Abusos para el cadalso

Por los muchos indicios recopilados desde el año 2001 -el arranque es el turbio atentado del WTC- que hacen prueba, es más fácil adivinar lo que se traen entre manos desde entonces los think tanks del neoliberalismo (estadounidense y ahora español) que ser agorero.

Al paso que va, pronto ningún gobierno de este país tendrá necesidad ni de pedir a los viejos que se mueran cuanto antes ni de inducirles al suicidio para aliviar los gastos del Estado, que es lo que acaba de hacer el ministro de economía nipón. No será muy improbable que poco a poco menudeen las defunciones porque no se ha operado a tiempo por no haber cirujano, quirófano o ambulancia disponible; que luego se vayan uniendo las causadas por desnutrición, por falta de higiene y en definitiva por miseria. Y luego las de desempleados y pensionistas con subsidios de hambre o incluso sin subsidio que acaben cayendo en la desesperación. De este modo, quedarán flotando en la superficie del magma social sólo las capas adineradas, para las que trabajen fornidos esclavos que pasarán por ciudadanos libres con incontables derechos reconocidos por una constitución de papel mojado roto en mil pedazos por la realidad.

Y es que mientras la ciencia del capitalismo en general alardea, ufana (como ufanos se muestran todos los saberes del sistema), de que "estamos" a punto de conseguir un promedio de cien años de vida, la economía capitalista cuyo fundamento es acumular dinero y riqueza en pocas manos privadas, cercena severamente los recursos destinados a la salud pública y trata de influir en la población para que el anciano, el menesteroso y el desempleado crónico se quiten de enmedio. Estoy pensando en esa política económica que se vislumbra dispuesta a contar sólo con gentes de mediana edad suficientemente rica como para no necesitar al Estado para nada. Me refiero a esa contabilidad pública a base de garabatos, para permitir que quienes la manejan y sus socios: políticos, ricos, empresarios, directivos de banca y multinacionales puedan seguir viviendo a lo grande y amasando dinero. Me refiero a ese tinglado que se tambalea y no sabe qué hacer para soportar a los provectos ni a quienes carecen de mínimos recursos propios para subsistir.

Llevamos dos años dramáticos, pero se perfila un futuro más dramático todavía. Cada vez estamos peor en este país. En lugar de esperar que los dirigentes luchen por una sociedad menos desigual, más justa y menos azarosa e inestable, lo que estamos comprobando es que esas think tanks y sus ideólogos neoliberales traman que de cincuenta para arriba vayamos asumiendo que este mundo ya no es para nosotros...

...Y luego dirán que la inteligencia humana es superior a la de la bestia porque ha hecho no sé cuántas nimiedades. Y luego dirán, a diferencia de la discreta ave que no se pavonea de saber volar, que el humano dirigente de manadas no es precisamente la bestia. Porque, aparte la voracidad y el egoísmo (con independencia del saqueo de España desde dentro) generalizados de la clase política de todas partes, es evidente que en ningún sitio existe algún político o economista capaces de resolver la paradoja de unos avances tecnológicos que simplifican considerablemente el trabajo hasta ayer tradicional, al lado de una desocupación forzosa de millones y millones por culpa, en buena medida, justo de esas tecnologías, y en este país de tanto abuso.

Lo dicho por el ministro japonés cínicamente no es una anécdota. Los estratos más rastreros de la mentalidad capitalista financiera, es decir, el neoliberalismo en bruto, vienen desde hace relativamente poco tiempo poniéndose bajo los focos. Eso nos permite observar (al principio digo adivinar) que tal ideología tiene unos proyectos y unos fines muy claros que poco a poco van saliendo a relucir en cada una de las sociedades del "modelo"; fines que concretan la combinación de la envidia, de la vanidad y de la ambición juntas, que son los tres horrendos motores de la vida política económica y colectiva en Occidente.

En efecto. La ideología neoliberal tiene sus fines. y España viene siendo para ella una cobaya. Pero aquí, al mismo tiempo, el experimento produce el efecto de salir a flote los cadáveres que casi todos los políticos de todos los gobiernos tienen en el armario. Pero ni siquiera es consecuencia de arrepentimientos, ni de la investigación institucional o periodística, sino efecto de un hecho corriente entre las bandas de malhechores y de mafias. Me refiero a ése en cuya virtud todas acaban en luchas intestinas a muerte por el botín (dinero o poder) en este caso llevadas a los medios.

Y de aquí una relativa esperanza: la esperanza en la regeneración de una clase política española que está mucho más cerca del monipodio que del servicio a la colectividad. Una regeneración, por otra parte, que debiera empezar por el principio ético siguiente: ni una sola vida desgraciada por su culpa, justifica una libertad económica que sólo es útil a los verdugos...


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