El imperio necesita nuestro petróleo para evitar el colapso

¡VOTEMOS POR LA PATRIA!


La Segunda Gran Depresión Capitalista ha sumido en la desesperación a las clases dominantes de EEUU y Europa, por lo cual éstas han emprendido su ofensiva belicista contra países soberanos como Libia y Siria; las abyectas maquinaciones imperialistas se han desarrollado a través de la estimulación de rencillas internas, en las naciones objeto de estas operaciones terroristas, y la inserción ilegal de mercenarios que realizan asesinatos en masa y luego culpan a los ejércitos regulares de los respectivos territorios mancillados. El control progresivo del Medio Oriente tiene el fin de arrinconar a Rusia y la República Popular de China, potencias con las que será inevitable –para EEUU y Europa- el enfrentamiento armado en un futuro no muy lejano.


Washington y Bruselas requieren de petróleo “barato” para reactivar sus vapuleadas economías y así evitar la profundización de la etapa depresiva iniciada en 2008; la explosión de la burbuja inmobiliaria y la posterior quiebra de Lehman Brothers, trajeron consigo la convulsión global más grave desde el “crack” bursátil de 1929. Al mismo tiempo, la actual crisis del sistema de la plusvalía retrata con crudeza el rotundo fracaso del Estado burgués y ésta es comparable con el traumático desplome de la ex URSS y el campo socialista de Europa del Este, entre 1989 y 1991. Hoy en día, Grecia y España, entre otros terruños del Viejo Continente, ofrecen un vergonzoso espectáculo de desmantelamiento del Estado de bienestar, de conculcación de los derechos históricos de la clase obrera; el incremento de impuestos regresivos como el IVA, la reducción de salarios y pensiones hasta en 40% y las alarmantes tasas de desocupación en Atenas y Madrid, verbigracia, invitan a reflexionar acerca de las ocultas intenciones del candidato de la oligarquía vernácula. Tal como reza la sabia dialéctica marxista: la negación de la izquierda es la afirmación de la derecha más reaccionaria y retrógrada; la alternativa engañosa del “progreso” con tufo a marketing “yuppie”, es el abismo de los paquetes de ajuste y la subordinación a los organismos multilaterales de expoliación. Hace más de una década, la Venezuela bolivariana saldó su onerosa deuda externa con el Fondo Monetario Internacional, por ejemplo; desde entonces, nos ha ido mucho mejor y han bajado drásticamente los niveles de pobreza. Por el contrario, en los decenios perdidos de 1980 y 1990, las infames “recetas” del FMI sólo provocaron más desigualdad y hambre en nuestras latitudes, así como en el resto de América Latina.


El Imperio estadounidense está ávido –con extrema urgencia- de la riqueza petrolera venezolana: con el hipotético triunfo del peón de la plutocracia, EEUU podría dominar la reserva de “oro negro” más grande del planeta. Además, el pretérito escenario les permitiría a “los halcones” desatar una conflagración, de apocalípticas dimensiones, contra la República Islámica de Irán. Al asegurarse a Venezuela como aliado, Washington dispondría de un proveedor confiable y constante de petróleo, mediante lo cual se garantizaría el funcionamiento continuo del complejo militar yanqui.


Este 7-O debemos dar, como venezolanos, una señal contundente de apoyo a la Revolución bolivariana y desplegar –igualmente- un mensaje de esperanza al mundo entero: ¡el socialismo científico es el camino! Si nos repugna que el fatídico pasado de “políticas de choque” vuelva a ser nuestro “futuro”, el domingo debemos provocar una avalancha de votos para la Patria.



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