste en hablar de nuevo.
"Dije al oficial norteamericano: Ustedes mataron inocentes y esas cosas llevarán el pueblo a destruirlos y el pueblo va a hacer una revolución contra ustedes. Ustedes dijeron que venían a liberarnos del anterior régimen. Pero están destruyendo nuestros muros y puertas”.
De pronto me doy cuenta que Selim al‑Sammerai se enderezó en la silla y su voz se levantó con fuerza. ¿Sabe lo que me dijo el norteamericano? Dijo: "Es el destino". Lo miré y dije: "Soy muy fiel al destino de Dios – pero no al destino del que usted habla".
Entonces, uno de los hermanos de Yassin dice que tomó una fotografía del niño muerto cuando yacía en el suelo, una fotografía tomada con su celular, que la había imprimido y cuando los norteamericanos regresaron el segundo día, pidieron para verla. "Me preguntaron por qué había tomado la fotografía y les dije que era para que las personas pudieran ver lo que los norteamericanos habían hecho a mi hermano. Preguntaron si podían llevarla prestada y traerla de vuelta. Se la di, pero no la trajeron de vuelta. Pero aún mantengo la imagen en mi celular y pude imprimir otra". Y de pronto se encuentra en mis manos, una obscena y terrible fotografía de la cabeza aplastada de Yassin, como si un elefante la hubiera pisado, con sangre brotando de lo que había sido la parte posterior de su cerebro. "Por eso, usted la ve", explica el hermano, "las personas aún pueden ver lo que los norteamericanos hicieron".
Bajo un intenso calor, salimos ayer de al‑Jamia, lugar de los insurgentes, de los norteamericanos, del luto y la venganza."Cuando el carro bomba explotó allí, dijo mi conductor, "los Humvees de los EUA continuaron ardiendo durante tres horas y los cuerpos aún estaban allí". Los soldados llevaron tres horas en llegar al sitio. Toda la gente se juntó alrededor y observó". Miré hacia el carro calcinado que aún estaba en la calle y me di cuenta de que ahora era un pequeño icono de la resistencia. Me pregunto de nuevo, ¿Pueden alguna vez los norteamericanos vencer en Irak?
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