De cómo el capitalismo nos sigue aporreando

Mientras muchos se dedican a los dimes y diretes, hay otras personas que nos preocupamos por temas de fondo.

Ésta es mi historia de hoy:

Viernes, como todos los días a las nueve de la mañana me embarco en un tren en la estación La Rinconada del Metro de Caracas hacia estación Plaza Venezuela. Consigo puesto para sentarme (Gracias, Dios) entran dos chamas, una con periódico en mano. Visiblemente no burguesas, así sencillas como uno. Empiezan a conversar:

-Marica, ¿leíste la crónica esa de la semana pasada?

-No, ¿cuál? ¿de qué hablaba?

-Bueno, un tipo que iba en su moto con la jeva. Esa jeva se bajó de la moto y se entró a golpes con otra. De repente el tipo se bajó de la moto, sacó un fusil y “ta ta ta ta tá” mató a to' el mundo. Esa vaina fue criminal, bien buena.

-Ay no, no la leí. Es que todas esas vainas son bien buenas.

Después de eso hablaron de fulanito que le dieron unos tiros, que fue aquel policía “sapo” del barrio al que “provoca quemarle la casa con todo y gente adentro”. Yo, que venía indignada tras leer lo sucedido en el Instituto de Ferrocariles del Estado donde un grupo de personas hicieron destrozos en unas de las estaciones “porque estaban molestos por el retraso”, no sabía si ponerme a llorar o gritar.

Para mí, como joven, como venezolana, como revolucionaria, como madre, me desespera y preocupan este tipo de comportamientos. La tarea que tenemos por delante es ardua, difícil, pero si nos ponemos a pensar en pendejadas perderemos la batalla.

Decía Antonio Gramsci (parafraseando, mejor dicho) que la revolución cultural es la reforma intelectual y moral de la sociedad. Esto, nos obliga a reflexionar no mañana, ni pasado; HOY. Si no cambiamos o modificamos conciencias no estamos haciendo NADA. Por supuesto, son importantes para todo el pueblo las conquistas en ésta revolución en materia de salud, economía, política, social. Sin embargo, ésta parte social no debe estar basada sólo en dar viviendas dignas, realizar operaciones quirúrgicas a quienes no tienen recursos, crear vías de comunicación para lograr descongestionar las ya existentes; entre millones de logros que tiene el gobierno revolucionario del Comandante Chávez, que es pues el gobierno del Pueblo.

Nos urge dedicarnos a la tarea de realizar reformas culturales. Si nuestro pueblo sigue sintiendo afinidad hacia el pensamiento violento, individualista, desinteresado (capitalismo), continuamos con lo que la derecha durante años nos incrustó en la mente.

Urge empezar a revolucionar la conciencia, algunas veces lo hemos escuchado, pero en la práctica siento que estamos fallando. Que cada familia venezolana tenga su vivienda digna es mejorar su calidad de vida, pero mostrarles que esto sólo es posible en revolución y que su comportamiento ante la vida, ante sus semejantes debe ser “dejar de ser un habitante, para comenzar a ser ciudadanos” (como dijo Aristóbulo Istúriz hace mucho tiempo) es vencer al enemigo de clase.

La formación ideológica es igual o más importante que los logros físicos. El Comandante Chávez habla de eso sin descanso, por cierto. Debemos, con mayor urgencia, dejar de pensar como capitalistas. De ésta manera le estaremos abriendo verdadero paso al socialismo.

¿Y los medios?

Los medios de comunicación privados, siguen atentando contra nuestra inteligencia. Globovisión, Televen, Venevisión, entre otros tienen como objetivo fundamental pudrir de odio la mente de los venezolanos y venezolanas. Y, por supuesto, convertirnos en totales zombies. Así “a lo gringo”.

Los impresos (periódicos) hacen de las suyas también. Fotos donde, cuando tomas el periódico, casi llegas a sentir que tus manos se llenarán de sangre pues les encanta teñir las páginas de sucesos violentos.

En la radio, ni se diga. Tenemos a Marianella Salazar, César Miguel Rondón, Iván Ballesteros y ¡para usted de contar! Todos de profesión “Voceros de la muerte”.


Es por ello que debemos empezar a actuar, con políticas comunicacionales destinadas a limpiar y sacar de nuestras mentes los pensamientos capitalistas. Es decir, transformar la manera cómo entendemos el mundo; formación ideológica. Tenemos las herramientas, de eso no hay dudas. Las escuelas de formación (valga la redundancia) hay que activarlas, quitarles el polvo y convertirlas en punta de lanza. No hay más tiempo. Debe ser, como decimos los venezolanos, para ayer.

Los revolucionarios de oficina (porque sí que abundan) deben patear calle, montarse en el metro, en autobuses y realizar las tareas diarias del venezolano común. Por cierto, no significa que creo tener un revolucionómetro. No. Significa que, un verdadero revolucionario jamás debe perder el contacto con el entorno social.

No nos “sentemos a pensar”, podemos caminar y comer chicle a la vez. Está filosóficamente comprobado.

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