El nuevo paradigma de la integración regional: ALBA, UNASUR y CELAC

 

El científico Thomas Khun, en su obra La estructura de las revoluciones científicas (1962) expuso la idea de paradigma para significar que el conocimiento de la ciencia avanza a través de la ruptura con el pensamiento dominante en una época y la adopción de nuevas ideas. Siguiendo esa línea podemos decir que en América Latina y el Caribe está en curso un salto cualitativo, un cambio de paradigma acerca del modelo de integración económica y política que había sido dominante. El origen es la oposición de dos corrientes filosóficas, dos visiones en cuanto a la naturaleza, propósito, mecanismos de integración y formas de cooperación entre los países.

La visión mas extendida hasta ahora había sido la economía de libre mercado, remozada por las tesis del neoliberalismo y políticamente anclada en la democracia representativa. Para esta visión los intercambios son fundamentalmente de naturaleza económica y la integración se realiza por medio de la dinámica empresarial privada en el juego de mercado, en el cual se relacionan como socios comerciales frente a terceros. La teoría propone una gradación que va de los intercambios bilaterales con cesiones de preferencias arancelarias, la unión aduanera, la zona de libre comercio, uniones monetarias y finalmente, el esquema más inclusivo, la integración económica y política que dota al órgano creado de supranacionalidad.

Bajo el enfoque liberal, el ejemplo que suele citarse como modelo de integración ha sido la Unión Europea (UE), la cual comprendió las distintas fases, desde su origen en la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (1951) hasta el Tratado  de Maastricht que la constituyó formalmente (1992). La experiencia europea que incluye además organizaciones como la OCDE y la Asociación Europea de Libre Comercio se enseñan en las cátedras universitarias y se referencian en todas las publicaciones sobre la materia.

El paradigma liberal de la integración tiene su fundamento en la visión eurocéntrica y anglosajona que ha tejido los hilos del sistema capitalista y la dominación imperial que conocemos. Se promueve la libre competencia y la acumulación de capital, dando como supuesto que al final y por goteo, los beneficios de la integración llegarán al resto de la sociedad por factores como el crecimiento económico, la expansión del empleo o la eficiencia del uso de recursos. Aquí la dimensión política de la integración está definida por regímenes de democracias formales que armonizan las legislaciones domésticas y gestionan técnicamente las políticas públicas nacionales, vigilantes de los equilibrios macroeconómicos y fiscales, el orden público interno y los derechos humanos.

En los esquemas de integración bajo este enfoque, un aspecto de importancia es el establecimiento de líneas de política exterior y un sistema defensivo común. Así la UE definió una asociación estratégica con la OTAN formalizada en la declaración de Política Exterior y de Seguridad Común (2002). No obstante ello en realidad ha servido para que en alianza con los Estados Unidos, se emprendieran las agresiones imperiales en Irak y Libia.

Esta visión sin embargo se ha venido a menos y comienza a cuestionarse a medida que la zona euro y el dólar  se tambalean por las crecientes tensiones en los mercados financieros; crecen las manifestaciones populares escenificadas por los movimientos de los indignados y, en cuanto al modelo de la UE, semejante al Titanic hace agua y pudiera irse a pique arrastrado por las dificultades de Grecia, Portugal, España e Italia. 

Sin embargo, no faltan los intentos por detener la caída y reparar el jarrón chino. La reunión del G-20 en Cannes fue el escenario donde los más fuertes de la UE leyeron la cartilla, pusieron de rodillas al gobierno griego y advirtieron al resto. Poco tiempo después, los Estados Unidos convocaron en Honolulú el Foro de Cooperación Económica de Asia y el Pacífico (APEC) para promover, la que es considerada actualmente, la zona de libre comercio más grande del mundo.

En la acera de enfrente prorrumpen nuevos aires y orientaciones de integración en América Latina y el Caribe que se fundamentan en un modelo de economía social con desarrollo sustentable, justicia social y equidad. Es una visión que integra lo económico, político y social proyectándolo en las fuerzas profundas de nuestra historia común y la formación como naciones.

Aunque con ritmos desiguales, las cumbres de jefes de estado y de gobierno, numerosas reuniones ministeriales y comisiones técnicas realizadas han venido impulsando en los últimos siete años, los nuevos esquemas de ALBA, UNASUR y ahora la CELAC que se fortalecen y poco a poco entrelazan de manera vigorosa en la región. A la par avanza el Sucre como moneda de intercambio, la cooperación energética a través de Petrocaribe, el Banco del Sur y Telesur para mencionar algunas experiencias que están fortaleciendo los nuevos esquemas de integración.

La  caracterización de esta visión emergente se enmarca en las corrientes de las luchas anticoloniales y antiimperialistas del Sur, el combate contra la pobreza, la paz, la cooperación y solidaridad que recorre la nueva Diplomacia Pueblo a Pueblo, la satisfacción de necesidades sociales, la cooperación y comercio justo que encuentra apoyo en la complementariedad de recursos, escalas y factores de producción.  El esquema mas avanzado en este sentido es el Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) que sustenta ALBA y se soporta en el principio del trato especial y diferenciado.

En esta visión, la integración es tanto económica como política y social, abriendo un abanico de formas políticas democráticas que incluye la democracia participativa y la popular. Asimismo como concreción de la Diplomacia de los Pueblos  se apertura canales y escenarios para que los movimientos sociales puedan engranar activamente en las instituciones, ya que en este modelo la integración es desde abajo, tejida desde los pueblos.  En cuanto a la definición de un esquema de defensa regional, éste se desarrolla como planificación conjunta de las políticas de defensa y el establecimiento de zonas de paz. Esta propuesta ha sido hecha en el Consejo de Defensa de UNASUR celebrado en Lima en noviembre de este año.

Ciertamente aún son escasos los estudios y faltan reflexiones que sistematicen el nuevo paradigma de integración latinoamericano y caribeño. También en la práctica tendrán que articularse los esquemas surgidos para no duplicar esfuerzos. Asimismo hay que estar conscientes de las contradicciones presentes, pues algunos esquemas de integración en curso como la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el Caricom o Mercosur están influenciados por el paradigma liberal, debiendo además considerar el hecho que no todos los gobiernos de la región comparten por igual los nuevos postulados. Otro tanto cabe señalar acerca de los vínculos existentes con organizaciones internacionales como la OEA y la Organización Mundial del Comercio en los que encajan a la perfección aquellos procesos integracionistas definidos en el marco del paradigma liberal; pero no así, los que siguen el cauce de economía social y grannacional.

Venezuela, firme impulsora de la Diplomacia Bolivariana de los Pueblos y del nuevo paradigma de integración regional será próximamente escenario del avance notable en la conformación del bloque latinoamericano y caribeño, al coincidir en nuestro país las convocatorias de la Cumbre de Presidentes y Jefes de Gobierno de América Latina y el Caribe (CALC); la I Cumbre del CELAC y la Cumbre de UNASUR. Algo inédito en la historia latinoamericana, tres reuniones en la cumbre que convergen en un propósito, allanar el camino que haga realidad la unidad latinoamericana y caribeña; el sueño que fuera concebido por el Precursor Francisco de Miranda, el Libertador Simón Bolívar y el patriota cubano José Martí entre otros insignes hombres y que hoy es compartido por los pueblos de América Latina y el Caribe. 

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