El problema sí es con China

Un elemento de suma importancia en la política exterior de Washington
es su sistemática apuesta a tácticas y estrategias que promuevan la
desunión entre las naciones integradas en grupos regionales o de otro
carácter que de alguna manera no se adecuen a la hegemonía global de
Estados Unidos.

Este fenómeno se aprecia en sus proyecciones respecto a asuntos que
debían ser de la exclusiva incumbencia de las naciones que forman
parte de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por
sus siglas en inglés) así como entre algunas de éstas y China, en
temas que se relacionan con la libertad de navegación y la soberanía
sobre aguas territoriales en el Mar del Sur de China.

Ese grupo lo integran Brunei, Cambodia, Darussalam, Filipinas,
Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur y Vietnam. Tiene como
principal socio comercial e inversionista en la región a China, nación
con la que forma el Área de Libre Comercio ASEAN-China.
Una ilustrativa polémica al respecto ha provocado un artículo
difundido a fines de julio por CNN titulado “No, el miedo a China no
está determinando la política de EEUU en Asia”, de Brad Glosserman,
Director Ejecutivo de Pacific Forum CSIS, gabinete de estudios
estratégicos con sede en Honolulu, ripostado con otro titulado “Por
supuesto que el replanteo estadounidense está determinado por China”
por Justin Logan, director de estudios sobre política exterior del
Instituto Cato, de Washington D.C.

“Quizás aseverar que es por miedo a China sea un calificativo
demasiado fuerte, pero por supuesto que sí es por causa de China”,
afirma Logan refiriéndose a lo que de manera categórica plantea el
artículo de Glosserman al alegar que el replanteo de la política de
Washington en la región Asia-Pacífico no está motivado “por el  temor
a China”.

Logan arguye, en rechazo a algo que manifiesta Glosserman, que el
apoyo de Washington a la libertad de navegación en el Mar del Sur de
China no tiene relación con las recientes fricciones entre Vietnam y
Filipinas. Tampoco es Malasia la que reclama “casi todas las aguas
territoriales” en ese mar. “No, el reciente pánico surgido en
Washington por los asuntos en el Mar del Sur de China solo guarda
relación con China misma”.

Glosserman acepta que el principal tema que afectó el reciente Foro
Regional de la ASEAN fue la tensión Washington-Beijing y que esta fue
la razón fundamental para que los miembros de ese foro no pudieran
lograr una declaración final conjunta.

Pero el problema es más grave que eso – lamenta Logan- porque Estados
Unidos insiste en colocarse en el centro de las disputas asiáticas y
ello le convierte en blanco de las posiciones oportunistas de aquellos
países que aprovechan las contradicciones Washington-Beijing para
obtener, sobre todo, asistencia para la defensa.

Logan concede valor a la afirmación de Glosserman acerca de que el
propósito de el replanteo de la política de Washington en
Asia-Pacífico es “contrarrestar el declive del papel de Estados Unidos
en la región y su determinación de desempeñar el rol que
históricamente le corresponde”.

“Pero, ¿cuál es nuestro papel histórico regional y cuál es la razón
para que éste decline? ¿A quién puede preocupar sino a China nuestro
papel en esa región?, se pregunta Logan

“Nuestro papel histórico ha sido el de menospreciar a nuestro socios a
fin de lograr mayor control sobre las políticas en el Este de Asia.
Nuestros antecedentes revelan que no toleramos a competidores. No
toleramos a la Unión Soviética como tercera fuerza en Europa y hay
escasas señales de que estemos dispuestos a tolerar a China.”

“La reiterada respuesta a este argumento es que no estamos enfrentados
a China porque comerciamos con ellos. Es cierto que comerciamos, pero
nuestra política militar está claramente dirigida a contener a China”.
“Si China fuera mucho más poderosa que Estados Unidos y los líderes
chinos estuvieran imponiendo su modo de vida propio como poder
dominante en el hemisferio occidental, cultivando aliados y
promoviendo acuerdos para la instalación de bases navales en Cuba y
Venezuela, así como armando a los separatistas en Hawai (como hace
EEUU con Taiwan), por mucho que hubiera comercio con nosotros, lo
llamaríamos contención”, dice Logan.

“Argumentar que nuestra política en Asia no está determinada
esencialmente por el manejo de nuestros vínculos con China es como
argumentar que nuestra política en el Medio Oriente no la definen el
petróleo e Israel.

“El peligro de repetir una y otra vez que nuestra política asiática no
la determina nuestra política respecto a China está en que pudiéramos
llegar a creérnoslo nosotros mismos pasando por alto importantes
problemas de la política misma”, concluye Logan.

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