El Regreso de los Realistas

En el marco de la conmemoración del natalicio del Libertador, en este momento histórico en el que el espíritu de su lucha sigue más vigente que nunca, es bueno recordar la historia para aquellos que nunca han tenido idea de lo que ocurrió aquí, y que hoy, dos siglos más tarde, repiten las luchas del pasado… sin saber a qué cara de la moneda pertenecen.

Y es que la mayoría de nosotros solemos pensar en la guerra de independencia como una guerra del pueblo venezolano unido contra España. Sin embargo, esta visión obedece mucho más al imaginario colectivo que a la realidad de los hechos acontecidos en nuestro país. Lo cierto es que inicialmente la idea de una nación hispano-americana independiente era verdaderamente entendida por pocos, e incluso, en principio pertenecía sólo al pensamiento visionario de hombres como Francisco de Miranda primero y Simón Bolívar poco después. Al comienzo de la guerra, no todo el pueblo venezolano comprendía a ciencia cierta todas las implicaciones de que las colonias hispanoamericanas pudiesen constituir por sí mismas una nación independiente, ajena a la corona española. Si buena parte de los componentes de las clases económicas más acomodadas sintieron simpatía por la idea de independencia de la corona española, fue más por el interés comercial que por un ideal colectivo de conciencia nacional.

La realidad es que las fuerzas realistas en su gran mayoría no eran españoles, eran venezolanos que defendían a la corona española, es por eso que en términos de la independencia no se habla de una guerra contra el ejército español, sino contra el ejército realista.

Durante la guerra de independencia, buena parte de la población venezolana entendía la supeditación de nuestra nación a la corona española como normal. A Bolívar y al Ejército Libertador se les responsabilizaba por los estragos y desórdenes que para muchos eran innecesarios, y en principio una gran parte de los habitantes de esta tierra manifestaban su preferencia porque todo siguiera como estaba, a cambio de evitarse las perturbaciones que a su paso suelen dejar las guerras… aunque esta guerra fuese la de su propia independencia.

Este importante número de compatriotas, que habiendo nacido en este suelo lucharon contra su propia independencia, no ostentaban esa visión del mundo de manera fortuita, por el contrario, tal era sostenida por toda una superestructura de control y alienación social más o menos similar a la que existe hoy. En aquel momento el papel fundamental lo jugaba la Iglesia católica, pilar ideológico y filosófico de la doctrina del “Derecho divino de los Reyes” “enseñando” durante siglos a los pueblos de Occidente que las monarquías existían porque “Dios” así lo quería, incluso dos Papas condenaron oficialmente la independencia con las Encíclicas papales “Etsi Longissmo” y “Etsi Iam Diu”. Tomando en cuenta que para la época no existía el cine, ni la radio, tampoco la televisión ni internet, es obvio que la cosmovisión del mundo imperante era la establecida por los parámetros ético-morales de la Iglesia católica.

El comienzo de la guerra fue relativamente parejo entre las fuerzas patriotas y las tropas realistas; estas últimas dirigidas por oficiales españoles, pero constituidas en su mayoría por personal americano. No obstante, con cada victoria de los ejércitos patriotas la idea de una patria soberana tomaba cada vez más forma en el ideario colectivo de nuestro pueblo grancolombiano. A este punto de la guerra, la victoria de los libertadores se hace evidente en el panorama y esto acrecienta las deserciones y cambios de bando del lado realista hacia la causa patriota.

Para la tercera década del siglo XIX, la independencia de España, gracias a Bolívar ya estaba prácticamente asegurada, pero los Estados Unidos comenzaban a erigirse como nueva potencia dominante sobre nuestra esfera geopolítica. Dos propuestas continentales opuestas entran en pugna: la de Simón Bolívar, Libertador de América, aspira a constituir una Confederación compuesta por todas las naciones americanas de habla hispana. La otra, la de los Estados Unidos, es la hegemonía de la América anglosajona precisamente sobre el territorio al que Bolívar espera confederar. Sólo una de las dos puede resultar victoriosa.

Nuestras oligarquías locales, siempre serviles a intereses extranjeros, fueron plegándose a las estrategias de dominación que, ya denunciadas por el Libertador, se desarrollaban desde el norte. Bolívar funda Colombia en 1819, constituida por Venezuela, la Nueva Granada o Cundinamarca (actual Colombia) y el Distrito Sur que es el actual Ecuador. Los mismos sectores económicos y políticos que en la primera década del siglo XIX lucharon contra Bolívar y los libertadores defendiendo los intereses de la monarquía española, ahora se presentaban como supuestos promotores de la “libertad” y la “democracia” unidos a las nuevas elites económicas surgidas como resultado de la guerra de independencia, utilizando sus imprentas para destruir la imagen del Libertador. De manera tal, que ahora no era sólo la campaña de la jerarquía católica contra Bolívar acusándole de ser responsable hasta del terremoto de 1812, sino que ahora teníamos las imprentas de la oligarquía produciendo sus medios de comunicación de la época, tales como El Conductor, La Aurora, El Liberal, El Federalista o El Fanal, que se dedicaban en pleno a culpar a Bolívar por los estragos de la guerra diciéndole a la gente que antes se vivía mejor, y que para colmo terminaron acusándole de autoritario y de tener aspiraciones monárquicas. Cualquier parecido con la actualidad definitivamente no es producto de la casualidad.

“Este es siempre el proceder de los déspotas y en modo alguno diferiría el lenguaje de Bolívar restaurado, o de Fernando VII proclamado en América”. El Canario. Caracas, 5 de agosto de 1830

“Se nos ha recriminado como enemigos del Libertador, porque nos hemos opuesto a los quiméricos proyectos de los revolvedores de Guayaquil, Quito y Cartagena. (…) Estos aduladores, que pretenden elevarse sobre las ruinas de las libertades públicas, son enemigos más peligrosos y detestables que todos los ejércitos que nos ha enviado o pueda enviarnos la obstinada España”. La Bandera Tricolor, 25 de diciembre de 1826

“Tirano”, “déspota”, “monárquico”, con tales epítetos calificaba la oligarquía a quien entregara su vida por la libertad de nuestro pueblo, de esa forma allanaron el camino para que operadores políticos, algunos de ellos traidores a la lucha que una vez desplegaron como Páez, otros burócratas de oficio como Santander, y los peores, ya que al inicio de la guerra estuvieron del lado realista como Obando en Colombia e incluso Juan José Flores en el Ecuador, se encargaran de desmembrar la Gran Colombia en nombre de la “libertad” y la “democracia”.

Como vemos, los realistas no sólo estuvieron en la guerra de independencia, sino que luego volvieron para destruir la unidad de nuestra nación… Y ahora los tenemos de regreso, levantando las mismas banderas de antes, porque quienes hoy atacan al proceso revolucionario, de haber estado en el siglo XIX hubiesen atacado a Bolívar exactamente con los mismos argumentos que hoy esgrimen. Los realistas han vuelto, pero siempre que regresen los realistas, también regresaremos los Patriotas, sólo que esta vez ellos serán derrotados para nunca más volver.

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Ronald Muñoz


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