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    ¡Palo al Tiburón! Contra el Imperialismo en Defensa de la Soberanía

Encienden el horno donde asaron a Manuel Noriega
Por: Jorge Severeyn
Fecha de publicación: 23/02/05
imprímelo mándaselo a
tus panas
El simplismo Bushiano -y la cortedad de criterios de quienes le asesoran y obedecen- es la piedra angular sobre la que se erigen sus más representativos traspiés.

Cada vez que la administración estadounidense abre la bóveda donde resguarda, cual tesoros invaluables, los modelos de ingerencia política que dieron resultado en el pasado, el mundo tiembla, pero no por el alcance de la inteligencia de los actores de la administración Bush que los aplicarán, sino por el impredecible desastre que sus errores pueden originar.

En su empeño por sacar a Chávez del gobierno metieron a todos los factores de oposición en un blindado saco de gatos del que no ha podido escapar ninguno, a pesar de los esfuerzos de muchos. Antiguos partidos de la guanábana, medios de comunicación privados, la colérica ex - plana mayor de Petróleos de Venezuela, la CTV, Fedecámaras, la costra golpista de la Fuerza Armada que mantuvo en continuo estado de zozobra a los vecinos de la Plaza Altamira, y un importante sector de la clase media embobada por los medios, todos como autómatas, siguieron al pie de la letra las fallidas recetas de los modelos Bushianos para salir del presidente, y fracasaron.

Tras el “triunfo” de Bush en las últimas elecciones “democráticas” de los EE.UU., el petrolero tejano y sus compinches han decidido enmarcar al gobierno venezolano -y en lo personal, al mismo presidente Chávez- dentro de los patrones de la guerra antiterrorista universal, decretada por Bush tras los cada vez más enrevesados “atentados” del 11-9.

Hace poco más de un mes intentaron crear una fisura sin remedio en las relaciones entre Venezuela y Colombia, pretendiendo vincular al gobierno venezolano con la vecina guerrilla, para lo cual utilizaron como excusa la reacción de nuestro gobierno ante un flagrante atentado contra la soberanía nacional, cual fue el secuestro de Rodrigo Granda, personaje gris sobre el cual no pesaba requerimiento formal de aprehensión por parte del gobierno colombiano, y nuevamente fallaron.

Ahora acaban de encender el narco-horno donde asaron a Manuel Noriega, sólo que ni el presidente Chávez es Noriega, ni Venezuela es Panamá.

No se puede negar ni afirmar la existencia de narco-negocios en Venezuela, como tampoco podría hacerlo ningún país del mundo, en especial los EE.UU. El daño es universal. Pero lo que si es difícil imaginar es cómo pudo entrar el narcotráfico, en su versión lavadora, sin pagar peaje ni dividendo alguno a los amos del patio capitalista, en un país (Venezuela) donde el capital privado de alta productividad, el de verdadera importancia, está en manos de menos del 0.01% de una población de poco más de 25 millones de habitantes.

Debe tomar en cuenta el señor Bush que sus señalamientos sobre la supuesta debilidad del gobierno de Chávez en el combate contra el lavado de dólares puede llevar al presidente a ordenar a sus colaboradores la ejecución de planes especiales de investigación, revisión y aplicación de procesos más exigentes sobre control de movilidad de capital, como respuesta a tales acusaciones. De hecho, esto sería muy interesante, podría dar como resultado descubrimientos insospechados y muchas sorpresas, con lo cual, seguramente, se tocarán los intereses de algunos que hoy le hacen coro dentro del país al señor Bush y financian las acciones que buscan la salida del presidente Chávez.

Definitivamente es hecho seguro que, si sus acusaciones tienen algún asidero real, las aristas más oscuras del negocio del narco lavado se encuentren en el lado de la opulenta elite que juega a la oposición, los mismos que han clamado con voces angustiadas por una intervención armada de los EE.UU. en Venezuela, sin imaginar que el socio norteño podría atentar contra sus partes más sensibles y ya muy golpeadas: los negocios y el dinero. La bandeja de oro que sirvió para exhibir al ya incómodo Manuel Noriega, asado en el narco-horno, es posible que sirva para ofrecerle, con sendas manzanas en la boca, a otros que Mr. Bush ni espera, ni desea ver horneados.

No hay que ser muy docto en materia de política internacional para pronosticar que el nuevo rumbo tomado por Mr. Bush, para atacar al presidente Chávez, se convertirá en la bola de cristal en la que la comunidad latinoamericana podrá predecir su inestable futuro como países independientes y soberanos, ante el poder omnímodo de los EE.UU. Esta política sembrará las relaciones continentales estadounidenses con la mayor suma de desavenencias de toda su historia, lo que le ganará a Mr. Bush mayor desprestigio del que ya ha acumulado, no sólo en América Latina sino en la totalidad del mundo.
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Jorge Severeyn


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