Ganó Obama. Menos mal

“Que el fraude electoral jamás se olvide”

En efecto, menos mal que ganó Obama las elecciones en los Estados Unidos, la posibilidad de que los gringos hubieran optado por el republicano hubiera abierto un panorama desolador para el mundo que aspira a ser diferente. No obstante, el muy cerrado resultado del voto popular expresa la vigencia de un sector extremadamente conservador y xenófobo en ese país. Me gustó que ganara el demócrata por el simple hecho de que sus detractores lo acusan de “comunista”, amigo de Castro y de Chávez, proclive a la intervención del estado en la economía y, por ende, a la cancelación de la sagrada libertad de comercio, favorecedor de los subsidios a la gente pobre y al respeto de los derechos humanos, incluidos los de los migrantes, etc. No creo que esa sea la verdadera condición de Obama pero si, a pesar de ello, la gente votó por él se abre una cierta esperanza a la posibilidad de una recomposición del imperio desde sus propias bases.

No obstante no me hago ilusiones. En lo que al resto del mundo interesa es poco significativa la diferencia entre uno y otro bando de la política gringa; ambos comparten el concepto imperial, uno más belicoso que el otro, pero los dos tienen claro que su destino manifiesto es someter al mundo al dictado de sus intereses. Hace cuatro años Obama significó una alternativa de paz y justicia, en Trinidad y Tobago los latinoamericanos le otorgaron el beneficio de la duda y se abrieron a la posibilidad de otra forma de relación más respetuosa de la soberanía y la dignidad de las naciones. Poco duró el encanto, nada cambió. Algunos mantuvieron la esperanza, suponiendo que Obama no quiso poner en riesgo su reelección. Habrá que ver ahora si las cosas cambian.

Una lectura es que ganó la política de la responsabilidad social del estado sobre la del neoliberalismo a ultranza, por lo menos en la retórica de campaña, al grado de perdonar los defectos de la administración Obama ante el peligro de regresar al régimen que originó el desastre de la economía y del bienestar social. Es un interesante contraste con los resultados electorales europeos que han favorecido a la derecha, pero más aún con el registrado en México en que se mantiene el modelo neoliberal impuesto desde hace treinta años, no obstante sus desastrosos resultados. Si Obama hubiese sido candidato aquí se le hubiera descalificado como “un peligro para México” y se le eliminaría del panorama por la vía fraudulenta.

Aquí la política de la responsabilidad social del estado y todo lo que tenga que ver con la priorización de los intereses nacionales se le descalifica como “atadura ideológica” o reminiscencia del pasado; así, sin más argumento, sin oportunidad de debatir y ofrecer razones. Se hace una reforma laboral dizque para lograr una mayor competitividad de la economía y generar más empleos, con un discurso que oculta la realidad concentradora de la riqueza en pocas manos; se propala una reforma petrolera dizque para vigorizar el desempeño de PEMEX y se oculta el significado de entrega de la riqueza nacional a la Exxon o a los consorcios españoles; se da la alarma de la quiebra del Seguro Social y se enfoca sobre el régimen de sus trabajadores, pero se oculta su verdadera causa: el desempleo y la degradación del régimen laboral, no se diga de la corrupción imperante en su dirección. Oponerse a tales aberraciones, según los tecnócratas, es ir contra el reloj de la historia y desconocer el promisorio futuro de la esclavitud. Lo peor del caso es que la capacidad de engaño, reciamente fincada en la manipulación desinformativa, cunde entre una mayoría enajenada por telenovelas, concursos de estulticia y noticieros de propaganda oficial.

Insisto, la tarea prioritaria es cultural y educativa. La acción política tiene que incidir en el cambio de actitud de la gente, que no aprende de discursos ni de marchas que no comprende, sino de comenzar a ser sujetos protagónicos en sus respectivos microcosmos, aprendiendo democracia ejerciéndola directamente en la atención de los asuntos que le importan de manera inmediata, sin enmarañarse en asuntos de elecciones que, sin una cultura idónea, siempre se perderán.

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Gerardo Fernández Casanova


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