¿Reconciliación?

Antes que nada, debo felicitar a los venezolanos por su civilidad durante los comicios para la elección del presidente y en especial, al pueblo chavista que respondió al llamado de mi comandante Hugo y al del Comando Carabobo. Ciertamente no hubo sorpresa, no volvieron.


Consecuencia de la reelección y el mayoritario apoyo de millones de venezolanos a la gestión de mi comandante Chávez, ahora se escucha, entre algunos opositores y en boca de algunos jerarcas de la Iglesia, un pedido de reconciliación entre las partes que acudieron al proceso. La palabra, cargada de cierta afectividad, pareciera que intenta borrar todo lo ocurrido en el país durante catorce años que lleva la revolución. Con aquella expresión se intenta solventar más de doscientos años de ignominias sobre los excluidos de nuestra patria. Según mi “Pequeño Larousse Ilustrado” reconciliar es “restablecer la armonía o la concordia entre dos personas. Armonizar, componer”. ¿Acaso algunas vez hubo armonía o concordia entre la clase alta y los pobres de este país? ¿Acaso la clase alta de este país, mejor dicho la burguesía, ha dado muestra de arrepentimiento por las huelgas petroleras, los golpes de estado y financiero, guarimbas, la escasez de alimentos provocadas por los empresarios, las burlas continuas por los canales de la televisión y la prensa privada hacia mi comandante Hugo y hacia las masas de pobres que lo acompañan? ¿Debemos olvidar que la campaña del ex candidato Capriles fue financiada por la derecha internacional y el Departamento de Estado de USA? No hay muestra alguna de remordimiento, por parte de la oligarquía criolla, que nos permita dar un paso hacia una posible reconciliación. Como muestra un botón, para esto basta revisar los mensajes de tiwtter y los de face book, algo deleznable. Al enemigo ni agua.


No es el momento de recapitular los agravios, que son muchos, pero no debemos olvidar que estamos en presencia de una lucha de clases. No es el enfrentamiento entre dos liderazgo, dado que el de Capriles es temporal, por carecer de preparación política, de un proyecto y una doctrina que lo respalde. Seguramente dentro de seis años la burguesía criolla presentará otro candidato. El único liderazgo que existe en Venezuela es el de mi comandante Hugo, que con didáctica política le enseña a sus seguidores, millones de excluidos, sus derechos políticos, conculcados durante más de doscientos años y, les demuestra que los responsables de su pobreza son los ricos. No podemos pecar de ingenuos, pensar que la oposición se va quedar inactiva durante los próximos seis años, a sabiendas que dentro de sus entrañas convive el sentimiento racista y segregacionista. No perdonan que los pobres estén recibiendo los beneficios provenientes de la renta petrolera y de los otros renglones que le está dando dividendos al país y que antes fueron privatizados.


Estamos en presencia de una clase media, que pretende tener fluidos de aristócrata que viven en los apartamentos de la zona del Este y todavía no se dan cuenta que no son más que unos asalariados, explotados por un patrón y por los bancos que los incita a utilizar la tarjeta para mantenerlos ahorcados. Una clase media ignorante, que se da de ilustrada porque simplemente fueron a una universidad y tienen una profesión. Los mismos que se conforman con los chismes contra Chávez en la panadería, peluquería y botiquines, pero revelan una crasa ignorancia sobre los procesos históricos de nuestro país y mucho menos, sobre los problemas de carácter internacional. Sólo se conforman con las noticias de Globovisión y CNN y esto los hace pensar que poseen dotes intelectuales, con capacidad para discutir sobre diversos temas. La otra clase, la alta la encumbrada, a la que nunca llegará la clase media asalariada, por más que compre fiado ropa de marca y carteras Louis Vuitton. Esa clase oligárquica es aquella cuyo único contacto con los pobres es la muchacha de servicio, el mecánico del garaje, la peluquera, masajista, manicuristas a las cuales le dan una propina para hacerse sentir como cristiana piadosa. Es la misma clase cuya riqueza proviene de la chulería que hicieron raspando de los beneficios del petróleo y de las lisonjas a los gobernantes de turno. Son los mismos que en los momentos actuales, cuando surge mi comandante Hugo y es reelecto para el ejercicio de la presidencia, mandan la democracia para el carajo y resurgen en ellos sentimientos racistas ocultos y reprimidos por largo tiempo. Acaso esta clase media chula y oligárquica, a la cual representaba el ex candidato Capriles, ha movido alguna mano para el logro de las reivindicaciones de la clase obrera, o para mejorar la condición de pobreza de millones de venezolanos. ¿Conoce algún venezolano un proyecto de Capriles de hace más de veinte años que redunde en beneficio de un colectivo? El progreso no es más que una palabra sin valor doctrinario, la cual se utilizó como eslogan en una campaña electoral para engañar a los ignorantes de la clase media asalariada.


La gente de la clase alta se acuerda de los pobres sólo cuando es posible venderles algo o cuando se presenta la posibilidad de explotarlo. Estoy seguro que ningún miembro de esas “encumbradas familias” conoce que la gesta libertadora fue posible porque Simón Bolívar, al lado de unos desarrapados, al lado de unos centauros descamisados, sin sillas de montar y descalzos, lucharon a brazo partido, muchas veces con una lanza, para que ellos, los oligarcas, ahora denigren de los herederos de aquellos valientes. A esos “andrajosos”, como los burgueses los moteja, debemos agradecerles que tengamos patria. No creo que en la clase alta de Venezuela existan seres razonables y llenos de buena voluntad que entiendan el proceso histórico que estamos viviendo. Para ellos la reconciliación es revivir el pacto de Punto Fijo, para que mi comandante Hugo les entregue un ministerio, por ejemplo el de Finanzas, si es posible el Banco Central o PDVSA para repetir los mismo episodios de la Cuarta República. Para mi la reconciliación es muy sencilla: cada quien haga lo que tiene que hacer y lo haga bien, sin la esperanza de prebendas por parte de mi comandante Hugo y además, que cumplan con las reglas democráticas establecidas en la Constitución.


La clase media alta es la misma que tiene en los bancos extranjeros más de 460 mil millones de dólares, más de diez veces de nuestras reservas internacionales. Leer una cifra como la anterior no causa sorpresa, pero estimado lector, si imagina una fila de 460 mil personas cada una con una mochila repleta con un millón de dólares, tendrá la idea de la magnitud de robo y malversación que ha sufrido nuestro país por culpa de aquellos chulos oligarcas.


Esta justa electoral fue muy dura, se trataba de derribar a Goliat (el Departamento de Estado de EEUU) y para eso más de ocho millones de David o chavistas, contaron con las chinas o las hondas, es decir los los votos, que tenían en sus manos. El único fraude que se cometió en estas elecciones fue el paquetazo de Capiles para engatusar a millones de votantes. Por fortuna no se repitió la experiencia del reino de España.


Debemos tener presente, Bolívar no logró la independencia con una, ni dos, o tres batallas, fueron muchas y desgarradoras. La lucha de mi comandante de Hugo no es de él solo, él la comanda, pero aún tenemos muchas batallas por vencer. La reconciliación no es posible con la derecha, ésta nunca dará su brazo a torcer, así ha ocurrido durante más de doscientos años. Aún tenemos que recorrer un largo camino empinado, al igual como ocurrió durante la gesta libertadora. Tal como lo vaticiné, no volvieron y el único camino es hacia el socialismo.

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