A pesar de los esfuerzos realizados por el Presidente del Comité
Permanente de Derechos de Autor y Derechos Conexos (SCCR) de la
Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), en el que se
negocia un tratado sobre los derechos de los organismos de
radiodifusión, no se logró acercar las posiciones de las naciones.
Además, parece debilitarse el apoyo al tratado por parte de Estados
Unidos, lo cual crea condiciones adversas para la sesión final de este
año.
El SCCR se reunirá entre el 18 y 22 de junio, en una
sesión considerada como “la hora de la verdad”, antes de decidir si se
debe proseguir con una conferencia diplomática (negociación formal de
alto nivel) sobre el tema, programada para el mes de noviembre.
Jukka
Liedes, Presidente del SCCR, preparó en mayo un documento oficioso
sobre la base de consultas y comunicaciones de los miembros; sin
embargo, el documento no pareció acercar las posiciones de los miembros
con vistas a hallar una solución al controvertido tema. Este es el
segundo documento oficioso sobre el tema y en él se incorporan los
comentarios presentados por Estados miembros y organizaciones respecto
del documento oficioso del 9 de marzo.
Según se informó,
muchas organizaciones no gubernamentales (ONG) alegan que el documento
oficioso no refleja adecuadamente las posiciones de los países sobre
asuntos como la diversidad cultural, la competencia y las limitaciones
y excepciones.
Una cuestión pendiente fundamental es si el
nuevo tratado debería basarse en un “régimen centrado en los derechos”
de los organismos de radiodifusión o solamente en el “robo de señales”.
El segundo enfoque implica que los derechos sólo abarcarían las señales
técnicas y no el contenido, lo que muchos aducen ya se encuentra
amparado en la ley de derecho de autor.
Pareciera que las
cuestiones principales de debate son los “derechos exclusivos”
concedidos en el documento oficioso a los organismos de radiodifusión
para autorizar “la retransmisión de sus emisiones y la transmisión
diferida al público por cualquier medio de sus emisiones fijadas”
(artículo 7). Algunos afirman que esto podría ser problemático en
relación con la difusión por Internet. Otra preocupación reside en que
el tratado concederá protección contra el acto de “descodificar una
emisión codificada” (artículo 9), ya que se ha señalado que cualquier
computadora puede hacerlo.
Además, en el documento oficioso se
afirma que “se procura reconocer plenamente el enfoque ‘centrado en las
señales’”, disposición impartida por la Asamblea General de 2006 y el
SCCR. No obstante, diversas ONG expresaron su desacuerdo y señalaron
que dicho documento está muy centrado en los “derechos”, y esto, según
afirman, es contrario a la ley estadounidense.
Por otro lado,
los organismos de radiodifusión parecen haber dado un ultimátum:
“Durante la preparación del documento oficioso, los representantes de
los organismos de radiodifusión formularon un planteo muy serio que no
puede ser desatendido. Si el tratado no se basa en algunos derechos
elementales y absolutamente necesarios, no tiene sentido llevar
adelante el proceso”.
“Por lo tanto, el documento oficioso
incluye ahora, como parte esencial de la protección, derechos
específicos del tipo de los derechos conexos en dos casos en los que la
protección de una señal es particularmente pertinente, a saber, la
retransmisión y la transmisión diferida”, versa el documento.
Con
el fin de marcar los desafíos de la sesión de junio, el Presidente
también señala que la elaboración del documento oficioso ha sido
“compleja, habida cuenta de que las opiniones y los comentarios
formulados por las delegaciones son sumamente divergentes y, en muchos
casos, apuntan en direcciones opuestas”.
Thiru Balasubramaniam de Knowledge Ecology International dijo a Intellectual Property Watch que
el “texto del 1º de mayo de 2007 del Presidente Jukka Liedes es un lobo
disfrazado de cordero que procura imponer al resto del mundo el régimen
sobre señales de radiodifusión de la Comisión Europea, caracterizado
por la obtención de beneficios”.
Un grupo de empresas y ONG
estadounidenses emitieron una declaración el 9 de mayo en la que se
oponen al proyecto de texto actual e instan a Estados Unidos a respetar
el modelo centrado en el “robo de señales”. Dicho grupo está formado
por, entre otras partes: AMD, AT&T, Creative Commons, Free Press,
Google, Hewlett Packard, Panasonic Corporation of North America, Public
Knowledge y diversos grupos de músicos y bibliotecas, por ejemplo, la
American Library Association, el International Music Managers Forum y
el Music Managers Forum de Estados Unidos.
Parece disminuir el apoyo de Estados Unidos al tratado
WASHINGTON,
DC – Prácticamente a ninguno de los participantes del reciente foro
gubernamental celebrado en esta ciudad le agradó el tratado propuesto
de protección de los organismos de radiodifusión, que aún se encuentra
en fase de negociación en la OMPI.
El tratado no fue bien
recibido ni por las empresas informáticas, ni por las empresas
telefónicas, ni por la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) ni
tampoco por los grupos de consumidores. Incluso uno de los principales
organismos de radiodifusión, la National Public Radio (NPR), se opuso
al tratado propuesto. “A menos que se nos conceda un nivel adecuado de
derechos con consideración de la doctrina del fair use, preferiríamos
que no haya tratado”, afirmó Neil Jackson, Asesor Jurídico General de
la NPR.
Esto dejó a Ben Ivins, Asesor Jurídico General de la
Asociación Nacional de Organismos de Radiodifusión, en una soledad casi
absoluta para apoyar el tratado propuesto. En el foro del 9 de mayo,
que tuvo lugar en la Oficina de Derechos de Autor de la Biblioteca del
Congreso, Ivins llamó al proyecto actual del Comité, o al documento
oficioso del Presidente, una acción “en la dirección correcta”.
Ivins
señaló que más de 20 países respaldaban “una serie completa de derechos
exclusivos” para los organismos de radiodifusión. En referencia al
Tratado de la OMPI sobre Interpretación o Ejecución y Fonogramas (WPPT)
de 1996, que concedió protecciones similares a las que se dan en el
ámbito de los derechos de autor a los artistas intérpretes o
ejecutantes y a empresas discográficas, Ivins señaló que “el WPPT es el
paradigma correcto. No vemos ninguna razón, que no sean diferencias de
menor importancia, para desviarnos de ese paradigma”.
Ivins
comentó que había solicitado a los detractores que “proporcionaran
ejemplos concretos de lo que sucedió de hecho en regímenes de todo el
mundo en los que se otorgan muchos más derechos” a los organismos de
radiodifusión. Otras empresas cuyos representantes se expresaron sobre
el tratado incluyeron News Corp., Time Warner y una empresa consultora
europea en telecomunicaciones y derechos de autor.
Estados
Unidos no es signatario de la Convención de Roma de 1961, que concedió
derechos exclusivos relativos a las señales a los organismos de
radiodifusión. En Estados Unidos, dichas señales no son objeto de
protección por derechos similares a los de derechos de autor, aunque el
contenido subyacente de las emisiones está protegido por derecho de
autor.
Sin embargo, la opinión de Ivins es contraria al
equilibrio entre los intereses de la industria estadounidense y los de
la sociedad. En particular, la mayoría se opone al enfoque de los
“derechos exclusivos” incorporado en el documento oficioso actual.
Además señalaron que dicho documento no adopta el enfoque más limitado
(la prohibición del robo de señales) que la Asamblea General de la OMPI
pareció refrendar al final del período de sesiones celebrado entre
septiembre y octubre de 2006.
“En el documento oficioso no se
dio respuesta y ni siquiera se abordó ninguna de estas inquietudes que
hemos planteado en [foros] anteriores”, comentó Gwen Hinze, Directora
de Asuntos Internacionales de la Electronic Frontier Foundation.
En
alusión al documento oficioso actual, David Wittenstein, abogado de Dow
Lohnes que representa a Dell, Intel y a TiVo, afirmó “el artículo 9
prohíbe que se importe o se realice acto alguno que pueda descodificar
una emisión”. El texto del artículo 9 exige a los signatarios del
tratado que “conced[an] protección jurídica adecuada y eficaz contra el
acto no autorizado de” descifrar señales de radiodifusión.
A
estas empresas electrónicas les preocupa el hecho de que el tratado
pueda perjudicar su capacidad de fabricar dispositivos de redes
domésticas. “Prácticamente todos los dispositivos pueden descodificar
las emisiones. Está claro que no es necesario regular las computadoras
para proteger las emisiones”.
[Para obtener más información sobre la reunión estadounidense, consulte www.ip-watch.org, 21 de mayo de 2007.]
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