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    ¡Palo al Tiburón! Contra el Imperialismo en Defensa de la Soberanía

Carlos Alberto Montaner, la CIA y el cascabel a Chávez
Por: Raúl Gómez
Fecha de publicación: 03/04/05
imprímelo mándaselo a
tus panas
Los elementos que van siendo desclasificados en relación con la
participación del gobierno de Estados Unidos y sus servicios de inteligencia
en el golpe de estado de abril de 2002 contra el presidente constitucional
de Venezuela Hugo Chávez Frías, nos permiten conocer más acerca de la
participación de algunos agentes de la CIA en el proceso que desembocó en
el golpe.

Por esos documentos pudimos conocer que entre el 10 y el 12 de marzo de
2002, apenas un mes antes del golpe de Estado, la CIA despacho hacia Caracas
a Carlos Alberto Montaner, uno de sus viejos “activos de prensa”, a quien
le suministran sistemáticamente dinero, mucho dinero e información para que
elabore sus artículos en correspondencia con los “talking points” y los
intereses del gobierno de Estados Unidos; y que utilizan en otras misiones
dirigidas a “esparcir por el mundo la democracia a lo made in usa”.

Según un informe recientemente desclasificado, H. Cook, funcionario de la
embajada estadounidense en Caracas remitió por esas fechas un informe a
Washington dando cuentas que “Montaner se habría reunido en un restaurante
de Caracas con un grupo de personalidades venezolanas y cubanas entre las
que se encontraban Pedro Carmona Estanga presidente de Fedecamaras;
Roberto Fontanillas; Nazario Viveros; Fausto Masó y los periodistas
Marianella Salazar; Patricia Poleo; Marta Colomina; Roberto Giusti (El
Universal) y Antonio Herrera (Venacham)”.

En efecto, Montaner había llegado a Caracas el 10 de marzo de 2002,
formalmente invitado por la junta directiva de CEDICE (Centro de Divulgación
del Conocimiento Económico) una entidad venezolana dirigida por Rocio
Guijarro, vieja agente de la CIA y amiga de Montaner, que aparece el 11 de
abril entre los firmantes del acta de autoproclamación del golpista-dictador
Pedro Carmona Estanga. CEDICE recibe financiamiento del Centro Internacional
para la Empresa Privada (CIPE) una especie de organización lavadora de
dinero de la CIA, que aparece públicamente operando bajo la cobertura y con
financiamiento proveniente de la NED.

Vale recordar que la propia CIPE en un informe sobre su actividad
subversiva en Venezuela señalaba que: “El Nacional, El Universal y
Globovisión deberán convertirse en los elementos esenciales que apuntalen la
difusión de esa agenda viable para Venezuela, cuyos acontecimientos previos
irían sirviendo para generar una matriz de opinión y los elementos
suficientes para desprestigiar la política económica del gobierno
constitucional y democrático del presidente Chávez”.

El 11 de marzo de 2002, el mismo día en que la estación de la CIA en Caracas
remitía a Washington un alerta estrictamente confidencial en el que se
señalaba “hay señales cada vez mayores de que líderes del empresariado
venezolano y oficiales se están sintiendo descontentos con el Presidente
Chávez...los militares pudieran tratar de derrocarlo”; el agente de la
CIA Carlos Alberto Montaner dictaba una conferencia en la Cámara de
Comercio de Caracas bajo el título “Venezuela: del tercermundismo a la
modernidad. Un pacto necesario para el postchavismo”, en los que se ajustaba
al guión que le había trazado la Agencia dirigido a: desprestigiar a
Chávez, apuntalar el “pacto de transición” que habían firmado los
sindicatos, el sector empresarial y la iglesia el 5 de marzo, y alentar el
golpe de estado.

En su “conferencia magistral” y con pose de elegido, Montaner regalaría a
su selecta audiencia, en la que “casualmente” se encontraba el golpista
Pedro Carmona Estanga, algunos de los siguientes mensajes: “es obvio que
la caída en picada de la popularidad del presidente Hugo Chávez se debe al
desengaño de los venezolanos”; “pero el problema que se plantea en Venezuela
es mucho más grave que la anécdota lamentable del paso por el poder del
señor Chávez. Dentro de una semana, dentro de un mes o dentro de tres años,
muy probablemente será otro el inquilino en Miraflores”; “acaso es necesaria
la implantación de una feroz dictadura para conseguir eliminar las creencias
e informaciones equivocadas de nuestros pueblos”; “por lo pronto me pareció
un buen auspicio de esa Venezuela Posible la reunión reciente de los
sindicalistas, los empresarios bajo la atenta mirada del respetado Padre
Ugalde y el aplauso de numerosos políticos”;

Una semana más tarde, el 17 de marzo de 2002, y cómo parte del plan de la
CIA para crear la matriz de opinión y las condiciones sicológicas para
derrocar a Chávez, Montaner publica un artículo bajo el título de “¿Quién le
pone el cascabel a Chávez ?“ , en el que trata de derribar cierto prurito
que pudiera quedar en alguno de los potenciales golpistas y los alienta
abiertamente a ejecutar el golpe militar como una “solución”.

En efecto, tras hablar de “una atmósfera cargada de presagios y una especie
de tensa anticipación a un desenlace necesariamente sombrío”, y de afirmar
que “el país espera la salida de Chávez del poder, y la da por inminente,
pero no sabe como quitárselo de encima”, Montaner señala: “el golpe militar
es el otro desenlace que casi todos comentan en privado pero rechazan en
público. Los más viejos recuerdan el derrocamiento de Pérez Jiménez en 1958.
Fue prácticamente incruento...” ; para concluir con algo que ya le había
adelantado el oficial de la CIA que lo atendiera en Caracas: “mientras
tanto, nerviosos, los militares conversan en voz baja”.

Según me contara un cubano radicado hasta hace muy poco en Venezuela y
avecindado en estos momentos en Miami, Montaner habría afirmado en un
círculo muy reducido, durante esa visita a Caracas, que esperaba obtener
como regalo por sus entonces próximos 59 cumpleaños, “el Cascabel que le
pondremos a Chávez”.
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Raúl Gómez


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