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La crisis en que se hayan las relaciones entre Colombia y Venezuela ha debido comenzar a sufrir radicales mutaciones en la interpretación que de ella han hecho los diversos sectores de nuestra burguesía. Hasta el pasado domingo, algunos colombianos concebían el diferendo como un incidente al cual no debería dársele tanta trascendencia y del que podría salirse fácilmente con solo expedir una declaración conjunta a nombre de las cancillerías de los dos países en la que no quedaran vencedores ni vencidos.
Otros, en cambio, intentaban mostrar a un Uribe cargado de motivos para hacer lo que hizo, pero, sobre todo, vencedor en la contienda, pues había sabido atraer a sus posiciones al gobierno norteamericano, suscitar el respaldo de los ex presidentes de Colombia y motivar en su apoyo el más intenso desfile de personalidades por el Palacio de Nariño.
Hoy, tales interpretaciones han perdido su peso. Ante la impresionante “Marcha por la Soberanía” del pasado domingo -de la cual parecen solo haber estado ausentes las desmirriadas huestes de Acción Democrática y el COPEI- y luego del discurso de Hugo Chávez en que ratificó su exigencia de explicaciones a Uribe y anunció su disposición a acudir a otros mercados en procura de los bienes que tradicionalmente llegan de Colombia, la sensación que hay en el ambiente es completamente distinta y conducirá a que los productores que se lucran en el intercambio comercial con Venezuela comiencen a demandar un tratamiento a la crisis diferente al que han visto.
Estos sectores venían asumiendo una actitud contemplativa, cuando no de abierta simpatía, por las posturas de Uribe, dado lo irrefutable de las pruebas que su Gobierno decía tener acerca del santuario en que se estaba convirtiendo el territorio venezolano para los colombianos alzados en armas. La decepción mostrada por Venezuela ante la irrelevante calidad del documento probatorio entregado por Colombia les hará ver la necesidad de asumir una actitud más protagónica si quieren que haya una salida pronta a este problema, que ya registra consecuencias de inestimable cuantía en pérdidas económicas.
Porque precisamente a eso se reducirá todo el interés de los sectores que están afectados por el diferendo. A intereses económicos que, en últimas, son los que defiende la política. Vistas las millonarias pérdidas, estos sectores percibirán ahora con mayor nitidez que sus intereses de clase están en contradicción con los intereses imperialistas, que son los que hasta hoy ha defendido Uribe y que se orientan a sabotear las transformaciones revolucionarias que está viviendo Venezuela, a controlar la política exterior del hermano país y a poner a favor de Estados Unidos su hoy determinante influencia en la OPEP.
Es decir, que tal vez no estemos lejos de ver que, por cuenta de esta crisis, el sector de la burguesía nacional que hoy está afectado por ella comience a diferenciar sus intereses de los intereses del sector oligárquico proclive a las políticas imperiales del tío.
A través del vicepresidente Rangel, Venezuela ha puesto el dedo en la llaga al señalar que el motivo real del actual litigio es el de la soberanía; no el del terrorismo. Pero le faltó precisar que no sólo la soberanía mancillada por Colombia, sino también la mil veces soberanía violentada por el Departamento de Estado norteamericano, que viene actuando con insistencia y aprovechando cualquier mal síntoma para intentar aislar al Gobierno revolucionario de Venezuela y golpear su propósito independentista. Tal es el sentido que tienen los groseros comentarios de Condoleezza Rice, enchufados grotescamente en un discurso que carecía de relación directa con la nación hermana y con los cuales buscaba simplemente ganarle aliados a la posición de Uribe.
Desgraciadamente para Condoleezza y sus amigos, hoy estamos viviendo una coyuntura nueva en América Latina. Las condiciones actuales en el campo internacional son más favorables para las dignas posiciones de Chávez que para las postraciones de Uribe. Ojalá así lo entiendan nuestros burguesitos criollos para que puedan adoptar la posición más conveniente a sus intereses en las presentes circunstancias.
Rodrigo López Oviedo
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