El rol de las ONGs en el Siglo XXI



El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en este claroscuro surgen los monstruos (Antonio Gramsci, 1891 – 1937)

La globalización no solamente ha traspasado las fronteras económicas, financieras y comerciales nacionales para implantar el llamado mercado libre único, sino se está convirtiendo en una fuerza unificadora de la oposición ideológica en los países que se atreven, en búsqueda de sus propios caminos de desarrollo, a un desafío, aunque mínimo, al sistema implantado por la vorágine neoliberal.

Lo característico de nuestro siglo es un crecimiento vertiginoso de los actores ideológicos de la globalización unidireccional inspirados y remunerados por el occidente y en principal por las transnacionales capaces de convertir a los gobiernos nacionales en sus cautivos. Los nuevos agentes de este cambio ideológico programado ya no son solamente partidos políticos y personalidades sino millones de las Agencias No Gubernamentales (ONGs) que empezaron a crecer como hongos desde la llegada de Ronald Reagan al poder en los Estados Unidos en 1981.

Por eso no es de extrañar de que cualquier intento de Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Cuba, Bielorusia y ahora Rusia de regular el funcionamiento y fondos financieros de las ONGs produzca una histeria en la oposición en estos países clamando violación de los derechos humanos y atentado contra la democracia. Recientemente se pudo observar esta reacción de la oposición en Venezuela cuando la Comisión de la Política Exterior del Congreso comenzó a presentar borradores para regular las actividades de las ONGs que, de acuerdo a Hugo Chávez, “siendo financiadas con millones de dólares del imperio yanqui, junto con los partidos políticos y personalidades de la contrarrevolución, están tratando de violar la Constitución y desestabilizar el país”.

La denuncia de Chávez fue confirmada por la investigadora norteamericana Eva Golinger, que presentó pruebas de que desde 2002 Estados Unidos ha enviado más de 40 millones de dólares a las ONGs anti Chávez disfrazados como defensores de la libertad y de los derechos humanos. También la Fiscalía General de la República Bolivariana empezó una investigación contra un grupo de estas organizaciones por haber recibido unos cuatro millones de dólares del gobierno norteamericano en los últimos dos años. A la vez la Fiscalía está indagando sobre el adiestramiento de más de 140 periodistas venezolanos por parte del Departamento de Estado norteamericano utilizando el Fondo para el Desarrollo de la Democracia (NED) y la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID). Para tener la idea de su función habría que acordarnos de la declaración de uno de los fundadores de la NED, Allen Weinstein: “la NED hace ahora lo que la CIA estaba haciendo hace 25 años atrás”.

El mismo administrador adjunto para América Latina y el Caribe de la USAID, Mark Feierstein reconoció el fin de la semana pasada que su país mantiene una estrecha cooperación con las ONGs ligadas a la oposición en las naciones que integran la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Si las ONGs operan en América Latina como promotores de neoliberalismo y el dominio norteamericano no es de extrañar las denuncias del gobierno de Egipto sobre su actividad subversiva o la información sobre el involucramiento de la ONG británica, Libyan Doctor Relief en el entrenamiento y el transporte de los muhajidines a Libia para derrocar a Muamar Gadafi.

En este contexto no es nada nuevo enterarse que las 220.000 ONGs registradas en Rusia y prácticamente la misma cantidad de las no registradas, tengan también financiación extranjera y que su poder de encausar y organizar la oposición esté en crecimiento debido a una sutil lucha geoestratégica envolviendo a Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia. Los que en Rusia están clamando injusticia debido al intento de la Duma (Congreso) de dar lectura al nuevo proyecto de la ley que reconocerá como “agentes extranjeros” a aquellas ONGs que “participan en la actividad política en interés de fuentes extranjeras” y a aquellas ONGs que reciben financiación de otros Estados o sus instituciones, organizaciones foráneas o internacionales, o ciudadanos de otros países. Todas estas organizaciones estarán inscritas en el registro oficial y tendrán que rendir sus cuentas semestrales a una auditoría.

El contenido de proyecto de esta Ley es completamente lógico y es parecido a la Ley norteamericana FARA (the Foreign Agents Registration Act) respecto a las ONGs que reciben el financiamiento desde el extranjero, sea del gobierno o entidades particulares. El calificativo “agente” no tiene nada que ver con el espionaje. Estas ONGs deben presentar cuatro informes al año sobre sus actividades, el dinero recibido, forma de distribuirlo y sus beneficiarios. Y no pasa nada y nadie se alarma por esta ley. En Israel la última Ley sobre las ONGs, Law On Disclosure Requirements for Recipient of Support from a Foreign State Etnity, aprobada por el Kneset (Congreso) es mucho más drástica y prohíbe a las ONGs aceptar donaciones del extranjero mayores de 5.000 dólares e impone el 45 por ciento de impuesto al Estado.

Todos estos países saben perfectamente el rol que pueden jugar las ONGs en la formación de una oposición y el derrocamiento del gobierno. Los que en Rusia olvidaron como las ONGs derrocaron al gobierno de Shevarnadze en Georgia en 2003 deberían de revisar aquel hecho histórico. El 24 de noviembre de 2003 el Wall Street Jornal escribió que “el gobierno de Shevarnadze fue derribado por las Organizaciones no Gubernamentales apoyadas por fundaciones norteamericanas y occidentales”. Según el periódico, las ONGs lograron movilizar a los jóvenes hambrientos de reformas neoliberales. La misma idea expresó la ex ministra de relaciones exteriores de Georgia, Salomé Zourabichvili al señalar que “las ONGs con el dinero de la Fundación Soros organizaron e hicieron la revolución de rosas y después estas ONGs y la Fundación Soros fueron incorporadas en el gobierno”.

Por algo los ricos y poderosos de este mundo reunidos en el Grupo Bilderberg han estado analizando en sus reuniones anuales desde 2005, según uno de los más acuciosos investigadores de esta organización secreta y el autor del libro “Club Bilderberg”, Daniel Estulin, el cada vez más importante rol de las ONGs en su Plan Global del dominio del mundo por las transnacionales. Particularmente las ONGs son muy indispensables en la tarea de desacreditar a las personas y organizaciones que generan “acciones populistas” o” tensiones políticas internas” anti sistémicas. Actualmente los bilderbergos están creando mecanismos de interconexión entre las ONGs locales, nacionales, internacionales y las globales para facilitar la formación de un gobierno global.

Ya han pasado 40 años desde que un profesor norteamericano, William A. Douglas propuso en su libro “Developing Democracy” (1972) crear unas organizaciones de base en los países del Tercer Mundo con la financiación, “tutelaje, regimentación y control” del Estado norteamericano para dividir, interrumpir, aislar, despolitizar y suavizar el descontento social como promotor de las revoluciones y de esta forma preparar condiciones para la expansión económica y política neoliberal. Precisamente en aquel período de tiempo el Vaticano permitió el surgimiento de la Teología de la Liberación para alejar a los jóvenes de las ideas revolucionarias de la lucha de clases.

En los primeros años de los 1980, el Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU. dio su visto bueno al “Proyecto Democracia” para facilitar a través de las ONG “el mercado libre, la prosperidad para los Estados Unidos y para todos los hijos de Dios”. En los años 1990 estas organizaciones empezaron a transformarse, con el apoyo financiero de los EE.UU., los países europeos y sus respectivos servicios secretos, de las organizaciones de base en unas entidades profesionales con un buen sueldo para sus ejecutivos y poco a poco adquiriendo el poder de influir sobre el Estado tratando de mantener siempre un “rostro comunitario” del neoliberalismo. Son promotores de la idea neoliberal de la responsabilidad privada e individual para resolver los problemas sociales, negando este rol al Estado. Sin embargo, su agenda tiene que ser siempre de acuerdo a los intereses de los donantes que a través de un sistema de mini proyectos camuflan sus verdaderas intenciones.

Por supuesto, entre un total de más de 4 millones de las ONGs que existen en el mundo hay un reducido grupo de los que se atreven a tomar un camino alternativo con todas las dificultades y sacrificios que esto representa. Sin embargo, la mayoría de las ONGs en Asia, África, América Latina y en la misma Rusia tienen una agenda subsidiada con los dólares y euros de procedencia extranjera que difícilmente pueda coincidir con los intereses nacionales de cada país por mucho que lo nieguen los receptores de estos fondos. No en vano declaró Bill Clinton en la reunión de Bilderberg el 6 de mayo de 2005 en Rottach Egern, Munich, que “el crecimiento de las ONGs fue una de las obras más extraordinarias que sucedió en el planeta después de la caída del Muro de Berlín”.







































































































































































































































































































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Vicky Peláez


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